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EL PODER DE LA CONFIANZA

Por: ALBERTO LINERO

Sin confianza no podemos ser felices. La incertidumbre que nos atraviesa exige que vivamos de la seguridad que nos da la comprensión de nuestras habilidades y cualidades, para permitir que nos proyectemos como capaces de realizar los sueños que tenemos, resolver los conflictos y protegernos en medio de los desafíos.

Lo primero es confiar en nosotros mismos. Sabernos diestros y capaces. También encontrar relaciones con personas que demuestran ser confiables, y tener una experiencia espiritual que nos haga comprender que la vida tiene sentido. Esto implica trabajar por lo menos en 4 acciones:

1- Evitar miedos irracionales. Tratar de no anticiparse desde miradas apocalípticas. Concentrarse en los peligros reales. Cuando entiendes la realidad no dejas que tus sentidos la distorsionen. Vivir conectados con el presente, con lo que sucede y no con lo que “podría suceder”.

2- Cuidar la calidad de nuestros pensamientos. No podemos consentir esos diálogos interiores que nos llenan de inseguridad y nos hacen sentir que todo va a ser un desastre. Tener un pensamiento optimista, real, centrado en la bondad y el amor, nos genera más confianza. Dejar de pensar en automático es fundamental para poder resolver las situaciones diarias que vivimos.

3- Un lenguaje propositivo y lleno de esperanza. Las palabras tienen un poder que a veces despreciamos. No podemos pretender que la realidad cambie si nuestras palabras están cargadas de pesimismo y destrucción. Nadie que use solamente palabras de miedo y odio puede tener confianza. Estar atentos a las palabras que usamos para vivir, es básico para confiar.

4- Una experiencia espiritual que no nos inhabilite. Las ideas religiosas que parten del desprecio por lo humano y que sospechan de nuestras capacidades, hacen daño y debemos abandonarlas. No podemos confiar si constantemente nos definen desde el pecado, el error y la iniquidad. La espiritualidad debe ayudarnos a descubrir el valor infinito de nuestro corazón. Ningún discurso religioso puede hacernos creer que todo lo que nos da confianza es malo o pecaminoso. Por eso me gusta Jesús de Nazareth, porque celebra la vida y lucha contra el mal en cada situación (Lucas 4, 16-30). Lástima que lo hayan vuelto un tipo triste y taciturno que no genera confianza en el corazón de las personas.

La confianza es necesaria para ser feliz. Sin ella todo estará oscurecido por el miedo. Requerimos entender que podemos superar, asumir y resolver todo lo que vivimos. La confianza echa afuera el miedo que nos genera la incertidumbre. Vivir en el amor es la mejor manera de actuar desde la confianza.

 

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