Jueves , noviembre 23 2017
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Columnista Alfonso Suarez

EL PERRO QUE VAGABA POR VALLEDUPAR

“El perro sabe, pero no sabe que sabe”.

Con una habilidad turbadora y el sigilo propio del avezado cazador, atraviesa con su lanza al gozque callejero paralizándolo hasta el estupor –condición clínica veterinaria que describe la reacción animal ante un batacazo – mientras que en cuestión de segundos, su acompañante; (una mujer nativa con sus atavíos y crio cargado en la espalda), machete en mano, asesta un certero y calculado machetazo en la base de la testuz obteniendo el estado de catalepsia de la presa rápidamente embolsada en el costal y cargada ágil y disimuladamente para desaparecer del lugar de la escena en la misma forma que emergieron.
No es el relato imaginario de una acción de cacería en un bosque o lejana selva, es la narración verídica de lo que pocos han observado en plenas calles de Valledupar y que ha pasado a espasmódicos momentos del día o de la noche ha estado ante transeúntes descuidados, que, en el afán dicharachero, no alcanzan a dimensionar el suceso la batida perruna, ejecutada despreocupadamente por una yunta anónima que se desvanece sin intención alguna de llamar la atención, pero con el botín al hombro, el coto de caza, está en la urbe y los perseguidos son los perros callejeros.
¿Como se explica hoy, que no se tropiecen caninos deambulando por céntricas y concurridas calles de Valledupar? ¿De dónde, esa pasmosa calma perruna en los sitios de comidas chatarra?
Agrada observar que, en ventas populares, al transitar por calles o ciclo-ruta, no se atraviesa el canino, que hace perder los estribos a cualquiera y obliga a vociferar “quítese de ahí perro chandoso”, como si, pasa con los politiqueros que pretenderán ahora deambular y franquear los sitios públicos para notificar al ciudadano de su existencia y deseos de ser elegidos en el gobierno
Culturalmente, en nuestro medio no se imagina consumir carne de perro, y más al inferir que se está almorzando a un “amigo”, razón viva para no admitir que la costillita ahumada, no es de peor calidad de otras ni mala para la salud humana, simplemente no consumirla es un gravamen emocional diferente de tener pollos o peces como mascotas. Los hindúes adoran a sus vacas y a veces se comen a sus perros.
Sabido es que la cocina oriental tiene preferencia por los platos aderezados con carne de perro como ingrediente principal, Corea, China, Japón, Vietnam, Taiwán, Filipinas e Indonesia disfrutan del sabor perruno y de la fuerza y virilidad que proporciona cada ración, también se sabe de la habilidad de los nativos nuestros para dominar el arte de atrapar la presa sin el barullo y el escándalo de la persecución.
Ante realidades de extrema necesidad y otras, sin los remilgos sociales y culturales impuestos, en épocas de guerra y posconflictos, se ha consumido carne de perros y gatos para solventar en parte las amenazas de hambruna, como las del pasado reciente en la misma Europa. Una norma religiosa de los clérigos islámicos dentro del conflicto sirio desde el 2013, permite consumir carne de perro a la población.

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