Como el candidato que mueve el voto de opinión se ha querido vender el Mello Castro González, quien aspira llegar a la alcaldía de Valledupar por el partido de la Unidad Nacional; sin embargo, su estructura política está conformada por unos ‘viejos zorros’ que conocen muy bien el ‘tejemaneje’ del populismo en Valledupar con el que se echan la gente al bolsillo para luego bailarles el indio; toda vez que, a la hora del té, la inversión queda en los mismos.
Uno de los principales padrinos políticos del Mello es el senador José Alfredo Gnecco, quien con la campaña del joven candidato hizo lo no visto y es que se parara en raya y por fin tuviera un tono responsable para hablar ante los demás, el hombre que es conocido por su poco talante, sacó las uñas y ha defendido la campaña de su ‘pupilo’ a capa y espada, nombre que trata de imponer sobre todo pronóstico.
Sin embargo, el congresista le haría flaco favor al Mello, respaldándolo, toda vez que su pasado político hoy lo pone contra las cuerdas, el caso es el que muchos conocen, pero pocos se atreven a mencionar y es su presunta participación en el conocido ‘Cartel de la Toga’, escándalo en el que también aparece su padre, el exgobernador Lucas Gnecco. El nombre del senador salió a relucir en la última declaración del ex fiscal Anticorrupción Gustavo Moreno, antes de irse extraditado a Estados Unidos.

“Preciso que fueron 150 millones de pesos los que yo recibí del senador José Alfredo Gnecco en la oficina del exmagistrado Francisco Ricaurte, ubicada al norte de Bogotá. El 50% de estos 150 millones de pesos se le entregaron a Pacho (Ricaurte), lo demás yo lo invertí en gastos de esa oficina y viajes de Pacho. Es que yo tenía que cubrirle a Pacho gastos como viajes al exterior y viajes nacionales”, relató el testigo en declaración del 19 de abril de 2018.
El exfiscal Anticorrupción indicó que Lucas Gnecco tuvo en el pasado una condena por fraccionamiento de unos contratos y que en este nuevo proceso lo que se requería era demorar el expediente tanto como fuera posible mientras maniobraban en el despacho del magistrado Gustavo Malo.
“En firme la acusación se dio el traslado para solicitar pruebas, la defensa anterior ni siquiera las había solicitado. Malo ayudó y decretó unas poquitas pruebas testimoniales, porque como el proceso era de aquellos de manejo, yo no los estudiaba, no tenía preocupación por ese tipo de procesos”, contó Gustavo Moreno.
“La instrucción de Pacho fue que ganáramos tiempos aplazando”, pues el cartel sabía que era muy probable que por las pruebas en el proceso Lucas Gnecco Cerchar terminara condenado más adelante. “Pacho me decía: ‘pida el aplazamiento que yo hablo con Malo’, y nos daban el aplazamiento” dijo en su declaración Moreno.
Lo cierto es que, frente a semejante escándalo, el senador Gnecco ha guardado silencio y no ha tenido la gallardía de salir a los medios a desmentir tal acusación, situación que le juega en contra puesto que bien dicen que el silencio también es una respuesta.
Ciro Pupo

