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ASÍ SE GESTÓ LA CLASE DIRIGENTE DEL CESAR

Nuestra región del Magdalena Grande no podía escapar a ese gran impacto de la época, pues su geografía se dividió en tres departamentos: Magdalena, Guajira y Cesar; este último nació, políticamente, el 21 de diciembre de 1967 durante la Presidencia de Carlos Lleras Restrepo. Esa gran gesta de su creación estuvo representada por una valiosa e inigualable clase dirigente, tanto en el campo político como en sectores empresariales, culturales y sociales, que hicieron honor a su estirpe y a su noble propósito. Entre ellos se destacan: Clemente y Efraín Quintero, Aníbal Martínez Zuleta, Jorge Dangond Daza, José Guillermo Castro, José Antonio Murgas, Manuel German Cuello, José Manuel Daza, Alfonso Araujo, Álvaro y Consuelo Araujo, Luis Rodríguez Varela, Crispín Villazón, Amador Ovalle, Julio Villazón, Paulina Mejía, Carmelo Mendoza Picón, Jesús Sánchez, Nelson Pava y muchos otros líderes importantes de los municipios, cuyos nombres se escapan de mi memoria.
Esos emprendedores de buena casta eran verdaderos líderes, integrales y naturales, que, además de atender sus compromisos empresariales, manejaban al mismo tiempo la política; esta última era beneficiada con la presencia activa del gran líder nacional Alfonso López Michelsen, quien fue el primer gobernador de nuestro novel departamento piloto de Colombia, el Cesar; así se le denominó dadas sus características y potencialidades, que, impulsado por la dinámica de esa peculiar clase dirigente, muy pronto se convirtió en el primer productor de algodón, segundo en ganadería y palma aceitera, amén de otros renglones como arroz, maíz y sorgo; y derivados lácteos como leche, mantequilla y queso; en fin, toda una gama de productos del campo y de manufacturas, que hicieron del Cesar todo un emporio de riqueza, bienestar y progreso.
Ello motivó a todo un conglomerado de compatriotas a fijar su residencia en nuestros pueblos, singularmente en la ciudad capital, cuyo crecimiento demográfico pasó, aproximadamente, de ochenta mil habitantes, en 1960, a quinientos mil, en el 2016. Se le catalogó, entonces, entre las de mayor crecimiento en América Latina. Pero esa expansión no se tradujo en mejor calidad de vida. Hoy es una ciudad con tugurios, población marginal, carente de una malla vial apropiada y rodeada por la inseguridad. Aquella ciudad amable, soñadora y poética, parece haber cerrado su ciclo con las bien recordadas administraciones gubernamentales de Rodolfo Campo Soto y Aníbal Martínez Zuleta, como último bastión de aquella casta gestora de la creación del departamento.
Durante 50 años de vida geopolítica el Cesar ha sido regido por 28 gobernadores, de los cuales 20 lo fueron por nombramiento directo de la Presidencia de la República, hasta el año 1992, cuando entró a regir la elección popular de gobernadores. Hasta esa fecha los gobernantes armonizaban sus actos administrativos con sus alcaldes y demás instancias del Estado, incluidos los congresistas.
Los actos de Gobierno estaban contagiados de una competencia sana y ejemplar, que apuntaba al desarrollo socioeconómico, como medida de su gestión ya que su rendimiento positivo garantizaba su permanencia en el cargo; en caso contrario, eran reemplazados de forma inmediata mediante un simple decreto presidencial; de tal suerte que el progreso de nuestro territorio, durante los primeros 25 años de vida, fue notorio, palpable y sentido, sustentado en un claro y vigoroso esfuerzo entre la comunidad y sus gobernantes.
Desde luego no todo fue color de rosa, puesto que a partir de los años 80 se hizo notoria la presencia de grupos armados al margen de la ley, que sembraron en la región un ambiente de incertidumbre, dolor y desesperanza; ellos azotaron por igual campos y ciudades, y estancaron con sus oscuros actos su desarrollo. Sin embargo, por encima de todas esas dificultades, estaba la tenacidad de una dirigencia política empresarial, que, impulsada por el amor a su terruño, no escatimaba esfuerzo para enfrentar los obstáculos y entregar sus huestes a las nuevas generaciones, con la dignidad y el decoro que los caracterizaba por su estirpe de viejos luchadores; así continuaron laborando por el camino trazado, con el impulso y dinamismo emprendido por su primer gobernador, Alfonso López Michelsen, de quien me cupo el honor de ser uno de sus colaboradores.

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