Meses después de terminada la prolongación de la Avenida Sierra Nevada para conectarla con el Anillo Vial Circunvalar de Occidente, el Semanario La Calle volvió a buscar a los protagonistas de una de las historias sociales más complejas que dejó esta obra. Aquellos vecinos que en 2025 temían quedarse en la calle hoy hacen un balance de lo que ocurrió con sus vidas. Algunos lograron comprar vivienda y comenzar de nuevo. Otros todavía se adaptan al cambio. Y quienes permanecieron en el sector celebran una victoria que parecía imposible: el reemplazo completo del viejo alcantarillado que amenazaba con quedar enterrado bajo el nuevo pavimento.
Del miedo a la expropiación a una nueva vida
Ramiro Brito
Durante buena parte de 2025, los habitantes de La Roca del Valle y Nuevo Amanecer protagonizaron una intensa discusión pública alrededor de las adquisiciones prediales necesarias para permitir el encuentro entre la Avenida Sierra Nevada y la Circunvalar de Occidente. En aquella época abundaban las preguntas y escaseaban las respuestas. Los vecinos denunciaban falta de socialización, ofertas económicas insuficientes y el temor de terminar desplazados nuevamente después de haber construido durante décadas sus hogares.
Uno de los casos más recordados era el de Ramiro Brito. En octubre de 2025 le contó a La Calle que los habitantes se sentían abandonados y que nadie les explicaba claramente qué iba a pasar con ellos. Hoy su realidad es diferente. Consultado por este medio sobre cómo le ha ido después de la venta de su vivienda, respondió desde el sector Altos de Pimienta donde actualmente reside. “Bien, gracias”, dijo. ¿Pudieron comprar una casa adecuada? “Sí”. ¿Está contento? “Claro”.
Tres respuestas cortas que contrastan con la incertidumbre que expresaba hace apenas unos meses y que muestran que, al menos en su caso, el proceso terminó permitiéndole rehacer su proyecto de vida.
“Nos pagaron bien la casa”
Alexandra de la Hoz
Otra de las voces que más resonó durante la controversia fue la de Alexandra de la Hoz, habitante de Nuevo Amanecer. En 2025 denunciaba que la comunidad había sido informada cuando la obra prácticamente ya estaba encima de las viviendas. Hoy observa el proceso desde otra perspectiva. Actualmente, reside en La Guajira por motivos laborales junto a su esposo e hijo, mientras su madre ocupa la vivienda adquirida tras la negociación con el proyecto vial.
“Personalmente, yo le digo que a nosotros nos fue bien con la venta de la casa”, aseguró. Alexandra recuerda que la vivienda que poseían era una construcción modesta. “Si usted se acuerda donde yo vivía era una media agua, prácticamente. Sí, estábamos muy bien ubicados, para qué le digo que no. Nosotros no nos queríamos ir de ahí porque nosotros crecimos ahí, ese es nuestro barrio de infancia”. Sin embargo, considera que la compensación fue justa. “Sentimos que nos pagaron bien la casa. Nos pagaron bien la casa por lo que teníamos. Siento que la plata que nos dieron era congruente con lo que nosotros teníamos”; incluso, asegura que el dinero alcanzaba para adquirir una vivienda formal y con documentación legal. “Sí tuvimos la opción de haber comprado legal. Sí nos alcanzaba lo que nos dieron para haber comprado legal”.
Finalmente, su madre optó por adquirir una vivienda en Bello Horizonte, buscando que una parte del dinero le quedara disponible para otros proyectos personales. “Fue decisión personal de ella. Quería que le quedara un poco de plata”. Aunque reconoce que el nuevo sector todavía enfrenta problemas propios de un asentamiento en proceso de legalización, como dificultades con el acueducto, el alcantarillado y algunos servicios públicos, considera que las condiciones habitacionales mejoraron. “Mi mamá está viviendo en una casa cómoda. Tiene tres cuartos, cocina, sala, patio y dos baños. Para lo que estábamos viviendo nosotros antes, estamos bien”.
La batalla por el alcantarillado sí tuvo resultado
Hernán José Oñate
Pero no todos los habitantes de La Roca del Valle y Nuevo Amanecer tenían que vender sus casas. Quienes permanecieron en el sector tenían otra preocupación: que la administración construyera la nueva avenida sin reemplazar una red de alcantarillado que, según denunciaban, llevaba más de 40 años de servicio. La Calle publicó en varias oportunidades los reclamos de la comunidad.
Hoy los vecinos aseguran que aquella lucha dio resultado. Hernán José Oñate fue uno de los primeros en confirmarlo. “Sí señor, gracias a Dios la cambiaron. Pusieron tubería de ocho pulgadas y se hicieron las cajillas nuevas. Gracias a Dios está funcionando la cosa bien”. Cuando se le preguntó si estaba conforme con la solución, respondió: “Sí señor, estamos conformes con eso”.
Orlando Carreño
Orlando Carreño recuerda que el cambio no llegó fácilmente. “Tuvimos que protestar para que nos cambiaran la nueva tubería”. Según cuenta, la intervención terminó siendo ejecutada por los responsables de la obra. “Estamos muy contentos con el ingeniero, con el dueño de la obra. Quedamos muy contentos. El alcantarillado está nuevo y ya todos estamos conectados. Gracias a Dios”.
La protesta que terminó cambiando las tuberías
Quizás el relato más llamativo es el de Félix Carvajal. Durante las obras fue una de las voces más insistentes en exigir que no pavimentaran encima de una infraestructura sanitaria colapsada. Hoy afirma que la presión de la comunidad terminó produciendo resultados. “Estamos contentos todos los de esta línea porque todos estábamos sufriendo que ya esa vaina se había llenado”.
Félix Carvajal
Recuerda incluso el episodio que terminó desencadenando la solución. “La hija mía atrancó y paralizó los trabajos. No dejaba pasar carros. Vino la Policía. Subieron como 30 policías. El mismo policía llamó y dijo que la gente tenía razón”. Según su versión, ese mismo día se aprobó la intervención. “Y el mismo día pusieron la tubería”. La satisfacción es evidente. “Estamos contentos por eso porque estábamos graves con eso. Con la vieja no estaba funcionando”.
Una historia distinta a la que muchos imaginaban
Jesús Javier Suárez Moscote
El caso de La Roca del Valle y Nuevo Amanecer deja una conclusión interesante. Cuando comenzaron las adquisiciones prediales, muchos habitantes sentían que se encontraban ante una tragedia inevitable. Las intervenciones de la comunidad llegaron incluso a la Asamblea Departamental, donde el diputado Jesús Javier Suárez Moscote lideró debates de control político y cuestionó la falta de socialización y la demora en la gestión predial, advirtiendo que las familias estaban siendo sometidas a una incertidumbre que pudo evitarse con mayor planeación institucional.
Meses después, el panorama es más matizado. No desaparecieron todas las dificultades. Tampoco todos los vecinos vivieron exactamente la misma experiencia. Sin embargo, varios de quienes temían quedar desamparados lograron adquirir una nueva vivienda y comenzar otra etapa de sus vidas. Y quienes permanecieron en el sector consiguieron una mejora que reclamaban desde el principio: un alcantarillado completamente renovado.
La avenida finalmente llegó. Y aunque el cambio obligó a muchos a abandonar el lugar donde construyeron su historia, buena parte de los protagonistas de esta larga batalla hoy parecen haber encontrado algo que durante meses creyeron imposible: tranquilidad.