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Jaider Daza Bolaño: el verso que esperó su tiempo para reinar 

Es bien sabido que en la piquería no basta con rimar bien. Hay que pensar rápido, tener temple, dominar el escenario y, sobre todo, saber esperar. Jaider David Daza Bolaño entendió eso durante años, quizás sin saber que esa paciencia, la misma que pule al verseador, sería la que terminaría coronándolo como Rey de la Piquería Mayor en el Festival de la Leyenda Vallenata 2026. 

Un camino de 14 años

A sus 33 años, este hijo de San Juan del Cesar, nacido un 26 de septiembre, no llegó a la cima de un salto. Lo hizo paso a paso, verso a verso, escenario tras escenario, en una carrera que comenzó en 2012 y que estuvo marcada por pausas, aprendizajes y, sobre todo, por una presencia constante en el corazón del vallenato: Valledupar. “Ser rey de la piquería es el sueño de todo verseador”, dice con la serenidad de quien ya no necesita demostrar nada. Y no es una frase de cajón. En su voz hay historia: 14 años de intentos, de ir y venir, de competir unas veces y otras no, de acompañar procesos ajenos mientras el suyo maduraba en silencio.

El campeón detrás de otros campeones

Porque si algo define la historia de este bachiller del colegio María Auxiliadora, de San Juan del Cesar, no es solo su talento como improvisador, sino su papel en la sombra de otros triunfos. Antes de coronarse rey, ya sabía lo que era ganar, pero desde otro lugar. En 2024 y 2025, fue pieza clave para que dos acordeoneros se alzaran con la corona profesional del Festival: primero, junto a Jaime Luis Campillo y, luego, con Iván Zuleta. En ambos casos, su voz, su respuesta ágil y su capacidad para sostener el espectáculo en la tarima fueron parte esencial de esos títulos.

Jáider Daza era, en otras palabras, un campeón sin corona propia. Esa dualidad (ser protagonista y soporte al mismo tiempo) habla de una dimensión humana que muchas veces pasa desapercibida en los reflectores del Festival. Este hijo de Jesús Daza Coronado y de Gilma Bolaño Mangarez fue, durante años, el que impulsaba el brillo de otros, el que ayudaba a construir coronas ajenas, el que entendía que el éxito en el vallenato también se teje en colectivo.

El tiempo de Dios

Y, sin embargo, había una deuda pendiente: la suya. “Yo dije: voy a ganar en el tiempo de Dios”, recuerda. No lo dijo desde la ansiedad, sino desde la convicción. Y ese tiempo, curiosamente, llegó cuando su vida alcanzaba lo que él mismo llama “la edad de Cristo”: 33 años.

El símbolo no es menor en un hombre que habla de fe con naturalidad. Para él, el triunfo no es solo el resultado de una competencia, sino la confirmación de un proceso. De haber salido de San Juan del Cesar, de haberse instalado en Valledupar en 2014 buscando oportunidades, de abrirse camino en un mundo donde el talento abunda pero la consagración es esquiva.

La noche de la consagración

En el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, la final fue una síntesis de todo eso. Frente a rivales de alto nivel como Starlin Periñán Silva, Daza respondió con lo que mejor sabe hacer: versos improvisados cargados de humor, crítica, picardía y tradición. No hubo titubeos. No hubo dudas. Solo oficio.

Ese oficio que se construye en años de tarima, en festivales menores, en madrugadas de ensayo, en derrotas que enseñan más que los aplausos. El jurado lo entendió. El público también. Y, entonces, llegó el momento que tantas veces había ayudado a vivir a otros: la proclamación. La corona. El título que lo convierte en el mejor verseador mayor del país en la máxima cita del vallenato.

La corona vuelve a casa

Desde la tarima, no olvidó sus raíces. Envió un saludo a su tierra sanjuanera, a ese lugar donde empezó todo y al que ahora regresa con el honor más alto de la piquería. “La corona está allá”, dijo, como quien sabe que ningún triunfo es completamente individual. Hoy, Jaider Daza Bolaño ya no es solo el acompañante de reyes ni el talento que prometía. Es, por fin, el rey de su propia historia. Y lo es, precisamente, porque supo esperar.

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