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AL CONCEJO DE VALLEDUPAR

“La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.”

Se inicia con la fuerza nacida del interés democrático la última campaña electoral, por cuyo resultado concluyente el pueblo entregará el mandato de las administraciones locales a ciertos elegidos considerados idóneos para ejercer la función pública en beneficio del interés general. Quizá sea el bastión de la democracia desde el que se puede evitar que la delincuencia legitimada, la corrupción institucionalizada y la politiquería oportunista sigan tomando asiento en los puestos de las entidades territoriales fundamentales de la división político- administrativa del Estado.

Y en esa concepción doctrinal, que la administración municipal será ejercida conjuntamente por el Alcalde y el Concejo, como la departamental debe serlo con la Asamblea desde el ordenamiento constitucional, obliga a concejales y asambleístas a desplegar el control político y fiscal sobre la autonomía integral en cabeza de titulares de los entes territoriales, y que finalmente solo deben corresponder al encausamiento del bienestar general y continuo mejoramiento de la calidad de vida de la población en cada territorio.

En los últimos periodos no se han obtenido los mejores resultados, al contrario campeó el desorden, la ignorancia, la desidia y la corrupción, muchos funcionarios traspiran mermelada de un gobierno corrupto y mal intencionado, que ha llegado a contaminar la sociedad con la trasmutación valores morales y éticos por el egoísmo de actuales dirigentes que claramente han antepuesto su éxito personal, ambición y satisfacción de riqueza a la responsabilidad política y social mandada por su elección.

En ese juicio ciudadano, convencido que solo la participación activa en el proceso democrático y en el ejercicio objetivo de la función administrativa, es que me he obligado a emplazar en la palestra pública no solo mi nombre sino mis condiciones cívicas, vocación demócrata con cierto grado de conocimiento y entendimiento, para conquistar en nombre del pueblo y con su mandato el puesto correspondiente en el Concejo de Valledupar.

Pero no es de con promesas, tamales o manifestación de visionarios contratos que arrimaré al recinto de debates del municipio, sino con la argumentación solida de propugnar por una institución seria, responsable y objetiva en cumplimiento estricto del mandato constitucional de ejercer debidamente el control a la administración.

Condiciono el voto otorgado por mi elector, al resultado inquisidor de mi gestión, con la autorización expresa de reclamación y exigencia del debido cumplimiento del deber, seguro que los principios y postulados del partido serán trascendidos positivamente como persona, así también la de algunos de mis coparticipes en los comicios, aptos para la obtención del señalamiento y el nacimiento de la obligación democrática.

No es fácil en las actuales circunstancias pretender obtener un voto de respaldo sostenido en opinión y franqueza que como ciudadano he venido afianzando con mi actitud crítica y opositora a la demagogia, el populismo, la corrupción, el desmedro administrativo, la misma intolerancia cívica, el incumplimiento estatal, la desprotección institucional y demás males derivados de la dinámica social complacidos en la mala gestión de control.

Está en manos de mis amables lectores, amigos y compañeros, la difusión objetiva de mis principios rectores que ejerceré con mano firme en el concejo o fuera de éste, imperiosos para dar cumplimiento a la intención de mantener el muro que separe a la democracia de la ignominia, el desgobierno, la ignorancia que nos traería el régimen impuesto del narco-terrorismo utilizando si lo permitimos, la base fundamental de la división política del Estado.

Ud. me elige, yo me obligo.

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