Lunes , mayo 29 2017
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Columnista Miguel Mosquera Castro

Violencia de género y posconflicto

En Colombia vemos con gran preocupación que cada día aumentan sistemáticamente los delitos en contra de las mujeres o conocidos actualmente como ‘Feminicidio’. Luego de haber profundizado en el tema, acudiendo a artículos científicos, sentencias de la Corte Suprema de Justicia, conceptos médico-legales y estudios sociales, he llegado a mis propias conclusiones desde el punto de vista subjetivo como abogado, Especialista en Derecho Penal y Criminología y curioso e inquieto por conocer y tratar de entender los comportamientos muchas veces inverosímiles del ser humano.
En el párrafo anterior, la palabra ‘Feminicido’ la ubiqué en medio de comillas porque no comparto dicha definición al momento de decir, informar, asegurar o juzgar a un ciudadano por la conducta reprochable de asesinar a una mujer, bien sea su pareja, vecina, conocida o simplemente enemiga. El Feminicidio no es otra cosa diferente a que un hombre ataca a una mujer por el hecho de ser mujer, es decir, es un hombre misogista odia al sexo femenino, denigra de éstas, las discrimina y las cosifica sexualmente, esta es la definición teórica.
Teniendo en cuenta que la misoginia es mucho más antigua que la tragedia y la comedia en la literatura griega, podemos entender dos cosas, la primera que el ‘Feminicidio’ NO es lo que muestran los medios de comunicación o lo que erróneamente aseguran algunos profesionales del derecho y miembros de la Fiscalía General de la Nación, está siendo mal utilizado éste término. Y la segunda es que el homicidio o agresión hacia una mujer es eso, no le busquemos más adjetivos a este tipo de acción penal. Nosotros como abogados debemos dar a conocer la verdad de las cosas, con buena argumentación y debida sustentación.
Teniendo claro lo que es el Feminicidio y sus terribles consecuencias, concentrémonos en el tema central de éste ensayo: La Violencia de Género. Existen factores fundamentales al momento de buscar una razón o motivación para cometer estos delitos, como lo son el estrato social de los involucrados, la idiosincracia del lugar de los hechos, la celotipia y peor aún, la cultura machista a la cual estamos subsumidos, donde se busca un motivo fundado ‘válido’ para justificar estos terribles hechos.
La familia es el núcleo de la sociedad, el hogar ideal está compuesto por padre, madre e hijos, estos deben estudiar mientras sus padres trabajan para suplir las necesidades básicas de los suyos, pero lastimosamente no es así, la cifra de desempleo cada vez aumenta y con ésta problematica surgen los empleos informales a los que cuentan con suerte, a los demás les toca acudir a la delincuencia de una manera ‘formal’ y es por ello que las cárceles no dan abasto, cada día aumenta el hacinamiento de éstas. El ideal sería más escuelas y menos cárceles.
Pero el problema de base no es querer o no confomar un hogar ideal por falta de recursos, es la falta de oportunidades las que llevan a estas personas a la informalidad en todo el sentido de la palabra, no hay políticas de Estado eficientes que garanticen una excelente educación básica primaria y secundaria, una nutritiva, balanceada y sana alimentación a la niñez y unas vías de acceso que permitan llegar hasta el último rincón del país, etcétera. Demostrando que somos un Estado Social de Derecho.
Vemos entonces que el problema es la sociedad como tal, la ausencia de Estado, la falta de condenas severas y ejemplares, pero si vamos juntando cada uno de los eslabones de esta gran cadena de responsabilidades, nos quedaríamos en eso, sin buscar una solución o por lo menos un planteamiento justificado, creíble y accesible, y ese es precisamente nuestro deber, nuestro compromiso como conocedores, estudiosos y críticos de las leyes, pero también como colombianos y deseosos de mostrar nuestra posición en pro del cambio de las sociedad actual y futura, haciendo énfasis en las falencias y ausencia del Estado y su compromiso de ejecutar medidas de choque que generen un gran impacto social, y lo más importante, hacer valer nuestros derechos y cumplir con los deberes.
Siempre hemos visto a los señores de la guerra como los malos, perversos, narcotraficantes e indolentes, etcétera. Y sí, lo son, pero también se presume que todos los demás somos los buenos porque no pertenecemos o pertenecimos a ninguno de los grupos al margen de la ley; pero que se puede pensar de los ‘buenos’ que roban sin piedad los recursos de la alimentación de los niños menos favorecidos, de la educación de estos, las carreteras de los que pagamos impuestos puntual y obligatoriamente, la salud, los proyectos ambiciosos que generan gran impacto de desarrollo para la sociedad, y un sin número de casos ampliamente conocido por todos. Entonces, si estos políticos y gobernantes son los ‘buenos’ y hacen todo este tipo de barbaridades, nosotros como sociedad y parte afectada que somos? somos las víctimas de un sistema escindido por culpa de nuestra propia indiferencia y eso es precisamente lo que debemos suprimir, aportando nuestro conocimiento y ferviente sentir como colombianos y conocedores de la auténtica función del Estado y del núcleo de la sociedad, la familia.

Miguel Mosquera Castro

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