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El Molino, el municipio que avanza sin detenerse

Hay municipios que esperan que el desarrollo llegue desde afuera. Y hay municipios que deciden construirlo desde adentro, con lo que tienen y con la voluntad de un alcalde que entiende que cada día de gestión es una oportunidad para mejorar la vida de su gente. El Molino, en el sur del departamento de La Guajira, es hoy uno de esos segundos.

Rafael Manjarrez Aponte

Bajo el liderazgo del ingeniero Rafael Manjarrez Aponte, la administración municipal ha ejecutado en los últimos meses una agenda de gobierno que toca los tres nervios más sensibles de cualquier comunidad: la seguridad y la convivencia, la infraestructura en salud y el desarrollo agrícola sostenible. Tres frentes distintos, una sola apuesta: que los molineros vivan mejor.

Convivencia en las calles: cuando la prevención es la mejor política

En el municipio de El Molino, la seguridad no se gestiona solo desde el escritorio. La Administración Municipal, a través de la Inspección de Convivencia y Paz y con el acompañamiento de la Policía Nacional, llevó una jornada de prevención y bienestar directamente a las calles del municipio, donde la comunidad transita, vive y se construye como tejido social.

La actividad, que benefició a más de 300 personas, no fue un evento de protocolo. Fue una intervención práctica y directa: orientación a los ciudadanos sobre los diferentes tipos de violencia de género, explicación de las rutas de atención disponibles, entrega de volantes informativos y socialización del número del cuadrante de la Policía Nacional para garantizar atención inmediata ante cualquier situación de riesgo.

El enfoque de género dentro de esta jornada merece un subrayado particular. En municipios pequeños, la violencia de género sigue siendo uno de los fenómenos más subregistrador, en parte porque las víctimas desconocen sus derechos y en parte porque no saben a dónde acudir. La Administración Manjarrez entendió ese nudo y lo abordó de frente: informar es proteger, y proteger empieza por hacer que la comunidad conozca sus herramientas.

El resultado inmediato de esta jornada va más allá de los volantes entregados. Se construyó un puente de confianza entre la ciudadanía y las instituciones —una relación que en muchos territorios del país se ha erosionado y que requiere reconstrucción paciente. Cuando la Policía y la Alcaldía caminan juntas por las calles con un mensaje de cuidado y no de represión, el mensaje que recibe la comunidad es poderoso: las autoridades están aquí para acompañarlos.

Esta apuesta por la prevención como política pública es también una decisión estratégica. Atender un caso de violencia de género o un conflicto vecinal cuando ya está escalado cuesta mucho más —en recursos, en sufrimiento humano, en tiempo institucional— que prevenirlo a tiempo con información, orientación y presencia en el territorio. El Molino ya aprendió esa lección.

 El hospital que resurgió: salud digna para los molineros

Hay obras que se convierten en símbolos. No solo por lo que construyen físicamente, sino por lo que representan para una comunidad que aprendió a desconfiar de las promesas incumplidas. La construcción de la infraestructura física de las áreas administrativas, consulta externa, apoyo diagnóstico y complementario, y sala de partos del E.S.E. Hospital San Lucas es, para los molineros, exactamente eso: un símbolo de que las cosas sí pueden cambiar.

El proyecto no fue fácil. Fue siniestrado en algún punto de su historia, lo que generó retrasos, incertidumbre y una sensación de parálisis que muchos ya asumían como definitiva. Fue la gestión directa del alcalde Rafael Manjarrez Aponte, articulada con la gerencia de la E.S.E. Hospital San Lucas, la que logró destrabar el proceso y reiniciar las obras. 

Las áreas que contempla la obra —consulta externa, apoyo diagnóstico, sala de partos y zona administrativa— representan una transformación integral en la capacidad de atención del hospital. Una sala de partos digna y funcional, en un municipio donde las mujeres embarazadas han tenido que recorrer distancias considerables para acceder a atención especializada, no es un lujo: es una deuda de justicia social que esta administración está saldando.

