Por: Isaías Celedón Cotes
“Tu sed de sobrevivir en el futuro Te impide vivir en el presente» Lao tse
Hay una evidencia que se presenta ante nosotros de manera rotunda: todo está sujeto a un proceso de cambio. En otras palabras, a pesar de la aparente estabilidad de lo que nos rodea, nada permanece igual a sí mismo.
La idea de impermanencia puede generar reacciones diversas en nuestro interior: desasosiego, indiferencia, excitación o curiosidad.
Si todo se transforma y nosotros mismos somos protagonistas de la fugacidad de la existencia, es lógico que la filosofía se plantee esta cuestión como un problema. En la doctrina budista la impermanencia viene a ser como una ley general que afecta a todas las cosas. Dicha ley es observable en las estrellas, en las plantas y animales, en los seres humanos, en los sistemas políticos o en los ciclos económicos.
En éste orden de ideas y en éste proceso inevitable; hay momentos de expansión y triunfo y, lógicamente, momentos asociados a la desintegración y al fracaso.
La energía física y mental también está sujeta a la impermanencia.
Desde el punto de vista físico y mental, podemos dejarnos llevar por los ciclos cambiantes. Si el ciclo es positivo, nos sentiremos satisfechos y si es negativo experimentaremos una sensación de fracaso. No obstante éste planteamiento vital es un error, pues supone no aceptar que las cosas fluyen y que su esencia consiste en dejar de ser lo que son. El supuesto éxito puede estar vacío de contenido y el supuesto fracaso puede estar lleno de enseñanzas positivas. La impermanencia consiste en entender la inevitabilidad de la existencia al margen de la idea de placer o dolor. En nuestra cultura occidental nos guiamos por el binomio éxito-fracaso.Para recapitular diremos:Todos los eventos físicos y mentales, nacen y se disuelven.
No es la impermanecia lo que nos hace sufrir sino querer que las cosas sean permanentes.
La vida humana encarna este flujo en el proceso de envejecimiento, el ciclo de nacimiento y muerte repetidos, nada dura eternamente y todo decae…


