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El saldo en rojo que enmarca la celebración del Día del Periodista

En el 2017 se presentaron 48 casos de amenazas contra periodistas en Colombia, de esos 15 fueron de estigmatización, 12 de obstrucción a su trabajo y 10 agresiones, según indicó la Fundación para Libertad de Prensa (FLIP). Además, se suman casos de trato inhumano, tentativa de homicidio y detención ilegal.

 

Los periodistas de todo el país se preparan para celebrar su día, profesión que tiene una gran carga de responsabilidad, y que a su vez ha puesto a estos profesionales en alto riesgo debido a las amenazas y fuertes señalamientos que reciben a diario.

La prueba está en que al menos 108 reporteros en el país fueron víctimas de 87 ataques durante todo el 2017, según informó la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), cifra que ubica a Colombia entre los países más riesgosos para ejercer el periodismo.

Estas formas de presión “atentan contra los derechos protegidos en el artículo 20 de la Constitución Política de Colombia y ponen en cuestión el derecho de los colombianos a estar informados”, señaló la FLIP a través de un comunicado de prensa recientemente.

Es por ello que durante esta fecha más que celebrar, se tiene que hacer un llamado para que esta profesión sea respetada y protegida por toda la sociedad civil, puesto que gracias al trabajo periodístico la comunidad puede descubrir actos de corrupción.

Para el periodista y expresidente del Círculo de Periodistas de Valledupar, Aquiles Hernández, el quehacer periodístico ha cambiado con la apertura de las nuevas tecnologías. “Han cambiado no solamente los elementos tecnológicos sino la misma gente, nosotros los periodistas del pasado rescatamos esa mística y dedicación que tenía la gente, a pesar de que había menos tecnología, había más capacidad de investigación. Hoy por las mismas circunstancias de la vida, dentro de lo que uno ha pasado, hay más limitaciones y más autocensura que otra cosa”,  dijo.

Hernández también habló sobre el riesgo que se vivió años atrás cuando grupos armados dominaban con más facilidad el territorio, “en ese momento fue difícil porque lo que se hizo fue una autocensura, con esas muertes que se presentaron la gente se autocensuró, hoy hay más libertades para decir las cosas, más libertades para hacer el trabajo pero igual más respeto, el periodista no tiene ese nivel de miedo que había en el pasado”.

Sobre el periodismo que se hace en la actualidad en el departamento, el periodista también entregó su punto de vista, “yo pienso que en el Cesar hacemos un buen periodismo pero podríamos mejorar, para hacerlo se necesitan unas condiciones como mayor preparación y capacitación, hay un choque que es el tema económico, los sueldos son muy malos y con hambre es muy difícil pensar”.

Pero pese a que hoy en día el periodismo tiene un poco más de libertades, en los últimos años la lista de periodistas amenazados por su labor es larga, sin embargo, la muerte de dos reconocidos reporteros sigue latente en la sociedad vallenata, ya que estos marcaron un hito gracias al trabajo que realizaron, y que en últimas les costó su vida.

Hablamos de Amparo Jiménez Pallares y Guzmán Quintero Torres, a quienes dedicamos este espacio para recordarlos y hacerles un homenaje a esa gallardía que los hizo grandes e inolvidables.

 

El crimen de Amparo estremeció a Valledupar

El asesinato de Amparo Jiménez generó el repudio de las fuerzas vivas de Valledupar, así como serios pronunciamientos de organismos de derechos humanos y asociaciones periodísticas.

Jiménez Pallares se desempeñó como delegada del Programa Presidencial para la Reinserción y coordinadora de Redepaz para el Cesar y La Guajira. Su lamentable crimen se dio la mañana del 11 de agosto de 1998, cuando regresaba de llevar a su hijo del colegio Santa Fe en Valledupar.

Jiménez fue periodista del noticiero QAP y En Vivo 9:30, también hizo parte de programas del Gobierno Nacional en temas de derechos humanos. Todo indica que su asesinato estuvo relacionado con una información delicada que le había entregado a un medio de comunicación local sobre el desplazamiento de unos pobladores por grupos paramilitares. La periodista había denunciado amenazas a las autoridades el 23 de febrero de 1997 pero no se tomaron las medidas de protección necesarias.

