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NUESTRA BASE ECONÓMICA

Aunque todos mis amigos saben que no soy economista, en nuestro grupo de tertulia donde discutimos los avatares de nuestra ciudad, puesto que, como profesionales, estamos obligados a cumplir un rol en la sociedad que la conduzcan a mayores niveles de bienestar y como profesional del derecho mi proyecto de vida lo plasme en la participación del Semanario La Calle, en busca de contribuir con el control social que la gestión pública y en formar opinión a nuestros lectores.

Tenía que ser así, pues el mercado laboral tradicional de nuestro amado Valledupar se presenta bien limitado, la razón, no existe sector industrial y mucho menos manufacturero. Nos comentaban los economistas tradicionales que nuestra base económica es limitada por no decir pobre.

Veamos. Antiguamente el Departamento del Cesar se vislumbraba como la despensa agrícola del nororiente colombiano, pero esa visión cambió, cuando el cultivo de algodón arrasó con la frontera agrícola en su época dorada y como resultado de la crisis, lo que se produjo fue una desertificación de nuestros suelos productores de la “Bonanza del Oro Blanco”.

Pero en esta tierra “macondiana” apareció luego otra “bonanza”, en este caso la “Marimbera” que por ser actividad ilegal no duró un quinquenio, pero tuvo su presencia en el Cesar y como prueba de ello, tenemos el emblemático avión en “el parque de la Provincia” para que las generaciones futuras tengan recuerdo de historia indeseada de la ciudad donde empresarios de estrato seis quisieron estar en la vanguardia del negocio ilícito para aumentar sus ganancias.

Posteriormente entramos en otra “bonanza” la del “oro negro” que se ha convertido en “enclave económico” y su efecto en factor multiplicador de la economía no se ha visto, en tanto, al vivir de bonanza en bonanza, la estructura económica no ha preparado los soportes de bienes públicos o de infraestructura necesarios, ni hemos preparado a nuestras jóvenes para asumir el reto de liderar el polo de desarrollo del nororiente colombiano que se nos viene manifestando desde antes en la economía local.

La economía como teoría es una “ciencia” que poco desarrollo conceptual ha implementado, en tanto, varios economistas alternativos, están dudando de que se trate realmente de una ciencia, al ver que las demás ciencias puras avanzan mientras la economía no.

En efecto, la física tradicional agotó argumentos y transcendió a la física cuántica mientras en la economía seguimos en el modelo imperante, utilizando los principios y argumento del siglo XIX en pleno siglo XXI  cuando muchas dinámicas económicas han avanzado y la economía tradicional para eludir la responsabilidad de explicación de los sucesos en la racionalidad de actores económicos, nos hablan de “externalidades económicas” como constantes del modelo matemático formulado sin dar flexibilidad a la incidencia de ello en nuestro actuar.

Por ello soy un convencido del peso de la “economía alternativa” y la utilización que hace la actual administración municipal, en dejar bases sólidas para dinamizar el desarrollo de nuestra ciudad. No es descabellado la temática de la “economía naranja” pues potencia nuestras ventajas estratégicas, nuestros valores culturales para generar desde los nuestros mejores niveles de ingresos que contribuyan al bienestar de residentes y mejorar el clima en que discurre la ciudad.

El desarrollo Malayo, se llevó a cabo mediante la observación geo referenciada que ubicaba Malasia en el mapamundi, observando que solo existe en esa franja meridional 20% de tierra y 80% agua y por tanto los productos que existieren en dicha franja no se producirían en otro. Fueron a darse cuenta que era lo silvestre y observaron la palma de aceite pululaba en el territorio. Así inicia la organización económica de Malasia para ser la primera potencia mundial de producción de palma de Aceite, agotando a tal punto toda su frontera agrícola que allende sus fronteras iniciaron alianzas con estados y productores en esta franja para desarrollar cultivos de palma de aceite.

Si analizamos la fuente oficial de información macroeconómica como el DANE, se observa que históricamente no contamos con sector industrial que es el mayor generador de valor agregado o plusvalor frente al sector primario o el terciario (el comercio). Pregunto ¿será que tenemos que seguir fantaseando con esta limitante y hablar de sector industrial cuando no existe? La actividad minera le genera más de 20 billones de pesos como aporte al PIB nacional según informe de economía regional (ICER), pero este aporte no se ha reflejado en el desarrollo. Esto es puro crecimiento económico y nulo desarrollo demostrado en los niveles insostenibles de pobreza de un departamento que ocupa el honroso puesto 13 en aportes al PIB.

Demostraciones de los beneficios de la economía naranja o cultural o multicolores como quiera llamarse no innegables, no existe razonablemente argumentos científicos que rebatan lo expresado en esta nota

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