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La otra cara de la calle 44

En una ciudad como Valledupar en la que la doble moral oficia como juez, se escandaliza con la proliferación de la prostitución, pero se hacen los de la vista gorda frente al deshonroso burdel en que han convertido la entra y salida de la capital del Cesar a la altura de la calle 44, allí, decenas de jovencitas que si acaso alcanzan los 13 años y que no superan los 30, se dan lugar para ejercer el oficio de la prostitución, el lugar no distingue de raza, color o sexo, ni mucho menos nacionalidad.

La calle 44 de Valledupar, ha tenido renombre, no solo por el comercio, o porque es la zona motelera de Valledupar, sino por los escándalos a la hora de su pavimentación donde los sobre costos pusieron a varios gobernadores en el ‘ojo del huracán’, no obstante, esta calle hoy vuelve a ser noticia, pues después de la vida diurna que es en completa normalidad, llega la otra cara, esa cara que comienza a las 7:00 de la noche, cuando cae el sol y comienzan a llegar una a una  las niñas, jovencitas y mujeres que están dispuestas a complacer al joven, muchacho o anciano que llegue buscando un momento de placer a cambio de dinero.

 

El rostro de la prostitución

Semanario La Calle, conoció el rostro de la prostitución con la historia de una mujer que hace parte de la decena de jóvenes que todas las noches se ganan el sustento diario ejerciendo la prostitución en la calle 44.Claudia, así llamaremos a nuestra protagonista para protegerle su identidad. Claudia madre de dos adolescentes, su madre tiene cáncer y un hermano en las drogas y desaparecido. Comienza su travesía pasada las 8:00 de la noche en las bancas de la Calle 44, con sus labios pintados de rojo pasión, con sus cejas enmarcadas, con un vestido corto y con un condón como monedero.

 

Estas mujeres deben asistir todos los viernes a las instalaciones del hospital Eduardo Arredondo Daza para que les practiquen exámenes de control.

 

“Cuando llego a las bancas de la calle 44, inicia una historia de mí que es muy difícil o que tal vez no quisiera que existiera, es muy difícil ser mujer, madre, hija y trabajadora sexual. Muy difícil -levanta la vista y dibuja una mueca quebrada en la boca-. Pero esto lo hago por mis hijas y madre, para que mi mamá sea atendida en Venezuela debo enviarle 150 mil pesos semanal y sacar a mis hijas adelante. Por ellas lo hago – se lamenta resignada moviendo la cabeza y con la mirada de profundos ojos negros clavada en el suelo-”, dijo entre lágrimas Claudia.

La famosa vía industrial y comercial de Valledupar, tiene dos caras, la vida diurna donde encontramos calles comerciales, zonas de transporte y una zona motelera amplia; pero el sello de esta moneda cuenta una historia nocturna aterradora e inhuman donde se acaban los negocios legales y se comienza a negociar sobre la venta de cuerpos, sueños, dignidad y drogas.

“Este sector es muy difícil somos alrededor de 16 mujeres, luchando para conseguir nuestro sustento, la inseguridad, el maltrato y los abusos de grupos delincuenciales que nos quieren extorsionar y amenazar. Este sitio toca compartirlo con los transexuales que están desnudos prácticamente, además de que pelean mucho”, dijo Claudia.

Hace unos meses a las manos de las trabajadoras de la noche llegó un panfleto que les cuestionaba y amenazaba por su estadía en la Calle 44. “Nosotras fuimos amenazadas por una gente que lanzó unos panfletos, fue cuando ocurrió la muerte del travestí y nos fuimos recogiendo del sector por miedo. Cuando llegó a nuestras manos el panfleto se comenzaron a llevar a nuestras amigas, las robaban, las violaban y comenzaron a llamarnos amenazarnos, a decirnos que nuestro trabajo se veía mal, sabemos que se ve mal, a nosotras también nos da miedo, pero la vida va más allá de esto”, contó con voz entrecortada Claudia.

Evidentemente la prostitución ha generado toda una industria que encuentra su combustible en la violación sistemática de los derechos humanos: la trata de personas, las redes de prostitución son los negocios al igual que la venta de sustancias psicoactivas que más dinero mueve en Colombia. Ante este, panorama Valledupar al parecer no está lejos de tener una red, aunque estas mujeres no son controladas por un cartel o un líder.

Claudia le contó a La Calle que no tenían líder y ni cabecilla que las dirija.

