Durante los últimos meses, el senador guajiro Alfredo Deluque Zuleta ha liderado un discurso frontal y en tono elevado contra el Gobierno Nacional, particularmente contra el presidente Gustavo Petro, a quien acusa de maquillar cifras y apropiarse de proyectos que no le corresponden. Pero más allá del tono, la ciudadanía se empieza a preguntar: ¿cuántas veces ha sido congresista Deluque? ¿Y qué ha hecho realmente por La Guajira?
Tres periodos en el Congreso, ¿y los resultados?
Deluque Zuleta lleva más de doce años ocupando curules en el Congreso de la República. Fue Representante a la Cámara entre 2010 y 2014, y desde entonces ha sido elegido tres veces consecutivas como senador de La Guajira (2014–2018, 2018–2022 y 2022–2026).
Sin embargo, al revisar su historial legislativo, no se encuentra un solo proyecto emblemático que haya transformado estructuralmente el departamento. No existe una ley de su autoría que haya mejorado la educación, la salud o el desarrollo económico del territorio. Ni siquiera una política integral para los pueblos indígenas Wayuu.
El doble discurso: exige a otros lo que nunca hizo
En un informe reciente, Deluque critica al Gobierno Petro por supuestos “proyectos reciclados”, “cifras infladas” y apropiación indebida de iniciativas anteriores. Pero los ciudadanos en redes no tardaron en responderle:
“En tres periodos en el Congreso no tiene un solo proyecto de impacto para el departamento… se la pasa criticando, pero no hace nada”, escribió el usuario Manuel Arrego.
“No dimensiona ese congresista que el pueblo guajiro también deseaba de su parte esa misma entrega en todos aquellos momentos de desórdenes de inversión y ejecución de recursos por parte de la Gobernación y las alcaldías…”, agregó Juan Pueblo Colombiano.
La frase popular “ni lava ni presta la batea” parece describir a la perfección el rol que ha jugado el senador en la política guajira: no resuelve, pero tampoco deja que otros lo intenten.

¿Dónde estaba Deluque cuando La Guajira se caía?
Entre 2015 y 2022, mientras ocupaba un cargo privilegiado en el Senado, La Guajira ocupó el penúltimo o último lugar en todos los índices de desarrollo del país, según el DANE y el Departamento Nacional de Planeación:
- Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI): 63% de la población en pobreza multidimensional (2022).
- Cobertura de acueducto en zona rural: 11%.
- Desnutrición infantil: 142 casos de muertes reportadas entre 2016 y 2021.
- Educación básica y media: más del 40% de los niños no termina el bachillerato.
Durante ese periodo, no se conocieron acciones visibles ni denuncias firmes del senador contra la corrupción departamental, ni mociones de control para exigir mejores condiciones presupuestales. Su silencio fue constante mientras gobernadores de cuestionada reputación manejaban el erario.
Cuando Petro invierte, él denuncia. Cuando otros roban, guarda silencio.
Las recientes inversiones anunciadas por el Gobierno Nacional han sido puestas bajo la lupa por Deluque, quien ha llegado a decir que “todo es maquillaje”. El Gobierno asegura más de $700 mil millones en energía solar para comunidades Wayuu, $93 mil millones para acueductos y rehabilitación de 176 sistemas, $40 millones de dólares para el nuevo hospital de Riohacha con apoyo de Emiratos Árabes Unidos y $63 mil millones en conectividad, incluyendo fibra óptica.
A todas estas inversiones, el senador les encuentra un “pero”. Aun cuando reconoce avances, como el hospital de Nazareth, acusa al Gobierno de “mentiroso” y “apropiador de ideas ajenas”.
Sin embargo, durante los periodos en que su grupo político controló gobernaciones y alcaldías, no se les vio la misma indignación frente a obras inconclusas, contratos direccionados, sobrecostos y abandono total en zonas como Uribia, Manaure o el sur del departamento.

¿Qué representa hoy Alfredo Deluque para La Guajira?
Más que una voz de oposición, Deluque parece haber adoptado el papel de crítico sin propuestas.

Riohacha, su tierra natal, sigue sufriendo por falta de agua potable, calles destruidas, hospitales en crisis y escuelas improvisadas. Si algo queda claro, es que los problemas de La Guajira no empezaron con Petro, pero Deluque nunca los ayudó a resolver.
¿Oposición legítima o cálculo político?
Nadie discute que el Gobierno Nacional debe ser vigilado y que toda inversión pública debe tener control. Pero cuando la crítica viene de quien ha tenido el poder, el tiempo y los recursos para transformar y no lo hizo, pierde autoridad moral y se convierte en oportunismo.
En un territorio golpeado por el hambre, el abandono y la corrupción, los guajiros no necesitan discursos ruidosos. Necesitan líderes que propongan, gestionen y respondan. Y hasta ahora, Alfredo Deluque ha sido todo lo contrario.


