La primera vuelta presidencial de 2026 dejó una de las derrotas políticas más contundentes para el Centro Democrático en el Cesar. La candidatura de Paloma Valencia, que contaba no solo con el respaldo de su partido sino también con sectores del Partido Conservador, Liberal, Cambio Radical, La U y Mira, terminó convertida en una fuerza marginal en un departamento donde hace apenas cuatro años la derecha tradicional todavía conservaba capacidad de competencia.
La comparación con 2022 resulta inevitable. En aquella elección, Federico Gutiérrez obtuvo 80.791 votos en el Cesar y se ubicó como la tercera fuerza política del departamento. Aunque quedó lejos de Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, logró consolidar una votación importante que lo convirtió en una alternativa real para amplios sectores del establecimiento político regional. Cuatro años después, Paloma Valencia apenas alcanzó 11.898 votos, equivalentes al 2,46 % de la votación departamental. La caída es de casi 69.000 votos frente a la marca obtenida por Federico Gutiérrez en la primera vuelta de 2022.
Lo llamativo es que la candidata uribista llegó a la contienda con una estructura política aparentemente más favorable. Además del respaldo natural del Centro Democrático, contó con el liderazgo regional de la senadora cesarense Claudia Margarita Zuleta, una de las figuras emergentes del partido en la Costa Caribe. Sin embargo, la maquinaria electoral que acompañó a la parlamentaria no logró traducirse en votos presidenciales.
Una elección absorbida por la polarización
La explicación principal parece estar en la extrema polarización que caracterizó la elección de 2026. Mientras en 2022 el escenario estaba repartido entre Gustavo Petro, Rodolfo Hernández y Federico Gutiérrez, esta vez la competencia quedó prácticamente reducida a dos candidaturas: Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. Los números son elocuentes. Cepeda obtuvo 224.457 votos y De la Espriella 223.840, una diferencia de apenas 617 sufragios en todo el departamento. Entre ambos concentraron más del 92 % de la votación válida.
En medio de esa disputa, la candidatura de Paloma Valencia quedó sin espacio político. Muchos votantes de centroderecha y derecha terminaron migrando hacia la opción de Abelardo de la Espriella, mientras sectores progresistas se alinearon detrás de Iván Cepeda. El resultado fue una elección prácticamente binaria en la que el Centro Democrático desapareció como actor relevante.
Valledupar refleja la tendencia
La capital del Cesar ofrece una fotografía precisa de lo ocurrido. En 2022, Federico Gutiérrez consiguió 37.490 votos en Valledupar. Era una cifra considerable que lo mantenía en competencia frente a Petro y Hernández. En 2026, Paloma Valencia apenas obtuvo 4.668 votos, mientras Cepeda alcanzó 89.773 y De la Espriella 84.650.
La diferencia muestra cómo el electorado que históricamente se identificaba con el uribismo optó esta vez por votar útil y concentrarse en la disputa principal entre los dos candidatos que tenían posibilidades reales de avanzar.
Los municipios donde perdió hasta el tercer lugar
Pero quizás el dato más preocupante para el Centro Democrático está en varios municipios donde ni siquiera pudo conservar el tercer puesto. En Pailitas, Paloma Valencia fue superada por Raúl Santiago Botero, quien obtuvo 176 votos frente a los 140 de la candidata uribista. La misma situación se presentó en Pelaya, donde Botero alcanzó 150 sufragios mientras Valencia obtuvo 104. Y en San Martín la diferencia fue todavía más amplia: Botero registró 466 votos y Paloma Valencia 340.
Estos tres municipios reflejan la profundidad de la crisis electoral del partido. No se trata únicamente de haber quedado lejos de los dos candidatos punteros; también perdió terreno frente a candidaturas minoritarias que carecían de estructuras políticas comparables.
Un reto para Claudia Margarita Zuleta y el uribismo regional
Los resultados dejan preguntas inevitables para el futuro del Centro Democrático en el Cesar. La elección legislativa había mostrado que el partido conservaba capacidad de movilización gracias al liderazgo de Claudia Margarita Zuleta. Sin embargo, la elección presidencial demostró que una cosa es votar por una dirigente regional y otra muy distinta respaldar la marca nacional del partido.
La primera vuelta de 2026 deja así una conclusión contundente: el uribismo pasó de ser una tercera fuerza competitiva en el Cesar a convertirse en una expresión política marginal dentro de una contienda dominada por la confrontación entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.
Más que una derrota electoral, para el Centro Democrático el resultado representa una señal de alarma sobre su capacidad de seguir siendo una fuerza determinante en uno de los departamentos donde históricamente había logrado mantener presencia política.



