Por: Alix Belinda Castro
Director del Programa de Comunicación Social de Areandina – Sede Valledupar
Hace unos días, en un grupo de WhatsApp del que hago parte, surgió una conversación interesante sobre la lectura. Se hablaba de los espacios que existen para leer, pero también de esas personas que llegan a la adultez sin haber desarrollado ese hábito, estamos en una ciudad donde difícilmente vemos personas leyendo. Es una realidad que está ahí, todo el tiempo, a la vista de todos.
Yo, que siempre hablo de comunicación, no puedo dejar de pensar que no se puede hablar de esta sin hablar de la lectura. Leer es la base de todo. La lectura constituye la base del proceso comunicativo: nos proporciona herramientas cognitivas esenciales, fortalece la escritura, enriquece la oralidad y amplía nuestro horizonte crítico. La lectura nos da herramientas esenciales para la vida real: vocabulario, comprensión, argumentos, creatividad.
Y ahí viene el gran reto, en Valledupar, muchos jóvenes no escriben bien. Tienen bases gramaticales frágiles, les cuesta expresarse y lo más preocupante, no les gusta leer. Las dificultades gramaticales, la pobreza léxica, la falta de comprensión lectora y la escasa capacidad de argumentación no solo limitan el desempeño académico, sino que inciden directamente en su proyección profesional. Porque más allá del conocimiento técnico, saber expresarse con claridad es un diferencial clave en los entornos laborales actuales.
Y aunque una persona pueda ser muy competente en su campo, si no logra comunicar sus ideas de forma efectiva y profesional, puede ser subestimada.
¿Y de dónde viene todo esto? Pues, en gran parte, de casa. Si los niños no crecen viendo libros, si nadie les lee cuentos, si no ven a sus papás hojeando un periódico, leyendo noticias o disfrutando una novela, es difícil que ese amor por la lectura florezca. Y ahora, con todo lo digital, sí, incluyendo a nuestro querido amigo ChatGPT, los retos son todavía mayores, sin contar la hiperconexión de los más pequeños, que les han reemplazado los libros por pantallas.
Esta no es solo tarea de los colegios, es responsabilidad de todos, sobre todo de los padres. Si no cultivamos en las nuevas generaciones el amor por la lectura, nos enfrentaremos a una realidad preocupante, generaciones funcionalmente analfabetas. Y eso, en un territorio como el nuestro, no solo frena el desarrollo, lo echa para atrás.
Leer (todavía) importa. Y mucho.




