Sábado , marzo 25 2017
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Columnista Alfonso Suarez

NO SE HABLE MÁS… DE CORRUPCIÓN

Nadie piensa, donde todos se lucran; nadie sueña, donde todos tragan.

La paradoja presente de la vida social,  es ver y saber ahora,  cómo ciertos personajes, desde antes advertidos por corrompidos,  se afanan en acusar a otros  clasificados de corruptos  y  así,  movilizan todo el estamento de justicia para castigarlos ejemplarmente, y mostrarse impolutos justicieros ante una sociedad impávida, que aparenta incredulidad ante los hechos dañosos, y  que durante tanto tiempo ha permitido e incluso alcahueteado, por no ejercer como es debido, ese deber de elegir bien a sus representantes y administradores.

Ya el tema de corrupción, como caballito de batalla de virtuosos comentaristas y columnistas políticos, empieza a fastidiar, diría que “empalagar”, como si hubiesen relamido mucha mermelada, por lo mediático de las interposiciones, de quienes ostentan el poder de reputar a los rufianes, y el aberrante acto legalizado institucionalmente que obtuvieron previamente sus satisfacciones temporales al ego, y ahora ostentan cierta capa protectora.

El problema de machacar el tema de la corruptela campante, como si fuere la situación estereotipada en el desarrollo administrativo de la nación; es implicar de manera casi que subliminal tal argumento, para que terminar en acostumbramiento social, extensible como todos los ejercicios políticos de la sociedad, al comportamiento general y para desdicha, inexorablemente claudicará ante la indiferencia e indolencia del mismo pueblo.

Mañana, quienes hoy están en la picota de tal aberración, depondrán de ser tales, para ser reconciliados por otro celebérrimo sistema de gobierno, y pasar a purificados y sacrificados funcionarios, que se resignaron y sobrellevaron a la persecución política. Habrán de decir ¡que no se robaron un peso!  pero favorecieron a otros, que en su momento retribuyeron.

Este jueguito y sometimiento a la manipulación de la comunicación política, se convierte a medida que se avanza en las exhibiciones y destapes de las barbaridades, en la intervención más peligrosa y explosiva que pueda llegar a determinar la  descomposición social,  superando aun la intencionalidad del comunismo de desacomodar desde la célula social, mediante la inserción de conceptos como la igualdad de género y  drogadicción beneficiosa, para crear fácilmente el derrumbamiento y división de la familia.

Es que amenazar con castigar la corrupción, desde la oficina de trasparencia de la misma presidencia, prometiendo dadivas y coimas a quienes delaten con morbo y prueba a otros corruptos, es entrar en esa travesura indecente de aparentar ser lo que nunca ha sido y pasar por encima de las normas morales y éticas que siempre fueron el derrotero de la comunidad.

Mal ejemplo ha dado en los últimos veinte años los gobernantes elegidos por voluntad de ellos mismos, ¡no del pueblo! desde que se auto promovieron, para la reelección, y que no les dejó otro camino, que institucionalizar la corrupción, para avalar su poder transitorio y afincar en el futuro, las prebendas obtenidas de tal ejercicio para todo su sequito de aduladores.

Si algo bueno puede quedar de tanta injuria e insidia personal, es el destape de vilezas que en su momento implantaron tantos funcionarios y que al paso como vamos, monopolizarán las cárceles y establecimientos acondicionados para tal efecto, mientras un próximo gobierno perpetúa la cadena, perseguirá y amnistiará en una próxima campaña anticorrupción y emblema de su acción, a todo opositor renuente que ose hacerse presente.

Que no termine esta sociedad actual protagonizando una de esas leyendas nacidas en nuestro entorno, poniendo a cabalgar a la corrupción sin rumbo y tiempo, sobre el lomo del caballo “patas blancas”, alegoría del destino mostrado en los cuentos costumbristas, narrados con libertinaje por el médico jagüero Ramaliah.

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