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Libertad de prensa, el derecho a decir la verdad

Por: FERNANDO ESCOBAR GIRALDO 

Creo y doy por hecho que los seres humanos tenemos “libre albedrío”. Eso significa, la facultad de tomar decisiones a nuestro antojo. Lo de las consecuencias por nuestros actos y/o pensamientos, es otra cosa. Al libre albedrío apuntan doctrinas filosóficas que defienden y promueven la libertad del hombre y la mujer para tomar decisiones sin medir si son malas o buenas, acertadas o equivocadas, influyentes o no influyentes.

Fui a la universidad para estudiar Derecho, pero la vida me llevó a elegir como profesión el Periodismo, actividad que amo, respeto y defiendo con vehemencia. Trato de seguir al pie de la letra los principios y enseñanzas de quienes con sabiduría y mucho análisis han definido la profesión y a quienes la ejercemos. Y he tenido la oportunidad de trabajar para diversos medios de comunicación y compartir con colegas merecedores de admiración por su labor como periodistas. De algunos de ellos he aprendido mucho.

En la actualidad escribo para varios medios de comunicación, siempre siguiendo los cánones que rigen esta profesión y que define muy bien el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 que establece:  “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Esa base de la libertad individual va más allá cuando hablamos de la libertad de prensa, que encierra la libertad de los medios de comunicación y la de los periodistas. Es mi derecho y el de cada individuo poblador de este planeta, decir lo que piensa, denunciar injusticias, compartir información y procurar la reivindicación de un mundo mejor. Es por ello que no puedo callar cuando descubro, investigo y compruebo acciones de personas en cualquier actividad pública o privada que afecten el bienestar, los derechos, la libertad de otros o de un conglomerado. Y para poner en práctica estos principios, existen los medios de comunicación. Tristemente no todos pregonan y cumplen con las normas de una prensa libre. Existen muchos intereses, no todos diáfanos.

Entre quienes leen mis escritos están muchos que los comparten o aprueban, otros que, como es natural, piensan de manera diferente, pero también algunos que se sienten afectados por las denuncias. Y en este medio de comunicación, EJE 21, que me abrió las puertas desde hace varios años, al igual que en la plataforma COLEXRET, he tenido la oportunidad de alertar a la opinión pública acerca de abusos, arbitrariedades, corrupción y demás actuaciones negativas de distintos personajes en mi país, Colombia, y, de manera especial de nuestra región cafetera.

Alguien, a quien no conozco, se las arregló para hacerme llegar un mensaje, más o menos con las siguientes palabras: “Me encargaron decirle que sea más relajado con las columnas que escribe”. Y agregó: “Está dando opiniones sobre temas que no le corresponden. Tenga cuidado”.

No doy más detalles sobre el asunto, el periodista no es, no debe ser protagonista de las noticias, la información, las columnas que escribe y publica. Aunque existen casos extremos en los que la seguridad, la libertad, y hasta la vida del periodista, están en juego. Acuño lo anterior levemente como un comentario de “alguien”, no lo facturo como amenaza, ni siquiera como advertencia, a pesar del “tenga cuidado”. En mi caso, como en el de tantos otros colegas, priman la justicia y la verdad que no podemos callar ni ocultar cuando hemos investigado y disponemos de los argumentos para hacer público lo que muchos quieren esconder.

Defiendo con convicción plena la libertad de prensa. Libertad que muchos políticos, gobiernos, empresarios, e incluso propietarios y directivos de ciertos medios de comunicación, tratan de combatir. Cuando lo hacen, es porque tienen algo sucio, oscuro, negativo que esconder. Y es por ello que un periodista verdadero no puede callarse. No es cuestión de valentía, sino de convicción. Somos de carne y hueso y también experimentamos temores y desaciertos.

Suecia fue el primer país del mundo en adoptar la libertad de prensa en su constitución con la Ley de Libertad de Prensa de 1766, aunque no fue el primero en aplicarla, ya países como Inglaterra a finales del siglo XVII utilizaban más o menos este concepto. Está protegida por la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, redactada en 1791.

De acuerdo con Reporteros Sin Fronteras, más de un tercio de la población del mundo vive en países en los que no hay libertad de prensa. Mayoritariamente, esta población vive en países en los que no hay un sistema democrático, o donde este tiene serias deficiencias, como en nuestra Colombia. El concepto de libertad de prensa es extremadamente problemático para estos países (y/o gobiernos), ya que en la Edad Moderna el control estricto del acceso a la información se vuelve crítico para su subsistencia.

En Colombia la libertad de prensa es golpeada por el mismo Estado, por la llamada “clase dirigente”, por muchos portadores de un uniforme militar, por grupos extremistas y, con toda facilidad, hasta por la delincuencia común. En un artículo sobre el tema publicado por la Universidad de la Sabana, se explica que en la época actual, “las presiones a la prensa (en Colombia) son de otro estilo: una presión más inteligente y menos evidente. Algunas formas de abuso contra el periodismo son las “chuzadas”, el espionaje ilegal, las extrañas judicializaciones, las interceptaciones y la “autocensura” por intereses financieros”.

Del mismo artículo copio esta elocuente frase: “Cuando callan a un medio de comunicación es una oportunidad menos que tiene el ciudadano de enterarse de la verdad y de tomar decisiones con libertad”.

La prensa libre no puede ser acallada (eso es: ni silenciada, ni enmudecida, ni amordazada, ni callada). Y si un periodista o un medio de comunicación es silenciado con mecanismos como los anteriores, o con otros, siempre habrá otro que continúa la misión.

La UNESCO es el organismo de las Naciones Unidas que tiene el mandato de promover “la libre circulación de ideas por medio de la palabra y de la imagen”, por lo que fomenta la creación de medios de comunicación libres, independientes y pluralistas difundidos a través de cualquier plataforma o formato. Según esta entidad: “El desarrollo de los medios favorece la libertad de expresión y contribuye al fortalecimiento de la paz, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la lucha contra la pobreza”.

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