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EL DIABLO CORRIÓ A ESCONDERSE EN LA SACRISTÍA

“El diablo es más diabólico cuando es respetable”

La iglesia católica, generalmente está sometida a muchas críticas, por los feligreses y por quienes no comparten su fe o creencia en los dogmas, instruidos como fundamento del comportamiento religioso de la comunidad. Pero hay épocas y momentos, en que se visibilizan más éstas tormentas, paralelo a eventos inmediatos y al propio desarrollo del componente social, bien sea político, humanitario o filántropo.
El descenso de los curas a inmiscuirse en problemas políticos o estrictamente jurídicos, de incumbencia terrena, ha sido invariable en su hábito conductual, pretendiendo y obteniendo muchas veces, resultados contrarios a la razón y lógica esperada por los parroquianos, obligados a tomar como un mandato divino de forzada admisión. Sabido es que hay curas participando dentro del contexto guerrillero, como los hay en el extremo totalmente opuesto, pero en ambos se sentencia y condena a familias y comunidades enteras a la represión y penitencia anticipada, sin que importen los pecados y su absolución.
Menuda disyuntiva tiene ahora el clero, para interpretar desde la gnosis teológica, si proteger a un criminal condenado por la justicia terrenal, es ejercer la misericordia establecida en sus principios o están trascendiendo en el respeto al ser humano, alcahueteando a quien ejerce como demonio y es castigado por su pecado social, sin lo cual simple y sencillamente avasallaría al mundo y lo doblegaría bajo su maligno poder.
Deducir que el diablo, apenas se vio descubierto corrió a esconderse debajo de sus amplias vestiduras o consentidoras sotanas, entra en abierta contradicción contra las predicas de perseguir al mismísimo satanás y cerrarle todas las puertas de acceso a la vida terrenal, donde vino a causar tanto mal y hacerle más difícil la labor de evangelización y predica de la paz a los designados por Dios, como salvaguardadores de la fe y las buenas costumbres humanas ascendidas por la divinidad.
Debe ser muy espeluznante, para los piadosos y esmerados sacerdotes, entre sermones y consejos a los creyentes, ver el rabo del diablo debajo del mismo altar, mientras los cismáticos contrarios, con las mismas calidades, le alimentan y calman la sed, defendiéndolo del castigo decretado, exponiéndoles a la contaminación y alcahuetería con lo más proscrito del crimen, permitiéndole: dormir y resguardarse en la sacristía, para ocultarle su execración o que pueda ofertar por una bula papal, para ganarse la indulgencia y redención.
Lo cierto es que de todo esto se obtendrá un beneficio para satán y sus encubridores, mientras los aplicados seguidores se darán por bien servidos, si el maligno es llevado a la puertas del infierno, para que espíe su culpa, que no ha sido cualquiera, o de poca monta, sino trascendente de la traición y la burla a todo una nación, como si la porción del episcopado, no hubiese comprendido el alcance y malignidad del delito endilgado.
La iglesia tendrá que explicar el impresentable episodio, que involucró la buena fe de la sociedad, de por si permisiva y aletargada, que olvida hechos inauditos históricamente, como cuando Pablo Escobar construyó y se albergó en su propia cárcel bautizada “La catedral” y ahora será para el resabiado hampón, su propio “palacio episcopal”, sin olvidar la ayuda de los laicos fariseos, que vendieron la credibilidad de la iglesia y atacan a los antípodas curas, cual mejor estilo de la inquisición.
¿Que podrán decir las jurisdicciones carcelarias y eclesiásticas, cuando otros reclusos alegando presunción de inocencia entren en huelga de hambre y pidan su reubicación carcelaria en el palacio episcopal?— Ahora sede alterna del INPEC— Amén.

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