“Cuando nos comenzaron a llamar yo les dije: aquí no hay líder, ninguna es mejor que ninguna, acá todas trabajamos por una misma necesidad. Ellos incluso querían que nos fuéramos para la vía al aeropuerto, pero eso es muy solo y querían cobrarnos 10 mil por cliente, pero se les dijo que no, que acá estamos solas sin líder, sin cartel, trabajamos porque lo necesitamos y somos nosotras las que pasamos ofensas, necesitamos estabilidad, un hogar, pasamos muchas situaciones”, explicó.

 

Más allá de la prostitución

Más allá de un trabajo señalado por la sociedad este se ha convertido en una manera de vivir y de salir adelante, el cual está expuesto a las múltiples asechanzas de la noche y del flagelo de la inseguridad. Entre ellos el consumo de drogas y alcohol, las inseguridades son en el pan de cada noche, según Claudia.

“Muchas consumen para olvidarse un poco de lo que hacen, en Valledupar el consumo de droga es altísimo, en la cancha que está en el terminal venden droga a montón y se pelean, puñalean. Yo traje a mi hermano de Venezuela para que saliera adelante y hoy no sé nada de él porque se perdió en las drogas. Pese a esto también nosotras revisamos a los clientes que vienen y si están drogados, tomados no nos vamos con ellos es muy peligroso”, señaló.

Además, contó “la gente es muy mala, ¿saben? –encoge los hombros y se seca los ojos llenos de lágrimas con su toalla por tercera vez -. Algunas han sido violadas, apuñalean y robadas. Aquí hay una mujer que le dicen ‘la chinita’ que nos roba mucho, en estos días no la hemos visto pero nos deja sin nada y la Policía no hace nada, es por esto que el dinero nos toca guardarlo. Además, alguna de nosotras no nos vamos en las motos ellos vienen con cuchillos, son locos nos meten en montes y nos hacen daño”.

 

Un camino sin salida

Para Claudia no todo son las calles y los night club, aunque sea increíble de creer ella también tiene un sueño que la hace pensar en un futuro mejor pero que aún no logra emprender.

“Hace unos meses monté mi negocio de empanadas con el que me estaba yendo muy bien, porque me encanta cocinar quisiera tener mi restaurante –su mirada tomo un brillo distinto con destellos de ilusión y sueños-, pero tuve que dejarlo porque mi madre enferma y tuve que volver a esto que sé que no es bueno y es difícil, pero existe un Dios, que escucha las oraciones de mi madre y me cuida”, dijo Claudia.

La mujer de tex blanca y ojos expresivos cobra 50 mil pesos por un rato, 120 mil pesos por una noche y con esto debe juntar alrededor de 950 mil pesos para pagar arriendo, pagar servicios, mantener a sus hijas y enviarle dinero a su mamá para que se haga las quimioterapias con cerca de tres millones de bolívares lo que en Colombia son 150 mil pesos.

 

Las autoridades hablaron

Frente a esta polémica situación que aparentemente viene alterando el orden público La Calle indagó con las autoridades competentes quienes hablaron sobre las actividades que se hacen en favor de esta comunidad que cada noche sale a las calles a buscar su sustento.

El primero fue el secretario de gobierno, Gonzalo Arzuza, quien explicó que a esta zona se le hace acompañamiento policivo.

“Hemos realizado una serie de operativos en los cuales hemos retenido en compañía de la Policía Nacional y Migración a varios emigrantes del vecino país”.

Por su parte la sectorial de Gestión Social, en cabeza de Jaider Rinconces, indicó que con esta comunidad se está trabando una hoja de ruta de atención, en temas de prevención y cuidado. “Nosotros en nuestra relación con esta comunidad hemos establecido una hoja de ruta para la atención, si sufren algún maltrato, el primer paso es acudir a cualquier entidad de salud donde se les debe a tender; en segunda instancia diligenciar toda la documentación con la oficina y luego se les hace acompañamiento y con la Secretaría de Salud trabajamos temas de prevención y cuidado”, explicó.

La secretaria de Salud, Elba Ustariz le dijo a La Calle que esta población ubicada en la Calle 44 era muy flotante y que la sectorial no ha podido intervenir en este sector. “La semana pasada teníamos una charla con ellas para tratar temas de prevención y cuidado, pero no asistieron, esto es así siempre, porque esta comunidad es flotante a la cual nunca hemos podido caracterizar, ni ayudar”, indicó.

 

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