Nicolás Maduro, ofreció este lunes primero de septiembre en Caracas una rueda de prensa ante corresponsales internacionales, en medio de la escalada de tensiones con Washington por el despliegue de buques de guerra estadounidenses en aguas cercanas al Caribe. El gobernante calificó esa movilización militar ordenada por Donald Trump como “la mayor amenaza que se haya visto en la región en los últimos cien años”.
Pese a esa advertencia, Maduro buscó proyectar un tono menos confrontativo. Señaló que no mantiene animadversión personal hacia el presidente estadounidense y que, a pesar de sus profundas diferencias ideológicas, Venezuela podría convertirse en un aliado de EE. UU. si existe voluntad de paz.
En ese sentido, aseguró que su país tiene experiencia en la lucha contra el crimen organizado y ofreció cooperación directa a Washington en materia antidrogas. Dijo que la Superintendencia Nacional Antidrogas, los cuerpos policiales y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana estaban “a la orden” para dar “resultados concretos” contra estas redes. Esto, pese a que el propio gobierno estadounidense lo acusa de liderar el denominado Cartel de los Soles y mantiene sobre él una recompensa de 50 millones de dólares por narcotráfico.
Maduro insistió en que las acusaciones internacionales buscan “satanizar” su figura y negó que en Venezuela exista un régimen, afirmando que no aceptará imposiciones extranjeras ni modelos ajenos. Al mismo tiempo, advirtió que, si el país llegara a ser agredido, se abriría un periodo de “lucha armada”, respaldado en el alistamiento de milicianos promovido por su gobierno como parte de la “máxima preparación para la defensa de la patria” frente a lo que denomina “amenazas imperiales”.
Cerró su mensaje subrayando que Venezuela “jamás cederá ante chantajes ni presiones” y que está lista tanto para cooperar como para resistir cualquier agresión.


