Hay promesas de campaña y hay realidades que se pavimentan, se siembran y se enseñan. En Becerril, municipio del departamento del Cesar, la administración del alcalde Fabián Martínez ha convertido el lema ‘El Futuro Mejor’ en algo más que un eslogan: en asfalto sobre caminos centenarios, en semillas en manos de campesinos que nunca dejaron de creer en su tierra, y en salones donde la innovación educativa llegó de la mano de alianzas que antes eran impensables para un municipio de su tamaño.
En los últimos meses, tres proyectos de impacto visible han marcado el rumbo de una gestión que apuesta por la conectividad rural, el fortalecimiento del capital humano y el desarrollo agropecuario sostenible. Esta es la crónica de esas obras y lo que significan para la gente que las vive.
La vía del mañana: Casa Blanca y la vereda Mochilanga
Cuarenta años de espera tienen un peso que no se mide en kilómetros sino en oportunidades perdidas, en mercados que no llegaron, en emergencias que tardaron demasiado y en generaciones enteras que crecieron sintiendo que el Estado era un rumor. Ese fue el tiempo que vivió la vereda Casa Blanca, en la zona rural de Becerril, antes de que la maquinaria del municipio abriera una vía que ahora transforma la vida cotidiana de toda la comunidad, todo esto en la administración del alcalde Fabián Martínez.
La obra, ejecutada en el marco del programa ‘El Futuro Mejor llegó a Mochilanga’, no es solo una franja de tierra compactada: es la materialización de un compromiso de gestión que priorizó los territorios más alejados del casco urbano, esos donde los candidatos suelen llegar en época electoral y no vuelven más. En esta ocasión, la historia fue diferente.
Son los propios habitantes de Casa Blanca quienes dan fe del cambio. La nueva vía reduce los tiempos de desplazamiento hacia el municipio, abarata el transporte de productos agrícolas, facilita el acceso de vehículos de emergencia y, sobre todo, rompe el aislamiento simbólico que pesaba sobre la comunidad desde hace décadas. Para los pobladores de la vereda, esta intervención no es infraestructura menor: es la señal concreta de que su voz fue escuchada y esta administración de diferencia, actuó. Los beneficios directos de esta obra son múltiples y de amplio alcance. En primer lugar, la reducción de los costos logísticos para los productores rurales que ahora pueden sacar sus cosechas con mayor facilidad y menor pérdida por deterioro de los alimentos. En segundo lugar, la reactivación económica local al mejorar la conectividad con los mercados del casco urbano y los municipios vecinos. En tercer lugar, el acceso más ágil a servicios de salud y educación. Y, en cuarto lugar, la dignificación de una comunidad que durante cuatro décadas supo esperar.
Se invierte en el aprendizaje
No todos los avances en educación se miden con ladrillos. En la Institución Educativa Ángela María Torres Suárez de Becerril, el progreso llegó en forma de conocimiento, metodologías y una jornada de formación que reunió en un mismo espacio a actores: el sector privado, la cooperación nacional y el gobierno municipal.
Gracias al trabajo articulado entre United Way Colombia, la empresa Drummond y la Administración Municipal de Fabián Martínez, la institución fue escenario de una jornada enfocada en la innovación educativa y el fortalecimiento de los procesos pedagógicos. El ejercicio no fue un evento de vitrina: apuntó directamente a transformar las prácticas en el aula, a dotar a los docentes de herramientas actualizadas y a poner a los estudiantes del municipio en diálogo con estándares de calidad que suelen reservarse para las grandes ciudades.
La alianza tripartita que hizo posible esta iniciativa es en sí misma un logro de gestión. Articular recursos de la empresa privada del sector minero-energético —históricamente presente en el Cesar— con la expertise de una organización como United Way Colombia, que trabaja en el fortalecimiento de comunidades en todo el país, y anclarlos en una política educativa municipal coherente, requiere voluntad institucional y capacidad de negociación. Eso es precisamente lo que la administración puso sobre la mesa.