“El caso quedó hasta la condena del autor material del crimen, y de los autores intelectuales eso siempre quedó hasta ahí, se supone que eso fue por parte de la autodefensas, hasta las últimas investigaciones a las que nosotros tuvimos conocimiento la orden vino por parte de las autodefensas”, dijo Carlos Alberto Jiménez, hermano de la periodista.

Otro aspecto importante que tocó Jiménez, fue la entereza con la que su hermana trabajó en busca de la paz y la igualdad, “ella desde un principio demostró y se dio a conocer por su trabajo social, ella tenía muy claro lo que quería sembrar, ella fue de las primeras personas que siempre trabajó por sembrar la semilla de la paz y la reconciliación. Amparo fue una luchadora de la paz y la igualdad”.

 

La muerte de Guzmán, un crimen de lesa humanidad

La noche del 16 de septiembre de 1999 a tan solo cinco cuadras de las instalaciones del periódico El Pilón, fue asesinado quien era el Jefe de Redacción, Guzmán Quintero Torres. Este asesinato silenció una de las voces más prominentes de la región. Solía defender los derechos humanos y denunciar los nexos que había entre la Fuerza Pública y los grupos paramilitares.

Quintero era la voz de la comunidad que quería justicia, luchó incansablemente por la defensa de los derechos humanos, esos mismos que él sabía que existían y que le eran vulnerados a la comunidad. Las personas se le acercaban para comentarle sobre sus problemas, queriendo encontrar en él un respaldo y el medio para denunciarlos públicamente. Aunque él se esmeraba por denunciar las injusticias allí vividas, no encontró eco en los organismos de control.

En 1995 inició una investigación relacionada con la conformación de un grupo paramilitar en la Serranía de Perijá. Publicó varios artículos en los que denunciaba la existencia de vínculos entre el Ejército Nacional y grupos armados ilegales, a raíz de esas publicaciones las amenazas no se hicieron esperar. Era notorio el disgusto de los militares ante las denuncias realizadas por el periodista. Luego de un viaje que realizó al Perijá, fue abordado por militares que le prohibieron publicar su investigación. Sin embargo, sus intentos por silenciar esta voz fueron frustrados. Aunque se vio obligado a abandonar la región, Quintero hizo público lo que había encontrado en la Serranía del Perijá.

Las amenazas se convirtieron en hechos ya que la noche del 16 de septiembre de 1999 asesinaron al periodista quien paradójicamente, el último texto que escribió hacía alusión a una campaña en contra de la violencia que estaba viviendo el país en esa época. Esa tarde estuvo haciendo la graficación del periódico del día siguiente. Al llegar la noche, se reunió con sus amigos y colegas y en la cafetería del hotel Los Cardones, ubicado en el centro de Valledupar,  hasta donde llegó un sujeto que le dio cuatro tiros y acabó con su vida.

Guzmán Quintero Pérez, padre del periodista, habló para La Calle sobre la iniciativa de la familia que ya comenzó los trámites para que este asesinato sea declarado de lesa humanidad. “Existe una impunidad galopante que cierra toda salida real de la problemática, sin embargo, hemos estado haciendo diligencia, porque más que buscar una indemnización es una cuestión de dignidad, porque Guzmán fue periodista porque encontró una carrera con el más amplio contexto de urbanismo y llega donde cabía el pensamiento de él”.

Sobre el por qué debería el Gobierno reconocer que dicho asesinato golpeó la libertad de prensa en la región. “Nosotros consideramos que la muerte de Guzmán es un crimen de lesa humanidad, y esta no es una hipótesis que lo decimos por decirlo, es que Guzmán muere cuando está cumpliendo el primer año de ser jefe de redacción del diario El Pilón, entonces Guzmán nos deja un informe en sus artículos del riesgo que se corría”, explicó Quintero Pérez.

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