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Columnista Ed Isaac Padilla

HUMILLACIÓN A MADRES COMUNITARIAS

Son 4.000 Madres comunitarias insatisfechas en el departamento del Cesar y 900 en el municipio de Valledupar; indignadas optan por el cese de actividades, el motivo, el no pago de pensiones a las más adultas y vulnerables, muchas de ellas han muerto esperando que el estado les solucione su pensión digna. El ICBF no les ha pagado un salario propiamente dicho, lo que han recibido es una bonificación cuyo monto es inferior al mínimo legal vigente, sumado a esto deberán pagar el 20 % de sus aportes para poder acceder a dicha pensión, estas y muchas otras batallas judiciales se han librado en la búsqueda de la protección de sus derechos a la igualdad, a la seguridad social, a la dignidad humana, al trabajo, al mínimo vital y al principio de primacía de la realidad.
Las madres comunitarias son agentes educativos y formativos responsables del cuidado de niños de primera infancia en el programa de Hogares Comunitarios de Bienestar (HCB); Seres llenos de solidaridad, amor y compromiso con el desarrollo de los pequeños y sus familias. Este Programa que viene en crisis desde hace varios años, y que está en su fase caótica, nació en 1986 con 32 años de subsistencia. Este sostenimiento ha sido desorganizado al punto que las madres reclaman para sí, que son ellas las que han formado a los niños durante 32 años y no el instituto ICBF.
El conflicto no es nada minúsculo, son 69.000 Madres Comunitarias que atienden 1 millón 77 mil niños en la modalidad comunitaria de la educación inicial.
La mayoría de madres afectadas superan los 55 años, con más de 25 años de trabajo sin pensión y sin ser reconocidas como empleados públicos gracias a la Ley 1607 del 2012, que en el artículo 36 determinó que se adoptarían diferentes modalidades de vinculación para garantizarles un salario mínimo, “sin que lo anterior implique otorgarles la calidad de funcionarias públicas”. El horario oficial de trabajo de estas mujeres es de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, pero en realidad se levantan a las 4:00 de la mañana a limpiar su lugar de actividades, a preparar alimentos (desayuno y merienda), luego a las 8:00 de la mañana reciben a los 12 o 14 niños establecidos, muchas preparan el almuerzo mientras atienden a los infantes, así siguen hasta la tarde, luego tienen capacitaciones y reuniones programáticas fuera de su horario habitual, llenar informes, formatos estándar de calidad, papeles y más papeles, todo esto sin la ayuda de asistentes y personal de apoyo oficialmente asignado. Si el lugar requiere alguna adecuación la inversión corre por cuenta de la madre, sin meter los servicios como luz, agua y gas que entran dentro de la mínima bonificación de las mismas, a esto sumémosle las fotocopias que al mes reflejan miles de pesos. El programa de alimentación también genera estrés, los alimentos le son entregados los días sábados con un bosquejo diario de entrega, pero en ocasiones algún alimento está programado para final de la semana y ya se está deteriorando, razón por la cual o lo reparten antes o lo entregan el día programado, pero en un estado no apto; las raciones vienen estrictas para el número de niños inscritos, para la madre comunitaria no existe ración. Otra cosa que preocupa es la salud de las madres, que por sus horarios tan rígidos, la falta de auxiliares y el miedo a perder su empleo no pueden ir a controles médicos, los permisos no son admitidos y se exponen a sanciones si dejan reemplazos y pasa algo en su ausencia. En algunos hogares se ha dado orden de no permitir familiares residentes mientras estén los niños en su jornada y si bien es una medida cautelar que busca prevenir abusos de terceros sobre los niños, también es un foco de malestar interno para los familiares que cohabitan. Cada día se suman más restricciones, más exigencias y nuevos formatos de informes pero el aumento de su bonificación es el mismo, en la población de madres comunitarias a aumentado los síntomas de estrés. Ellas se quejan porque no hay un método de evolución eficaz que mida el cuidado de los niños sino a través de la papelería que sirve de soporte como fotos y actas.
El estado viendo los defectos y falencias intrínsecas del proyecto Hogares Comunitarios de Bienestar (HCB) que dio vida a las Madres Comunitarias; defectos y falencias que no competen a las madres abnegadas sino al diseño mismo del programa y a la falta de inversión; institucionalizó los CDI Centros de Desarrollo Infantil, donde se presta un servicio que garantiza la educación inicial, cuidado y nutrición a niños y niñas menores de cinco años, en el marco de la Atención Integral y Diferencial, a través de acciones pedagógicas y de cuidado calificado. Las Madres que dieron años de su vida en la formación de cientos de niños y que ahora luchan por su pensión no ven los CDI así, dice una de ellas: “Se llevaron a las más jóvenes a estudiar al SENA Primera Infancia y ahora a nosotras las viejas nos desechan” “Muchas de nosotras no podemos estudiar por que los certificados de bachiller no los expiden”, “escoba nueva barre bien, pero también se pone vieja”.
Es una realidad muy triste casi que humillante, que no solo la viven estas madres, sino otros gremios, por ahora las madres planean varios métodos de presión al Estado, siguen los paros.

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