Los beneficios de esta apuesta se proyectan en el mediano y largo plazo. Una planta docente más capacitada incide directamente en los resultados de las pruebas Saber, en la retención escolar y en la calidad del aprendizaje que reciben los niños y jóvenes de Becerril. En un municipio donde la minería ha concentrado históricamente las oportunidades económicas, elevar el nivel educativo es también una estrategia de diversificación social: las nuevas generaciones necesitan opciones que vayan más allá de un solo sector productivo.
La intervención en la institución Ángela María Torres Suárez es además una señal para otras empresas del territorio: la administración de Becerril está dispuesta a construir alianzas público-privadas que generen valor colectivo. Ese mensaje, cuando se traduce en proyectos concretos, abre la puerta a más inversión social y a un modelo de corresponsabilidad entre Estado y sector privado que el municipio necesita cultivar.
El café que devuelve ilusión: semillas, herramientas y futuro para el campo
En el campo de Becerril hay personas que nunca se fueron. Para esos becerrileros, la administración del alcalde Fabián Martínez llegó con un proyecto cafetero que va más allá de la entrega de insumos: llegó con la promesa de acompañamiento real y sostenido.
El programa de fortalecimiento cafetero contempla la entrega de semillas certificadas, herramientas agrícolas y asistencia técnica especializada, una triada que ninguno de sus componentes funciona bien sin los otros dos. Las semillas sin técnica terminan en cultivos mal manejados. Las herramientas sin semillas de calidad producen poco. Y la asistencia técnica sin materiales es solo teoría en el campo. Aquí, los tres elementos llegan juntos, lo que eleva significativamente las posibilidades de éxito del agricultor.
El café tiene un valor estratégico especial en esta región. Es un producto con mercado tanto nacional como de exportación, con denominaciones de origen que pueden elevar su precio, con demanda creciente en cafeterías de especialidad y con una tradición productiva que en algunos municipios del Cesar ha sobrevivido a décadas de adversidad. Apostar por el café en Becerril no es una decisión caprichosa: es reconocer el potencial de un territorio que tiene las condiciones agroecológicas y la mano de obra dispuesta.
Los beneficios de este proyecto se despliegan en varias dimensiones. A nivel productivo, incrementa los rendimientos por hectárea y mejora la calidad del grano mediante buenas prácticas agrícolas. A nivel económico, fortalece los ingresos de las familias campesinas y reduce su vulnerabilidad ante shocks externos. A nivel social, reactiva la vocación agrícola entre los jóvenes rurales que, al ver una administración que llega con apoyo concreto, reconsideran la posibilidad de quedarse en el campo. Y a nivel ambiental, la caficultura bien manejada contribuye a la conservación de la biodiversidad y al equilibrio hídrico de las cuencas.
La administración Martínez no inventó el campo de Becerril. Simplemente decidió escucharlo, visitarlo y responderle con recursos reales. En esa decisión —aparentemente sencilla pero políticamente difícil— radica la diferencia entre una gestión que habla del campo y una gestión que trabaja con él y eso hizo la administración.
Tres proyectos, tres territorios de impacto —la vía rural, el aula de clase, el cultivo de café— y una administración que ha entendido que gobernar un municipio como Becerril exige ir donde los papeles no llegan solos. El alcalde Fabián Martínez ha construido en poco tiempo una narrativa de gestión que se sostiene en hechos verificables y en testimonios de comunidades que, por primera vez en mucho tiempo, sienten que el Estado llegó para quedarse.
La dirección que ha tomado esta administración —hacia adentro, hacia el territorio, hacia la gente— es la dirección correcta.
En Becerril, como reza su propio lema, pasan cosas buenas. Y cuando las cosas buenas se documentan, se cuentan y se reflejan, también sirven de espejo para que otros municipios del Cesar que ven esta transformación territorial denoten que es posible cuando hay voluntad política y gestión concreta.




