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El florero de Llorente

Hace 215 años, un simple florero se convirtió en el detonante de un levantamiento que cambió el rumbo de la historia. La negativa del comerciante José González Llorente a prestarlo para un banquete fue el pretexto que encendió la chispa de la independencia. Hoy, en el Cesar, un nuevo “florero” amenaza con provocar su propia tormenta política, y su portador es nada menos que el exalcalde José “Mello” Castro, ahora conocido como el “Mello Multa”.

La historia nos recuerda que las revoluciones rara vez se inician por el objeto en disputa, sino por las tensiones acumuladas y los intereses enfrentados. En 1810, el rechazo de un adorno fue apenas el catalizador de un descontento profundo contra la Corona española. En 2025, el “florero” del Mello Multa podría convertirse en la excusa para que se reconfiguren las lealtades, se rompan alianzas y se destapen rencores dentro de dos estructuras políticas que dominan el Cesar: la Casa de Gobierno departamental y los círculos de poder del Partido Liberal.

La situación es clara: el Mello Multa, históricamente cobijado por el Partido de la U, explora también el terreno Liberal para llegar a la Cámara de Representantes en 2026. Pero el camino no es llano. En la U, el actual representante José Eliécer Salazar López,  tiene su propia aspiración de repetir curul. En el Liberalismo, Carlos Felipe Quintero Ovalle defiende con uñas y dientes un espacio que su grupo ha ocupado por más de una década. Cualquiera que reciba el “florero” de aval, provocará la ira del otro.

En esta trama, el verdadero poder de decisión no está en las bases, sino en la cúpula: la Casa Gnecco. Lo que se defina en ese círculo, lo acatará la gobernadora Elvia Milena Sanjuán, y de allí dependerá si el Mello destrona a Eliécer en la U o a Quintero en el Liberalismo. La política cesarense, tan dada a las alianzas cruzadas, vive un momento de tensión que puede parecer menor, pero que es capaz de sacudir las estructuras de confianza y lealtad que mantienen el edificio del poder en pie.

El Mello carga con un historial político marcado por controversias: las Fotomultas, la Concesión del Tránsito a particulares, y la polémica modificación del POT de Valledupar. Eliécer, por su parte, arrastra cuestionamientos por contratos en la Casa Departamental. Ninguno llega con un expediente libre de sombras, pero en política, las heridas más recientes suelen doler más.

Y ahí está el punto central: en 1810, el florero de Llorente no importaba por su valor, sino porque representaba un símbolo de dignidad y poder. Hoy, el “florero” de la política cesarense es el aval para una curul en la Cámara. Entregarlo no será un simple trámite; será un acto que definirá alianzas, enemistades y, quizá, el rumbo de la política local en los próximos años.

En un escenario así, no cabe ingenuidad. Si la Casa de Gobierno opta por entregar el florero al Mello Multa, deberá estar lista para enfrentar la rebelión de quien lo vea como una traición. Y si decide sostener a sus actuales portadores, tendrá que lidiar con el resentimiento de quien, sintiéndose heredero legítimo, vea negada su oportunidad.

En política, como en la historia, a veces basta un florero para que todo cambie.

 

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