A Ciro Pupo Castro lo llamaron a la campaña del Mello Castro, y ante el asombro de muchos, lo nombraron su jefe político, a pesar que es uno de los peores alcaldes que ha tenido Valledupar, pero Pupo Castro tiene un talento que lo llevó a ser reconocido como ‘el rey de la mentira en política’. Esta afirmación la sustenta el hecho de haber llegado a la alcaldía de Valledupar en la campaña del 2004, logrando 47 mil votos basados en promesas a la población vulnerable.
Ciro Pupo se montó en el poder haciéndole creer a los vallenatos que al día siguiente de su posesión iba a erradicar a Electricaribe, lo cual repetía de barrio en barrio en su discurso donde se vestía de indio y decía que no iba a gobernar con caciques sino con los indios, haciendo referencia a cada uno de los habitantes de los barrios pobres de Valledupar. Así llegaba cada noche a barrios como La Nevada, Mareigua, El Páramo, Siete de Agosto, Los Mayales y a muchos otros sectores deprimidos de la ciudad, donde Pupo Castro hacía sonidos con la boca, aullando y llamando a sus indios, diciéndoles que eran su tribu y con ellos iba a gobernar, pero de esas promesas nada se cumplió, puesto que con su administración, Valledupar se convirtió en una ciudad llena de concesiones como la del Tránsito, además inició la construcción de la plaza de vendedores ambulantes, La Granja, de la cual hoy solo quedan las varillas.
La secretaría de Planeación municipal, columna vertebral de la administración, la redujo a solo una oficina asesora, así mismo hizo una restructuración de personal, es decir, sacó personal de carrera administrativa para meter a la de él, lo que le generó demandas millonarias al municipio.
Sin embargo, aún con todos esos fiascos y tratándose de un asunto de familia, y conociéndose bien entre ellos, los Castro mandaron a buscar especialmente al ‘Rey de la Mentira’, para que le diseñara una estrategia al Mello y pudiera llegar a los barrios con su ‘caballito de batalla’, que le creyeran y ganarse los votos de la gente humilde, para eso dijo Ciro “hay que metérseles al rancho”. Fue así como se le ocurrió mandar al Mello a dormir en los barrios de gente humilde y que además de dormir, abrazarla, destapara olla y tomara café, aunque nunca había sido su costumbre.
“Con eso te los echas al bolsillo”, le dijo Pupo al Mello, que se rascó la cabeza por el sacrificio de dejar su confortable habitación de alfombra y aire acondicionado, pero no lo pensó mucho, total, eran solo tres meses de campaña y muchos votos los que podía lograr.
El ‘Ava’, llegó a la alcaldía por su bomba

Otro de los exalcaldes que está como asesor del Mello Castro en su campaña política, y que inmortalizó su nombre como mandatario de Valledupar es Rubén ‘Ava’ Carvajal, porque a pesar de que sabía que estaba inhabilitado se hizo elegir, porque al parecer, tenía su propósito para llegar y no era mucho el tiempo que necesitaba para construir su bomba.
La modificación hecha en el Plan de Ordenamiento Territorial para ajustarse a unas normas exigidas por el Ministerio de Minas y Energía para la construcción de una estación de servicio que hoy funciona en la Avenida Fundación y que se conoce como ‘la bomba de Ava’, era lo que, al parecer, buscaba este hombre.
En sus dos años de gobierno le hizo un desangre a Emdupar. Aprovechando que el gobernador de turno, Cristian Moreno Panezo donó 28 mil micromedidores para que fueran instalados en la ciudad, ‘Ava’ habría utilizado este proyecto como fortín político, iniciando una manada de contratación para poder instalar dichos aparatos, según conocedores del tema era la oportunidad para que la empresa surgiera, sin embargo, allí hubo desorden de contratos, de plata, y hasta de medidores, ya que todos no habrían sido instalados.
Después de presentar varias anomalías en solo dos años de gobierno, fue destituido por la Procuraduría General de la Nación por el incumplimiento en la formulación y ejecución del Plan Municipal de Cultura, dentro del cual se contemplaban metas como la reapertura de la Biblioteca Pública y el Museo Arqueológico, la creación de la Escuela Municipal de Artes y Oficios y la recuperación de la Casa de la Cultura.
El hermano del Mello

Como ‘caballito de batalla’ estuvo usando todo este tiempo el Mello Castro la remodelación de la Plaza Alfonso López, el joven aspirante afirmaba donde iba que en su gobierno no “habría más plazas de mármol”, aun cuando su campaña estaría siendo financiada con recursos de esta obra. Así quedó evidenciado luego que se develaran los documentos que demostraron cómo su hermano José Guillermo Castro manejó importantes recursos de dicho contrato.
La participación del hermano del Mello, se dio en la firma de un contrato de cesión de derechos económicos para recibir los pagos que le correspondían al Consorcio Plaza Alfonso López, representado por Darío José Peinado Acosta, contratista encargado de la obra. Como representante legal de Inversiones TAICO S.A.S., Castro González firmó dicho documento el 15 de junio de 2018, contrato al que se le hizo el reconocimiento de firmas en la Notaría Sexta de Barranquilla, el 6 de agosto del mismo año.
Pero dicha cesión requería ser autorizada por el Municipio de Valledupar, ente que emitió su aprobación el día 30 de agosto de 2018, por un documento de la Secretaría de Hacienda, suscrito por el tesorero municipal Saúl Martínez Arredondo, el representante del Consorcio cedente, y el hermano del Mello Castro.




