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UNIVERSIDADES, ENTRE ALEGRÍAS Y MEZQUINDADES

La condición humana es bien compleja, deambula entre el bien y el mal, pero en Valledupar algo se está haciendo bien para que una ciudad de 474.000 habitantes, aproximadamente, cuente en su estructura socioeconómica con número importante de universidades.
Lo importante aquí es que no solo el sector público ve con buenos ojos la creación de instituciones de educación superior en nuestra ciudad (UPC, ESAP, UNAL), sino que el sector privado, exigente en el concepto racionalidad económica de retorno de inversión, tenga a bien invertir en dichos centros (UNIVERSIDADES DE: PAMPLONA, SAN MARTÍN, UDES, FUNDACIÓN ÁREA ANDINA, SANTO TOMAS), que ciudades intermedias parecidas a la nuestra no cuentan con esta oferta educativa (Montería, Manizales, Ibagué etc)
Valledupar es el principal polo de desarrollo económico del nororiente colombiano, aupado por la explotación de recursos no renovables, el carbón confiere al departamento y su capital la responsabilidad de garantizar los bienes fundamentales expresados por la constitución (educación y salud).
En efecto, el Cesar aporta más 20 billones de pesos al PIB Nacional, según cifras a 2017 del Departamento Nacional de Planeación, ubicándolo en el puesto 13 entre los departamentos del país. La explotación carbonífera atrae como imán a importante migración en busca de oportunidades. Esta tendencia, por supuesto, continuará convirtiéndose en la causa con mayor peso específico para toma de decisiones de inversión.
Este auge económico en actividades como la construcción, el desarrollo vial, el cultivo de palma y avances en el comercio, requieren de la profesionalización de la mano de obra calificada, que por obvias razones se radica en su capital, reconciliando esta ciudad, como ya lo hemos dicho en anteriores escritos, en una de las 4 ciudades capitales de mayor crecimiento poblacional en el mundo, que atrajo la atención de importantes organismos como el Banco Mundial y la Universidad de Nueva York.
La academia no podía quedarse atrás de estas exigencias sociológicas en momentos actuales y la principal Universidad del país, como lo es la Universidad Nacional, acaba de cristalizar un sueño, no solamente de los quijotes que se embarcaron en esta odisea, sino del pueblo cesarense, que tendrá la oportunidad de contar con una sede de dicha institución en municipio de Robles La Paz.
Orgullo para el Departamento del Cesar el cristalizar el sueño de muchos añoraban, ingresar a una universidad de la talla de la Nacional. En esta semana, la noticia en la ciudad fue la entrega del inmueble, construido por licitación pública realizada por la Gobernación del Departamento del Cesar, a las directivas de la Universidad Nacional.
De pláceme estamos muchos, aunque la mezquindad del ser humano se dejó escuchar. Seudolíderes, gente inferior que son siempre reactivos, despotricaron en medios locales por avances que tienen los debates sobre la estampilla “pro universidad Nacional sede La Paz”, tramitado por el senador José Alfredo Gnecco.
El video, viral en redes sociales, del representante a la Cámara por Antioquia del Polo Democrático Jorge Gómez, hacia juicio de responsabilidades a congresistas del Cesar, llamando a la movilización social por la injusticia que significa la creación de la estampilla, porque era responsabilidad del Estado garantizar el sostenimiento de la Universidad, y criticaba el hecho de la iniquidad en aportes per cápita de la UNAL en aproximadamente 11 millones por estudiante frente a la UPC pues solo se aportaba 1,900.000.
Se olvidan, los que hicieron eco de esta exposición por fuera de contexto, que Antioquia cuenta con la segunda sede más importante de la Universidad Nacional, que la educación superior en Colombia es subsidiada, que la estampilla pro Universidad Nacional de Colombia y demás universidades estatales es una contribución parafiscal creada por la Ley 1697 de 2013, cuyo propósito es dotación, modernización tecnológica, apoyo a la investigación y apoyo a programas de bienestar estudiantil y subsidios y disminución de los costos de matrícula de los estudiantes de estratos 1, 2 y 3 de las universidades estatales del país.
En este contexto, expresaba la rectora en un medio radial, que el costo de la matricula oscilaría entre 100.000 y 5.000.000. Este es el propósito de la estampilla, no es contribución regresiva sino progresiva, no significa acabar con la UPC, significa que la competencia y la calidad educativa, aunado a bajos costos de matrícula, serán el horizonte para las iniciativas privadas y públicas de instituciones de educación superior de nuestra atractiva ciudad de Valledupar. Polo de desarrollo del nororiente colombiano.
Bienvenida Universidad Nacional de Colombia y bienvenida toda competencia que mejore nuestra calidad educativa.

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