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Una violación en la impunidad

Nunca en mi carrera como periodista había tenido que entrevistar una mujer cuya hija de tan solo ocho años había sido víctima de abuso sexual por más de dos años, y pese a que este tipo de casos en la sociedad colombiana se han vuelto pan de cada día y se ven con mucha frecuencia en las noticias, tengo que reconocer que sentí desconsuelo con cada palabra que esa mujer me decía.
A esa madre la llamaré Ely, vive en Valledupar con sus tres hijos, un joven de 15 años, la menor abusada de 11 y una más pequeña de 6, no quiero que este escrito termine de re victimizar a esa familia que hoy lucha por salir adelante, y que quiere a como dé lugar dejar atrás todo esto, y así curar las grandes secuelas que ese pervertido causó, porque en estos casos no solo sufre la víctima que fue abusada, toda la familia se siente, en especial la madre que se culpa por no haber visto las señales que hoy, cuando no hay mucho qué hacer, eran tan claras.
Para entender esta historia tendremos que ubicarnos en el 2016, cuando la hija de Ely no aguantó más abusos y decidió confesarle a su madre que su padrastro tenía cerca de dos años abusándola principalmente en las mañanas cuando ella salía de 6 a 8 a estudiar a Uparsistem, pero este monstruo utilizaba cualquier espacio para minar con maldad el cuerpo de una menor inocente que poco entendía lo que pasaba.

“Ella me pedía y me suplicaba que no la dejara, pero yo no entendía por qué, la niña me insistía que la dejara con la vecina, pero él (padrastro) me decía que no”,

me dijo Ely, con cierta carga de culpa en sus palabras, es obvio que se siente responsable de las todas las atrocidades que vivió su hija, es por ello que se niega en aceptar que la paquidérmica justicia de este país haga con su caso lo que mejor sabe hacer, ¡NADA!
Una carpeta repleta de papeles son las pruebas físicas que Ely guarda para tratar de hacer justicia, hace ya dos años que denunció lo que ocurría en su casa e increíblemente el proceso no avanza, más de 20 audiencias han sido aplazadas por razones tan estúpidas como que el abusador le duele las amígdalas, como si el mal hecho a una niña inocente no mereciera el repudio de todos y la contundencia de la justicia a la hora de actuar. No hay duda, este país es un fiasco.
Me niego en este artículo a describir todo lo que ese hombre le hacía a la hija de Ely, no por puritano, sino por respeto a ella, a esa niña que hoy aborrece que cualquier hombre se le acerque, por compasión con esa alma inocente que en dos oportunidades ha intentado suicidarse.
“Hoy en día analizo el compartimento de mi hija, porqué allí estaban las señales y a mí me da mucho dolor, lo primero fue el cambio en su personalidad, ella comenzó a creerse grande, ella tenía el cabello largo y me pidió que se lo cortara, tanto fue su insistencia que yo tuve que cortárselo. Comenzó a ponerse mis tacones, yo la veía como cogía los muñecos de mi hijo y los acostaba en la cama y ponía uno encima del otro, a veces se metía trapos en la barriga, yo le decía ¿por qué haces eso?, una de las cosas que más me impactaba era que ella escupía todo el tiempo, escupía con asco, después entendí que él la obligaba a que le hiciera sexo oral”, me iba narrando Ely con mucha rapidez, prueba de que tiene todo en su cabeza, para cuando quise verla a la cara sus ojos estaban rojos, tenía rabia y eso era evidente.
En ese momento me desconecté, me fui a lo más recóndito de mi mente y me pregunté ¿qué puede tener en la cabeza una persona para abusar de esa manera de una niña de tan sólo 8 años y prolongar su maldad por tanto tiempo?, sentí impotencia, su relato me tocó.
Como todos los miserables que abusan de niños o personas vulnerables, este amenazaba a la pequeña con matarla junto a su madre si ella decía algo, pero deben saber todos los abusadores que por más que amedrenten a su víctima esta siempre terminará hablando, porque las llevan a un callejón de desesperación en donde gritar lo que está pasando se convierten en la única salida, pese a que la posibilidad de morir esté latente, así de horrible es esa encrucijada.

