Jueves , noviembre 23 2017
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ColumnistaVictorMartinez

UNA EXPRESIÓN POPULAR, CUYO ORIGEN DESCONOCEMOS

¡ELEFANTE BLANCO!

Por muchos años; y tal vez en los recientes tiempos el periodismo universal y especialmente el colombiano, ya sea televisivo, escritos y radiales se expresa de manera puntual, en las obras públicas que ejecuta la nación, los departamentos, los municipios o cualquier otro organismo que contrate la construcción de grandes o pequeñas obras al servicio de la comunidad; calificando estas de ‘ELEFANTES BLANCOS’, equivalente a una sanción de repudio popular, cuando por alguna razón terminan inconclusas, abandonadas, y corroídas o mal hechas, visiblemente a la vista de la ciudadanía en total abandono, convirtiéndose en un detrimento patrimonial, y lo más grave, en una simple buena intención de solucionar una necesidad pública e institucional.
El crecimiento de las obras inconclusas en toda la geografía colombiana, son incuantificables en números y en plata física, contante y sonante invertido del erario del bolsillo, que pagamos todos, por todo tipo de impuesto que se nos impone; es lo que en el común de la gente se conoce como la corrupción rampante y campante, la cual no se detiene, ni de noche ni de día; es decir trabaja las 24 horas y los 365 días sin descanso convirtiéndose en la peor de las amenazas de estos tiempos.
Todos los estudiosos coinciden en su poder destructor, que enreda tanto al sector público como privado; y que de una u otra manera compromete a todas las capas de la sociedad, sin distingo de rango, color, raza y demás condiciones humanas. Ella es creciente y por su ritmo acelerado ha llegado a extremo insospechable que asusta hasta los mismos que la promueven, y que van dejando en el camino a políticos, dirigentes gremiales y social en condiciones de vidente vergüenza en el seno económico y social de que hacen parte.
Este fenómeno no se justifica, pero se explica y corresponde a una coyuntura que tiene en jaque a muchas democracias en el mundo; entre las cuales está la nuestra; donde por muchos años se habla de una lucha sin cuartel contra ella, cuando la verdad es que sus efectos se han vuelto tan normales que no existe una actividad por grande, mediana o pequeña donde, este germen nefasto, no esté presente; de ello sobran casos y hechos que demuestran esa realidad en la vida colombiana.
Pero lleguemos a lo puntual de esta columna y es referirme al origen de la expresión “ELEFANTE BLANCO”, “Su origen viene de que antiguamente los reyes de Tailandia, cuando no estaban satisfechos con un súbdito, le regalaban un elefante blanco.” El súbdito debía darle comida especial y permitir el acceso a aquellos que quisieran venerarlo, lo cual tenía un costo que muchas veces arruinaba al súbdito”.
En otras palabras, elefante blanco es atribuida a posesiones que tienen un costo de manutención mayor que los beneficios que aportan, o a aquellas que proporcionan beneficio a otros, pero que únicamente ocasionan problemas a su propietario.”
La diferencia histórica es que el perjuicio para la época pesaba sobre una persona individualmente y la de hoy, la carga el contribuyente colombiano con los impuestos que paga.
Ahora sí, sabemos el porqué de los elefantes blancos.

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