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Transpadilla ¿solución o nuevo experimento sobre la movilidad de Riohacha?

La puesta en marcha de TransPadilla ha sido presentada por la Alcaldía de Riohacha como el inicio de una nueva era para la movilidad urbana. Después de más de dos décadas sin un sistema organizado de transporte público, la administración distrital en cabeza del alcalde Genaro Redondo Choles anunció la entrada en operación de diez microbuses climatizados que cubrirán dos rutas y más de 70 barrios de la ciudad.

Sin embargo, detrás de los actos protocolarios, los discursos oficiales y las fotografías de inauguración, surgen interrogantes que todavía no tienen respuestas claras para la ciudadanía.

 

La primera pregunta es sencilla: ¿son suficientes diez buses para atender una ciudad que supera los 300.000 habitantes y que durante años ha dependido del mototaxismo para movilizarse?

 

Mientras la Alcaldía sostiene que se trata del inicio de un modelo organizado de transporte, ciudadanos consultados por este medio expresan dudas sobre la frecuencia de las rutas, los tiempos de espera y la cobertura efectiva en sectores periféricos.

 

Muchos habitantes afirman que continúan utilizando motocicletas porque siguen siendo más rápidas para llegar a sus destinos, especialmente en barrios alejados de los corredores principales.

 

Las cifras que generan dudas

 

El nuevo sistema comenzó con apenas dos rutas y diez vehículos.

 

La administración distrital asegura que la cobertura alcanza más de 70 barrios. Sin embargo, expertos en movilidad advierten que la cobertura geográfica no necesariamente significa cobertura operativa eficiente.

 

Una cosa es que una ruta pase por un sector y otra muy distinta es que los usuarios tengan una frecuencia suficiente para depender diariamente del servicio.

 

La verdadera prueba comenzará cuando finalice el entusiasmo de las primeras semanas y el sistema enfrente la demanda real de pasajeros.

 

¿Cuánto le costó a los riohacheros?

 

Uno de los aspectos que más inquietudes genera es la inversión pública asociada al proyecto.

Hasta el momento no existe información ampliamente divulgada sobre cuánto dinero aportó directamente el Distrito para la puesta en marcha del sistema.

 

Las comunicaciones oficiales han señalado que TransPadilla corresponde a una apuesta de inversión privada, pero la ciudadanía tiene derecho a conocer con precisión cuáles fueron los aportes institucionales, costos operativos, incentivos, estudios, adecuaciones viales o apoyos logísticos entregados para hacer posible el proyecto.

 

De acuerdo con expertos consultados, manifiestan que la transparencia no debe ser opcional cuando se trata de un servicio público que impacta a toda la ciudad.

 

Una deuda de más de 20 años

 

Lo ocurrido también plantea una responsabilidad política que trasciende a la actual administración.

 

Durante más de dos décadas, distintos alcaldes, secretarios de tránsito y autoridades locales conocieron estudios que advertían la necesidad de implementar un sistema formal de transporte urbano.

 

Documentos técnicos elaborados desde 2008 y posteriores planes de movilidad ya señalaban la urgencia de reorganizar el transporte colectivo en Riohacha.

 

La pregunta es inevitable: ¿por qué la ciudad tuvo que esperar tantos años para empezar a resolver un problema que era conocido por todas las administraciones?

 

El papel de los concejales

 

Hasta ahora no se ha visto un debate público amplio desde el Concejo Distrital sobre la sostenibilidad financiera, expansión futura, indicadores de desempeño y metas de cobertura del nuevo sistema.

 

Los concejales tienen la responsabilidad de ejercer control político y responder preguntas fundamentales: ¿Existe un plan de ampliación de flota?, ¿Se proyectan nuevas rutas?, ¿Cuál será la estrategia para competir con el mototaxismo?, ¿Quién responderá si el sistema no logra sostenerse financieramente?

 

El control político no puede limitarse a celebrar inauguraciones.

 

¿Quién responde si el modelo fracasa?

 

La nueva empresa, TransPadilla, cuya representante legal es Nairoby Alvarado Rodríguez, ha manifestado que este es un proyecto con visión de crecimiento y expansión.

 

Sin embargo, la experiencia demuestra que numerosos sistemas de transporte urbano han enfrentado dificultades financieras cuando las proyecciones de pasajeros no se cumplen.

 

Por eso resulta indispensable que la Alcaldía, el operador y los organismos de control publiquen periódicamente indicadores sobre número de usuarios, recaudo, cobertura y cumplimiento de frecuencias.

 

La ciudadanía merece saber si el sistema avanza o si simplemente se está construyendo una ilusión de movilidad.

 

La prueba apenas comienza

 

«Riohacha necesitaba transporte público organizado.Eso es indiscutible. Lo que todavía está por demostrarse es si diez buses serán suficientes para transformar una ciudad que durante años aprendió a movilizarse por fuera de cualquier esquema formal», le manifestó a La Calle Efraín Brito, asesor de asuntos de movilidad y transporte.

«La verdadera evaluación no la harán los funcionarios ni los comunicados de prensa. La harán diariamente los ciudadanos cuando esperen el bus bajo el sol, cuando comparen tiempos de viaje y cuando decidan si vale la pena pagar los 3.000 pesos del pasaje o seguir recurriendo al transporte informal», recalcó  Brito.

 

Dijo además el asesor en movilidad que ese será el examen definitivo de TransPadilla. 

 

¿Cómo arrancó el sistema?

 

El sistema arrancó con 10 microbuses y dos rutas. La cobertura anunciada es de más de 70 barrios. La tarifa oficial es de $3.000 pesos por pasajero. La representante legal de TransPadilla es Nairoby Alvarado Rodríguez.

 

El propio operador ha definido el proyecto como una «prueba piloto» con visión de expansión.

 

Existen antecedentes de estudios de movilidad desde 2008, 2009 y 2014 que ya advertían la necesidad de un sistema organizado.

 

De acuerdo con lo investigado por La Calle, el proyecto hace parte de una iniciativa del exalcalde de Riohacha José Ramiro Bermúdez Cotes, quien dejó los pasos dados con la empresa Samaria que llegó a la capital Guajira para operar la empresa de transportes colectivos.

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