El Instituto Colombiano del Bienestar Familiar (ICBF) informó que, durante el 2017, 11 mil 290 casos por abuso sexual a menores fueron denunciados. Sin duda alguna, es una cifra aterradora que deja en evidencia la vulnerabilidad en la que se encuentran miles de niños en el país. Vale la pena acotar que, de esos 11 mil casos, 305 corresponden a hechos registrados en el Cesar, ubicando al departamento en el puesto 10 a nivel nacional.

 

El día que todo se supo

A lo largo de estos dos últimos años, la prensa local ha publicado de esta historia el poco avance que ha tenido el proceso.

Ella vino del colegio y yo siempre acostumbro a revisarle los cuadernos, ella tenía una notica y a mí me dio curiosidad pues creí que era de un niño del colegio, ahí le decía que la iba a cuidar y proteger para que nadie le hiciera daño, y yo lo que pensé era que el niño estaba enamorado de mi hija, pero pensé que tenía que ser sabia y le dije que iba a llamar al papá para que habláramos los tres.

“Yo le pregunté que quién era el niño de la nota y ella me dijo que era uno que vivía cerca de la casa, yo le pregunté que si eran amiguitos y ella lo que me contestó era que a veces hablaban, ahí fue cuando yo le dije que me contara toda la verdad, le pregunté que si tenía novio y ella me dijo muy nerviosa que no, yo le decía que tenía que confiar en mí que yo siempre la iba a proteger, que la iba a defender siempre de quien fuera, mi hija me miró y me preguntó que si yo la amaba y se le pusieron los ajos aguados, él (abusador) se paró en la ventana y la miraba feo, le decía cosas, yo tuve que decirle que se quitara porque tenía a la niña asustada, él se quitó de la ventana pero antes de irse me dijo mi otro hijo que él le hacía señas con la cara hasta que se quitó y se puso a ver televisión en la sala, después de eso mi hija me volvió a preguntar que si yo la amaba y le dije que la reamaba, ahí en ese momento llegó una amiga y mi hija se fue para el patio con el hermano, y allá le dijo que el padrastro abusaba de ella. Los dos vinieron donde mí y ahí mi hija me dijo lo que estaba pasando, él se dio cuenta que algo pasaba y se vino a preguntar que de qué hablábamos, no le dijimos nada y en la moto de una amiga salí con mi hija, yo iba destruida, lloraba no podía creer que esto estuviera pasando, nos fuimos para la casa de mi amiga y allá mi hija me contó todo”, narró entre lágrimas Ely.
La versión de la menor puede dejar estupefacto a cualquiera, puesto que ella le contó todo lo que el hombre le hacía, de inmediato se fue con esa vecina y amiga para un CAI de la Policía. “Yo no he sido capaz de preguntarle nada a mi hija, yo me entero porque cuando a la niña la entrevistaron yo estaba en una parte dónde ella no me veía y ahí fue donde me enteré todo lo que ese hombre le hacía a mi hija, y eso para mí no fue fácil, de escuchar a mi niña viviendo todo eso, es la hora y todavía no soy capaz”, me dijo esa madre en medio de la rabia que le produce hablar del tema. Esa misma noche lo capturaron.
Y entre los dientes me preguntó que “por qué la justicia es tan injusta, por qué esos abogados se prestan, por qué si saben que está por medio la inocencia de una niña, hoy le pasó a mi hija, pero mañana le puede pasar a cualquiera”, no pude decir nada más que guardar silencio.

¿En qué va el proceso?

El proceso todavía va en la etapa preparatoria, increíblemente se han cancelado más de 20 audiencias, puesto que la defensa ha buscado por todos los medios dilatar el proceso, todavía falta la declaración de la madre, de los policías que capturaron al abusador, es decir, no se ha hecho nada. En ese sentido es preciso puntualizar que el proceso está en el Juzgado Quinto Penal de Valledupar a cargo del juez Andrés Alberto Palencia Fajardo, mientras que la fiscal es Sol Piedad Martínez Cotes. Tampoco se puede dejar pasar al abogado defensor que ha utilizado todo tipo de maniobras para, al parecer, dilatar el proceso es William Mejía Musa.
El pasado 6 de diciembre ese hombre salió libre, se la pasa todos los días jugando dominó en uno de los parques de Valledupar, goza con la protección de su familia que ha tratado de intimidar a Ely, asegurando que todo esto es mentira, que no es más que una mujer resentida que quiere hacerle daño al hombre que no la quiso, pero independiente de todo, yo le creo porque jamás había visto tanto dolor e indignación en los ojos de una madre.

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