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Valledupar vivió con fe el Congreso Nacional de Infancia y Adolescencia Misionera

Valledupar vivió con fe el Congreso Nacional de Infancia y Adolescencia Misionera

 

Valledupar fue escenario de un acontecimiento histórico para la Iglesia Católica en Colombia. Entre el 25 y el 28 de junio de 2026, la capital del Cesar acogió por primera vez el IX Congreso Nacional de Infancia y Adolescencia Misionera —CONIAM—, un encuentro que se celebra cada cuatro años y que esta edición reunió a más de 800 niños, adolescentes, asesores, diáconos, sacerdotes y obispos provenientes de todos los rincones del país. La ciudad del vallenato, la caja, la guacharaca y el acordeón se convirtió en el corazón misionero de Colombia, en una fiesta de fe, unidad y alegría evangélica.

El padre Luis, delegado diocesano de las Obras Misionales Pontificias (OMP) en la Diócesis de Valledupar, explicó el sentido profundo del evento. «El CONIAM es organizado por la Obra Misional Pontificia, que es la obra del Papa», señaló el sacerdote, quien destacó que el objetivo central del congreso es fortalecer el espíritu misionero de los niños y adolescentes, motivando su amistad con Jesús dentro de la Iglesia para que puedan anunciar al mundo la alegría del Evangelio. Tres pilares, insistió el padre Luis, que se entrelazan de manera inseparable: la vivencia misionera, la amistad con Cristo y el anuncio al mundo.

 

Unidos al corazón de Jesús: la temática que marcó el congreso

 

La temática del IX CONIAM se ancló en el Evangelio de Juan, capítulo 17, versículo 21: «Que todos sean uno, para que el mundo crea». Un texto bíblico que, según el padre Luis, sintoniza plenamente con el propósito del Papa León XIV de buscar la unidad dentro de la Iglesia. «Una sola es la fe, uno solo el bautismo, una sola nuestra esperanza en Cristo», recordó el sacerdote al explicar el espíritu que animó cada jornada del congreso.

Bajo el lema «Con Jesús en misión al mundo, con caja, guacharaca y acordeón» —que rindió homenaje a la identidad cultural vallenata de la ciudad anfitriona—, el congreso desarrolló su temática central: «Unidos al corazón de Jesús, anunciamos al mundo la alegría del Evangelio». Esta propuesta fue trabajada a través de charlas, ponencias, trabajos grupales, testimonios misioneros y conversatorios donde los propios niños y jóvenes expresaron cómo perciben la Iglesia y cómo quisieran que ella se mostrara ante el mundo.

 

Una apertura de altura

 

El 25 de junio, las delegaciones de toda Colombia llegaron a Valledupar. Las parroquias de la ciudad abrieron sus puertas para recibirlas con Santa Eucaristía y un acto cultural de bienvenida. Al día siguiente, el Centro de Convenciones Julio Villazón Baquero del Colegio Bilingüe de Valledupar fue el escenario que congregó a todos los participantes para la apertura oficial del congreso.

 

La ceremonia de apertura contó con la presencia de altas autoridades eclesiales. Monseñor Óscar José Vélez Isaza, C.M.F., Obispo de la Diócesis de Valledupar, dio la bienvenida oficial a los asistentes en nombre de la Iglesia local que abrió sus puertas al país entero. También dirigieron sus palabras al congreso monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y monseñor Héctor Javier Pizarro Acevedo, O.A.R., Vicario Apostólico de Trinidad y presidente de la Comisión Episcopal de Misiones. Un momento especial lo protagonizó el ilustrísimo monseñor In Je Hwang, secretario y Encargado de Negocios de la Nunciatura Apostólica en Colombia, quien transmitió a los jóvenes misioneros la cercanía y el saludo afectuoso del Santo Padre León XIV, haciendo sentir al CONIAM conectado directamente con Roma.

 

La apertura oficial fue presidida por el padre Samir García Valencia, director nacional de las OMP de Colombia, quien marcó el inicio de tres días de formación, oración y encuentro. La Eucaristía inaugural fue presidida por monseñor Múnera Correa, poniendo así desde el primer momento el altar en el centro de todo lo que se vivió.

 

 

Tres días de misión, escucha y Evangelio

 

A lo largo de las jornadas del 26, 27 y 28 de junio, el congreso desplegó una agenda rica en contenidos y experiencias espirituales. Las ponencias marcaron el ritmo: el padre Iver de la Cruz desarrolló la reflexión sobre «Que todos sean uno, para que el mundo crea», invitando a los jóvenes a comprender la unidad como condición del testimonio cristiano. Por su parte, Flor Angelis Rangel abordó la temática central del congreso desde una perspectiva cercana y vivencial, animando a los participantes a descubrir en el corazón de Jesús la fuente de toda misión.

Uno de los momentos más esperados fue el conversatorio con la reverenda hermana Inês Paulo Albino, A.S.C., quien desde su testimonio de vida consagrada inspiró a niños y adolescentes a abrazar la vocación misionera. La Adoración Eucarística, presidida por el padre Luis Alfredo Fragozo Ríos, coronó las jornadas de oración y de silencio juvenil para dar paso al encuentro personal con Cristo.

 

El padre Luis subrayó que el congreso no fue cualquier evento. «Los niños y jóvenes nos contaron cómo perciben la Iglesia y cómo quisieran que la Iglesia se mostrara en el mundo», relató el delegado diocesano de las OMP, destacando que escuchar a las nuevas generaciones fue también parte constitutiva del encuentro. En ese espíritu de escucha y diálogo, el CONIAM se reveló como un espacio de doble vía: la Iglesia hablando a los jóvenes, pero también los jóvenes hablando a la Iglesia.

 

La clausura: misión cumplida en la Catedral Santo Eccehomo

 

El domingo 28 de junio, la Catedral Santo Eccehomo de Valledupar fue el escenario del cierre solemne del IX CONIAM. La Eucaristía de clausura, presidida por monseñor Óscar José Vélez Isaza, C.M.F., reunió a todos los participantes en un acto que fue al mismo tiempo conclusión y envío. Porque el congreso no termina en el recinto donde se celebra: termina cuando cada niño y adolescente regresa a su comunidad portando el fuego misionero que encendió en Valledupar.

El IX CONIAM dejó en Valledupar una huella imborrable. Por primera vez, la ciudad que le cantó al amor con caja y guacharaca le cantó también a la fe con la voz de más de 800 misioneros en ciernes. El padre Luis lo resumió con la convicción que nace de quien ha visto el milagro de un niño descubriendo su vocación: fortalecer el espíritu misionero, motivar la amistad con Jesús, anunciar la alegría del Evangelio. Tres tareas que Valledupar cumplió, con honores, en este histórico junio de 2026.

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