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De cultura política, palos y zanahorias.

Dos acontecimientos políticos en la reciente coyuntura nacional nos presentan algunas de las características elementales de nuestra cultura política. Uno de ellos fue la discusión sobre la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, llevada a cabo en las salas de la Corte Constitucional; el segundo es la marcha por la vida convocada por Antanas Mockus el día 8 de marzo.

Con el debate de la adopción igualitaria, el país mostró una vez más ser de los más conservadores y reaccionarios de la región. La intervención de sectores de la Universidad de la Sabana, manifestando de manera arcaica que la homosexualidad es una enfermedad muestra que la moral conservadora alcanza los círculos más ilustres. Pero es en la base social donde las minorías LGTBI encuentran menos apoyo. La iniciativa de Vivian Morales de llamar a referéndum en caso de un fallo positivo de la corte, estaba soportada en encuestas como la de la F.M., que manifestaron la negativa mayoritaria de la opinión pública colombiana a la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

La medida de la corte que se inclinó por la posición de la opinión pública sobre los derechos de las minorías, debe enseñar a estos últimos grupos que la vía legal, a la que con suma regularidad recurren, no es siempre la única opción en vías de la consecución de derechos.

En la cultura anglosajona se usa el modelo de la zanahoria y el palo (the carrot and the stick) para señalar las formas de persuasión a través de la coerción –con el palo- o con remuneración –la zanahoria-. Uno de los mayores expertos en la creación de cultura ciudadana desde la estrategia de la zanahoria es Antanas Mockus. El profe Mockus alcanzó notables avances en cambiarle la cara a una Bogotá indolente con el prójimo, sucia y desorganizada. Hoy de nuevo el ex alcalde de la capital se ha propuesto un reto gigante, generar una cultura de respeto por la vida en un país cuyo conflicto armado de más de 50 años es solo uno de los numerosos factores de violencia.

Las vías legales y específicamente los fallos de la Corte Constitucional, han dado pasos gigantes en reformar la cultura política colombiana. La ley de cuotas que dispone que el 30% de los altos cargos públicos deban ser ocupados por mujeres ha demostrado al país que gobernar no es cosa de hombres. Lo mismo ha sucedido con las leyes de discriminación positiva que han permitido una inserción a la sociedad de afrocolombianos e indígenas, muchas veces limitados por los prejuicios que recaen sobre sus comunidades.

Si bien la ley ayuda a cambiar imaginarios, no debe ser la fuerza del derecho la única vía. El paso de una sociedad reaccionaria e inmune a la violencia a una más igualitaria, respetuosa por las minorías y abierta a las diferencias de clase, género, color de piel y nivel social requiere de más estrategias culturales. Las iniciativas de Corpovisionarios en cabeza de Mockus son solo una muestra de lo que es posible implementar.

Diego Alberto Maestre Morón.

Magister en estudios políticos.

diegomaestrem@gmail.com

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