La política del Cesar atraviesa nuevamente un momento de alta confrontación. Las diferencias entre sectores políticos son legítimas y hacen parte de la democracia. Lo que no debería tener cabida en ese debate son los ataques personales, las expresiones vulgares y las descalificaciones que terminan desplazando la discusión sobre las ideas.
Una publicación atribuida al activista político Carlos Barbosa Paz, dirigida contra Cielo Gnecco, ha generado rechazo por el tono utilizado y por recurrir a una expresión vulgar para referirse a una mujer que, independientemente de las posiciones políticas que genere, merece el mismo respeto que cualquier ciudadano.
Se puede cuestionar a Cielo Gnecco. Se pueden formular críticas a las decisiones de los sectores que cualquier persona representa y exigir explicaciones sobre actuaciones públicas. Todo eso hace parte del debate democrático.
Pero una cosa es la crítica política y otra muy distinta es el insulto.
En una democracia, las diferencias no deberían medirse por la capacidad de quien grita más fuerte, utiliza la palabra más ofensiva o consigue mayor impacto en las redes sociales. La política debería ser el escenario para confrontar propuestas, resultados, actuaciones y posiciones, no para degradar al adversario y este llamado a la mesura no tiene color político.
Quienes hoy cuestionan a los Gnecco tienen todo el derecho a hacerlo. Quienes defienden a Cielo Gnecco también tienen derecho a expresar sus argumentos. Pero ninguna posición política convierte al adversario en un blanco válido para la vulgaridad o la humillación.
Por eso, desde este espacio expresamos nuestra solidaridad con Cielo Gnecco frente a los términos ofensivos utilizados en su contra y rechazamos cualquier forma de violencia verbal que pretenda sustituir el debate político.
El Cesar necesita una discusión política fuerte, sí. Una discusión en la que se investigue, se cuestione, se denuncie y se contradiga cuando sea necesario. Pero también necesita recuperar algo que parece estar perdiéndose en las redes sociales: el respeto por el ser humano que está detrás del contradictor político.
La campaña electoral que se avecina no puede convertirse en una competencia para ver quién insulta mejor.
Que haya debate. Que haya crítica. Que haya oposición, pero que la política no pierda la dignidad porque en democracia, nadie necesita ser amigo de su adversario para respetarlo.


