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La ventana marroncita y el fríjol de dulce mandan la parada durante la Semana Santa en La Junta

Hay muchas personas que disfrutan los carnavales en La Junta y en su pueblo siamés: Curazao. Y la mayoría quiere regresar también en Semana Santa, pero deben sortear el complot que le arman sus pequeños hijos por la viajadera y, por eso, a pocos les toca quedarse en la casa con la familia; sin embargo, el enorme flujo de turista que llega a La Junta en esos días santos es muy superior al que llega en carnavales, que es bastante. La Junta ha estado de moda, desde la muerte de Diomedes Díaz y el placer de visitar al pueblo se avivó más gracias a la novela sobre El cacique de La Junta, que produjo y transmitió el canal de televisión RCN. Ahora, todos hacen cola para tomarse una foto en la ventana marroncita, la de la vida real, que está diagonal al Parque del Cacique; ya los turistas olvidaron la otra ventana marroncita, la de la novela, cuya casa queda unas cuadras más abajo, frente al Parque Simón Bolívar. Ambas, por supuesto, quedan en La Junta.

No sólo la ventana marroncita

Los turistas que llegan a La Junta deseosos de conocer sobre la vida de Diomedes Díaz también visitan la Casa Museo de Rosa Elvira Díaz Mejía (“Y Rosa Elvira, Rosa Elvira, que es la mayor de esta familia tan bonita”: Diomedes Díaz en su canción ‘Entre placer y penas’), donde los atienden la propia hija del Cacique con su madre, Bertha Mejía. Cruzando el río, se va hasta Carrizal, finca donde nació Diomedes. Allí los atiende Luis Alfredo Sierra (“el hombre que sopla las F-100”, como lo saludaba El Cacique en sus discos), quien hizo parte del conjunto Los Jota Jota (Juventud Juntera), donde Diomedes Díaz hizo sus primeros pininos como cantante.

Afortunadamente, la hospitalidad juntera ha sido una constante desde hace siglos, traída con los primeros españoles que llegaron a la zona a fundar sus hatos ganaderos. Esta vez, la gente aprovecha también para tomarse fotos con los protagonistas originales de la vida de El Cacique de La Junta. El río que separa al pueblo de su vecino Curazao, está seco por la inclemencia del clima: los turistas se pierden en Semana Santa de ese atractivo natural, que es el balneario El Salto, pero no les importa porque ellos lo que quieren es sentir el mismo aire que respiraron Diomedes y Patricia. “Ejooo, ese pueblo se va a hundí hoy”, dice, casi siempre, un habitante de San Juan del Cesar, que vive en la salida para La Junta, asombrado por la cantidad de carros que pasan hacia la tierra del difunto cantante de música vallenata.

La parada del fríjol de dulce

Los junteros dispersos en los cuatro puntos cardinales del planeta viven, sin embargo, otros afanes en Semana Santa. Hay una tradición que, por muchos años, algunos pensaron que era sólo juntera; no obstante, la contundencia de los hechos muestra que esa costumbre se vive intensamente en todo lo que era antes la Provincia de Padilla. Se trata del fríjol de dulce. Y solo se comen (o se toman porque es una crema) en Semana Santa. La costumbre juntera es que, desde el primer Viernes de Cuaresma y hasta el Viernes Santo, semanalmente, la crema o sopa de fríjol de dulce se usa para acompañar el pescado o marisco que se impone ante la prohibición católica de comer carnes en esos días. Es el plato que añoran los junteros diseminados por el mundo.

Cómo se prepara

Se pone a cocinar el fríjol rojo hasta ablandarlo. Mientras esto sucede, también se cocina, aparte, el plátano maduro con canela: algunos lo endulzan con azúcar; otros, con panela, que es lo tradicional en La Junta. Una vez el grano está blando, se muele: la modernidad hace que ahora se licúe. Ya molido, se echa en la misma agua con el plátano maduro, se le agrega leche y se deja hervir. Al vertir la masa del grano con los plátanos y la leche, algunas personas le echan unos cuantos granos enteros de fríjol, que se dejaron sin moler o licuar.

También en Cuba

En internet se consigue esta sorpresa sobre el tema: “El caso es que, desde muy pequeña, sé de este delicioso platillo, principalmente consumido durante el Viernes Santo. A pesar de que no había celebración especial alguna a propósito de esa fecha, mi mamá siempre lo preparaba en grandes cantidades. La idea era comerlo en familia y también compartirlo con los vecinos”. Los junteros no pueden creerlo, parece que lo hubiese escrito cualquiera de ellos, pero no, es una cubana residente en Miami: “Los frijoles dulces a lo cubano — o frijol con dulce, al decir de mi madre— son un postre realmente diferente. Creo que surgieron en el Oriente de la isla, y digo creo porque cada vez que hablaba de ellos en La Habana la gente me miraba con desconcierto. Incluso, ya viviendo en Miami, he comprobado que sólo los orientales conocen esta receta”.  Solo habría que cambiar “La Habana” por “Barranquilla” o “Antioquia” o “Bogotá” para que se pensara que fue escrito por alguien de la antigua Provincia de Padilla colombiana.

La diferencia es que Migdalis Pérez, la autora cubana de esas líneas, dice que se debe usar habichuelas blancas: en el sur de La Guajira colombiana se usa fríjol rojo. Generalmente, en La Junta se sirve acabado de bajar de la olla. Y se toma humeante con cuchara: el que queda, se toma en la tarde al clima. Con la popularización de la nevera, algunos lo beben frío y también es delicioso.

Sería bueno que los turistas que llegan en esta Semana Santa a La Junta, atraídos por el recuerdo de Diomedes Díaz, tuvieran la oportunidad de probar esta placentera crema. Ojalá porque, como escribe la cubana Migdalis, “es que me gustan tanto que, muchas veces, lejos de constituir un postre, son mi almuerzo o mi cena. Es que, frente a este plato, pocas veces me puedo resistir”.

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