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CIUDADANO, POR ENCIMA DE TODO

En la actual controversia de todo orden que agita la opinión pública de Valledupar en torno a la escogencia de los candidatos a la Alcaldía, se han blandido una gran bandeja de opiniones, afirmaciones, que fácilmente podemos denominar la gran piñata de ofertas, promesas y todo tipo de programas y proyectos acerca de nuestra problemática social que sean capaces de encarar la situación actual que, al decir de la opinión dominante, se califica de caótica. En su afán, por demás legítimo de cada candidato, cada uno pretende construir y vender su propia imagen según su propia valoración y la de su grupo de asesores, donde siempre ha sido constante, destacar sus rasgos de competencia profesional y experiencia personal en el manejo de la problemática municipal. No puede desconocer que esa faceta del perfil profesional de los candidatos será tenida en cuenta como motivación electoral al momento de depositar su voto los asociados por cualquiera de los candidatos. Pero hay un rasgo que desde la Grecia Antigua y posteriormente en Roma, ha sido objeto de enconadas controversias acerca del perfil, no profesional, sino humano y social en torno de las calidades que deben llenar las personas que aspiren a dirigir los destinos de la Polis, como se llamaba en esa época. Esta exigencia de orden ético y cultural está legitimada en el poderoso vinculo de los habitantes con su entorno comunitario, hasta el punto de sentir una gran carga de vinculación con su ciudad que en cierta medida va desfigurando su propio perfil individual para sentirse sumergido y, porque no decirlo, atrapado por la densa maya de signos y símbolos que a través de la cultura se van tejiendo en aras de propiciar una comunicación de identidad personal y propósitos políticos por intermedio del lenguaje. Este replanteamiento de nuestra propia identidad para ir configurándola dentro del entorno social crea en nosotros unos deberes éticos con la comunidad que trascienden nuestra propia identidad. Ese es el perfil del CIUDADANO. Aquel que jamás puede ser indiferente ante cualquier circunstancia, o hecho social que ponga en peligro los acuerdos de convivencia social. El Ciudadano enaltece por encima de todo, sus compromisos con la comunidad. Hace del valor de la SOLIDARIDAD su grito de guerra que le permite sentirse lesionado cuando los intereses de un habitante cualquiera corren cierto riesgo social. Para el ciudadano la existencia necesariamente debe ser construida desde el marco referencial del OTRO. Le está proscripto la indiferencia, y el otro es su referente con quien debe construir su proyecto existencial. Sin que sea válido o legítimo utilizarlo como un objeto. No. Ser ciudadano es adquirir una condición personal que haga de la convivencia su ideario político. Que sienta la necesidad de permanecer arraigado a su comunidad como la única alternativa de darle sentido a su propia existencia, la cual fuera de ese compromiso, coloca a la persona en un hastío por la vida que no encuentra sentido alguno seguir viviéndola. El Ciudadano es aquel que siente temor al desconocer las normas de cultura establecida en una comunidad determinada. Teme ser señalado socialmente por su conducta socialmente inadecuada a los fines de la convivencia. La solidaridad es su compromiso social. En él no tiene cabida la codicia y el afán de enriquecerse y menos aún, utilizando las posiciones del Estado para su propio lucro personal. Nada más opuesto a esta nobilísima condición humana, la de ser ciudadano, que aquella terrible frase y sentencia de Voltaire cuando afirmaba “ Aquellos que creen que con el dinero lo consiguen todo, terminan haciendo de todo por conseguirlo” Ser Ciudadano por consiguiente, es la manera de enaltecer el sentido de la existencia entregándose a servir y ser útil a la vida en comunidad. Él yo hago lo que me dé la gana es un crimen perverso contra la condición de ciudadano. Lo destruye por completo. Por el contrario, estar pendiente de la opinión pública en la toma de decisiones lo fortalece. Ser ciudadano es asumir una serie de deberes sociales sin que norma legal alguna se lo haya impuesto. Es asumir el compromiso y respeto con los dineros públicos como la suprema norma de conducta que la vida le ha impuesto. Aprovecharse del ejercicio de los cargos públicos para adquirir prebendas personales o familiares es un crimen de lesa humanidad que merece ser castigado con el peor de los procedimientos. El ciudadano defiende con disciplina Espartana los dineros del Estado. Sabe que en lo público cabemos todos. Tiene perfectamente esclarecido que una cosa es administrar, y otra muy distinta es robar. Los Vallenatos deben tener bien claro que antes que votar por un master en planeación o un Doctor en el manejo de las finanzas públicas debe hacerlo por quien en la vida se ha portado como un excelente ciudadano.

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