El departamento del Cesar es una región de tradición ganadera, donde hoy alrededor de 13.200 fincas viven de los derivados de esta actividad, que no pasa por su mejor momento como consecuencia de la cuarentena a la que se vio sometida por el brote de fiebre aftosa que se dio antes de finalizar el 2018, sumado al intenso verano que se vive en esta época de año.
Y es que esta actividad representa cifras importantes para la economía del departamento. Movimientos de hasta 500 mil millones de pesos al año; además de los 20 mil empleos directos e indirectos que se generan, y que en los últimos meses se han disminuido considerablemente.

De acuerdo con Hernán Araujo Castro, gerente del Fondo Ganadero del Cesar este sector atraviesa una situación grave pues como consecuencia de la aftosa se habían perdido algunos mercados importantes que afortunadamente se recuperaron para algunas regiones, como es el caso de Rusia que es el más importantes que tiene la ganadería colombiana en estos momentos.
“Cuando se cierra un mercado de esos, lógicamente dejan de comprar ganado aquí, porque aunque no exportamos directamente, hay otros frigoríficos que se abastecen de ganado en el Cesar”, dijo el líder gremial.
Pero aunque Rusia reabrió su mercado para recibir carne bovina colombiana, se exceptuaron los departamentos de Cesar, Boyacá y La Guajira, que a pesar de que el Ministerio de Agricultura dijo que esto no afectarán la exportación, pues su aporte no es representativo como el de Córdoba o el norte de Antioquia, si influirá en los movimientos económicos de los ganaderos de la región.
Lo cierto es que el ganado fue revacunado y en mayo iniciará el ciclo normal de vacunación y es luego de esas jornadas que se conocerá si el país obtiene nuevamente el estatus sanitario libre de aftosa, certificación entregada por la Organización Mundial de la Sanidad Animal.
Araujo insiste en que el gremio tuvo unas pérdidas bien grande y puso como ejemplo la comercialización del novillo en pie.
“El precio antes de que se diera la cuarentena al que se estaba vendiendo el novillo en pie era de $4.500 por kilo y hoy no ha podido llegara a los $4.000, y eso se refleja lógicamente en toda la cadena: en el animal de levante, de destete; pero además hay que sumarle lo que pasa con el verano que es una circunstancia normal que se da cada vez, y que incide en la producción de leche por deterioro corporal de los animales. Por carencia de alimentos suficientes o adecuados se baja en un 40%”, explicó.
Dijo que el Cesar vende 150 mil novillos al año, de los cuales el 60% se comercializan por lo general en el último trimestre del año, que fue precisamente cuando se declaró la cuarentena. Es decir que se dejaron de vender uno 90 mil novillos.
“Estamos sobreviviendo con la caída de los ingresos. Hay algunos pequeños ganaderos que los han beneficiado con un pañito de agua tibia que da todos los años el Ministerio con la entrega de silo, pero esto no es suficiente. Es una caída sustancial de los ingresos. Y para esta época es muy normal que se suspendan trabajos y que lógicamente disminuya la mano de obra”, acotó Araujo Castro.
En cuanto a la leche, su producción no se vio afectada de manera directa con la cuarentena, pero si se ha disminuido por el golpe de la sequía.
En Cesar se producen aproximadamente un millón de litros de leche diario que el productor los vende a 950 pesos por litro; pero en verano se reduce la producción al 40%, quiere decir que se dejan de producir 600 mil litros.
“Se supone que en la medida que aparezcan las lluvias hay una recuperación de por lo menos en seis meses. Pero este sector en vez de llamarse ganadería debería ser perdería, pues eso es lo que sucede cada días”, insistió Hernán Araujo.

Por su parte, José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán dijo que la ganadería en el Cesar está muy golpeada por la baja infraestructura, debido a que los veranos son demasiado intensos y no ha habido un buen programa de suplementación alimentaria. “Ve uno pasando trabajo al ganadero”, expresó.
Medidas para remediar
Con el fin de recuperarse de esta crisis, los ganaderos están intentando que desde el nivel central haya una verdadera conciencia de lo que es la actividad ganadera, “mirarla como debe mirarse”, dijo Araujo.
El Gerente del Fondo Ganadero del Cesar dio a conocer que la realidad es que el 90% de las fincas que hay en Colombia manejan de 1 a 100 cabezas y quienes estén en este intervalo son considerados pequeños ganaderos según los estándares de gobierno; y quien maneje más de mil son los grandes ganaderos, que hoy representan el 5%.
“Mientras se tenga esa visión jamás habrá una política acorde con la realidad para sacar adelante la ganadería, que es una actividad que tiene todas las ventajas que quieran. Pero por ejemplo el Decreto 1500 que se sacón con el objeto de mejorar la calidad de la carne que se le entregaba al consumidor, ordenó que las plantas de sacrificio debían cumplir unos estándares muy altos, que servían para los grandes frigoríficos. Pero en el país existen mataderos corregimentales, municipales, grandes y frigoríficos tipo exportación”, explicó.
Así las cosas, el Cesar solo tiene tres mataderos autorizados: Coolesar, el de Aguachica y un permiso especial que tiene Codazzi. “El resto de los municipios no pueden sacrificar, entonces ¿de dónde comen la carne? Eso ha hecho que aumente el mal llamado abigeato, que también afecta el bolsillo de los ganaderos”, puntualizó el líder gremial.
Mientras tanto y tras la recuperación del mercado ruso para exportar carne, José Félix Lafaurie recordó que la producción ganadera es esencial para la seguridad alimentaria del país, por lo que además de alcanzar los USD 500 millones en exportaciones, un resultado que la ganadería ya logró en años pasados y que se puede volver a hacer, se debe trabajar en la recuperación del consumo interno de 18 kg a 20 kg por persona/año, por lo menos.