El fortalecimiento de la infraestructura en salud también tiene efectos en cadena. Un hospital con mejores instalaciones retiene y atrae profesionales de la salud. Reduce las remisiones a otros municipios o departamentos. Mejora los indicadores de mortalidad materno-infantil. Y envía un mensaje inequívoco a los ciudadanos: el Estado invierte en su bienestar. En El Molino, esa inversión tiene nombre y apellido: Rafael Manjarrez Aponte.

Campo resiliente: frijol, sequía y la alianza que cambia las reglas

El cambio climático no es una abstracción en los municipios rurales del sur de La Guajira. Es una realidad cotidiana que se mide en cosechas perdidas, en fuentes de agua que merma, en familias que ven cómo su sustento productivo se vuelve cada vez más incierto. Frente a ese escenario, la administración de El Molino optó por el conocimiento como herramienta de resiliencia.

A través de la UMATA —Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria— de la Alcaldía Municipal, El Molino se articuló con la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, AGROSAVIA, y su Centro de Investigación Motilonia, para desarrollar un Día de Campo en la finca Cabo Aponte. El objetivo era preciso: presentar a los productores del municipio variedades de frijol tolerantes a sequía, evaluadas en parcelas demostrativas diseñadas específicamente para condiciones de déficit hídrico.

La jornada fue técnicamente rigurosa y profundamente práctica. Especialistas de AGROSAVIA guiaron a los agricultores en un recorrido por las parcelas, explicando las características agronómicas de cada variedad, su comportamiento frente al estrés hídrico, su potencial productivo y las recomendaciones de manejo. Pero lo más valioso no fue solo la información transmitida, sino el espacio de intercambio generado: los agricultores compartieron sus experiencias, retroalimentaron a los investigadores y participaron como sujetos activos de la innovación, no como simples receptores.

Esta iniciativa busca impulsar la adopción de materiales genéticos más resistentes, mejorar la productividad del cultivo de frijol y contribuir a la seguridad alimentaria y la sostenibilidad económica de las familias rurales. En un municipio donde la agricultura es fuente principal de ingresos para un porcentaje significativo de la población, mejorar los rendimientos del frijol —uno de los cultivos más arraigados en la canasta productiva local— es mejorar la calidad de vida de las familias.

La alianza con AGROSAVIA también tiene un valor institucional que va más allá de la jornada puntual. Conectar a los productores rurales de El Molino con una entidad de investigación de talla nacional implica abrir canales de acceso a tecnología, a semillas certificadas y a asesoría especializada que difícilmente llegarían al municipio por otra vía. La UMATA actuó aquí como bisagra inteligente entre la oferta nacional de conocimiento y la demanda local de soluciones prácticas. Eso es gobierno eficiente.

El resultado final de este proceso, si se sostiene en el tiempo, no es solo una mejor cosecha de frijol. Es un campesinado más informado, más adaptado al cambio climático y con mayor capacidad para tomar decisiones técnicas sobre sus propios cultivos. Es, en definitiva, un campo más competitivo y digno.

Tres frentes de gestión —convivencia ciudadana, infraestructura en salud y desarrollo agrícola— que en conjunto dibujan el perfil de una administración con visión integral del territorio. El alcalde Rafael Manjarrez Aponte no ha apostado por las obras de mayor visibilidad mediática ni por las inauguraciones más fotogénicas, apostó por el futuro de su municipio. 

En un departamento como La Guajira, donde los índices de pobreza, mortalidad infantil y déficit de servicios públicos siguen siendo objeto de lupa nacional, que un municipio decida gobernar bien —con seguimiento, con presencia en el territorio— no es poca cosa. Es una señal de que el cambio es posible cuando hay voluntad política y claridad estratégica.
El Molino avanza. Y mientras avanza, también demuestra que en los municipios pequeños de Colombia también pasan cosas que merecen ser contadas.

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