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Columnista luz helena lemus

RAP, ¿PRESIDENTE COSTEÑO?

La Región Administrativa y de Planificación del Caribe (RAP Caribe) es una realidad.
Constitución de 1991, la carta política establece un derrotero hacia la descentralización en dos artículos 306 y 307 y en los artículos 10 y 30 de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (Loot) 1454 de 2011, cuando menciona que dos o más departamentos podrán constituirse en regiones administrativas con personería jurídica, autonomía y patrimonio propio.
Esta figura asociativa permitirá consolidar un equipo que tenga la responsabilidad de identificar, planificar y gestionar recursos para la ejecución de proyectos de impacto regional que ayuden a reducir las desigualdades que existen entre el centro del país y los territorios que hacen parte de la periferia.
Emocionados por el logro de la RAP Caribe, Se vuelven a escuchar las voces de un gobierno costeño, tomando el modelo de Panamá del 3 de noviembre de 1903; Una Panamá que no posee los recursos naturales que posee la Costa Norte Colombiana pero que han logrado una sociedad prospera como país. Se cuestiona entonces por qué la Costa Caribe no se podría independizar de la clase política del interior. ¿Porque no podemos tener nuestro propio presidente? y cambiar la Casa de Nariño por algo así como el palacio de Rafael Núñez último presidente costeño, el mismo que promulgó la Constitución de Colombia de 1886. Esas voces discuten el ¿porque la Guajira tiene que mendigar recursos? y parodian que si Panamá no tiene el valor de separarse de Colombia estuviera como la Guajira, víctima del centralismo.
Hace un poco más de un siglo un líder costeño no piza con propiedad la Casa de Nariño ostentando la banda presidencial.
El historiador económico Adolfo Meisel Roca escritor del libro “El regazo de la región Caribe en el siglo XX”; dice: “Es evidente que la región Caribe tiene serias dificultades para traducir su influencia electoral en control del Estado colombiano: hay un déficit de liderazgo costeño en la dirección de Colombia”.
Estas voces que vienen de todos los sectores sueñan con conquistar un espacio superior para la Costa en el poder nacional, pero cuestionan el proceso parsimonioso y prolongado que se ha venido dando.
El Caribe tiene el 22% de la población del país y maneja el 14% del Producto Interno Bruto (PIB) Nacional; el 49 % de los habitantes de esta zona están en el rango de pobreza y 28 % en pobreza extrema.
De aquí la necesidad de manejar los asuntos del Caribe en el Caribe, porque el Gobierno central se ha convertido en un ente burocrático paquidérmico que no puede atender las necesidades de las regiones de una manera eficiente y eficaz.
La RAP es un paso importante a la descentralización, no es el objetivo final, es un paso para alcanzar la meta que es la consolidación de la Región Ente Territorial (RET), figura que le dará al Caribe una verdadera autonomía con más recursos del Sistema General de Participaciones (SGP), competencias y autoridades propias.
Por eso los sectores económicos, el liderazgo social y gubernamental, sumado a los sectores independientes debemos seguir apostándole al poder de la Unidad Caribe, realizando cada día más alianzas que fortalezcan este magno objetivo.

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