
Mientras los comerciantes formales denuncian competencia desleal y ventas en caída libre, los vendedores informales defienden su derecho a trabajar, la administración del mercado público espera que una promesa de la Alcaldía resuelva el conflicto.
A las afueras del mercado público las carretillas cargadas de papa, yuca, frutas y verduras se han vuelto parte del paisaje cotidiano ocupando las entradas, los andenes y buena parte del perímetro exterior, donde ofrecen sus productos a precios más bajos a los compradores, conductores y motociclistas que pasan por la zona, para muchos de estos vendedores informales la calle es la única fuente de sustento diario y para quienes trabajan dentro del mercado se ha convertido en el principal motivo de una crisis económica que, aseguran, no tiene precedentes.
El problema de fondo es la desigualdad de condiciones, los comerciantes internos pagan impuestos, cuotas de administración y servicios, además deben cumplir con normas de higiene y presentación de sus productos, en cambio los vendedores ambulantes no tienen ninguna obligación de pago con el mercado ni con la administración municipal, lo que les permite ofrecer precios con los que los locales formales no pueden competir, a esto se suma que este año la administración del mercado aumentó un 23 por ciento el impuesto que pagan los arrendatarios, una carga pesada para la mayoría de comerciantes.
La situación ha generado una brecha entre dos grupos que, en esencia, comparten el mismo oficio, vender alimentos para sobrevivir, mientras unos reclaman que se despeje el espacio público y se reubique a los informales, otros sostienen que su presencia no afecta a nadie y que estarían dispuestos a pagar un tributo si se les permitiera trabajar de manera organizada.
El comerciante, José Giraldo, lleva 25 años vendiendo frutas, verduras, productos plásticos y desechables en la plaza de mercado, llegó entre 2001 y 2002, según cuenta, nunca había vivido una crisis tan aguda como la actual.
Para Giraldo, la diferencia de precios está en el origen del problema; «el carretillero de afuera compra artículos de segunda y vende más barato, y nosotros aquí tenemos que vender con un precio muy ajustado para no salir perjudicados», explica.
Asegura que si su negocio sigue en pie es gracias a la clientela antigua que todavía lo busca; «hay una competencia desleal», resume.
Sobre los impuestos, el comerciante reconoce que pagar es normal pero considera excesivo el aumento de este año; «le subieron el 23 por ciento al impuesto, un abuso, pero hay que pagarlo, porque uno ya está aquí metido», recuerda que en mejores tiempos este negocio le alcanzó para educar a sus dos hijos; hoy dice, apenas da «para medio vivir», y se sostiene gracias a oficios que realiza por fuera del mercado.
Giraldo propone dos salidas, la primera, que la administración del mercado y el alcalde lleguen a un acuerdo para habilitar el borde lateral del mercado como parqueadero, algo que hoy no existe, y así retirar a los vendedores ambulantes de ese espacio.
La segunda, reubicarlos en un lote cercano donde se construyó un centro comercial con zonas amplias, y crear allí otra plaza de mercado.
Por otro lado, la comerciante Edith Tovar vende papa, yuca, toda clase de verduras y vinagres caseros que ella misma prepara, su experiencia coincide con la de Giraldo y comentó que antes llegaba a vender hasta dos bultos de papa, ahora a veces no alcanza a vender uno completo.
Edith explica con números por qué no puede igualar los precios de afuera, el bulto de papa le cuesta entre 120.000 y 130.000 pesos, y debe pagar otros 5.000 para que se lo laven, por lo que necesita vender el kilo a 4.000 pesos, además, en los locales no se cobra la bolsa como sí ocurre en algunos supermercados; «allá afuera vacían la papa sucia en una carretilla y la dan a otro precio, entonces la gente a veces dice: no, mejor la compramos allá afuera”, relata.

Sobre las posibles soluciones, Tovar asegura que en varias ocasiones han llegado a entrevistarlos con la promesa de ayudarles e incluso se ha hablado de reunir a los carretilleros en un solo lugar para cobrarles también un impuesto; «nosotros aquí pagamos un impuesto, pero nunca se ve la solución», comentó.
En el otro lado de la moneda está Levinson Mesa, uno de los vendedores informales que trabajan en el exterior del mercado público, comentó que para él la informalidad tiene una ventaja clara; «somos nuestro propio jefe, las ventas están bien; no para enriquecerse, pero sí para vivir el día a día, nos sostenemos», asegura.

Su mayor dificultad no es la competencia, sino los operativos de control; «el inconveniente es cuando Espacio Público interviene, porque ahí no se puede vender ya que recogen todos los puestos», explica.
Levinson no comparte la idea de que los vendedores de afuera perjudiquen a los de adentro ya que se atienden a un público distinto; «el que va en carro o en moto no va a entrar a comprar dentro del mercado, nosotros le vendemos al que va pasando, al que va de afán y esa persona no va a llegar hasta atrás», comentó.
Aun así, entiende la molestia de los comerciantes internos, «ellos allá pagan impuestos y creen que nosotros al no pagar, somos una competencia desleal», reconoce, por eso dice estar totalmente de acuerdo con la creación de un impuesto para los vendedores informales; «me parecería justo, con tal de que lo dejaran a uno trabajar».
Ante la situación, la gerente del mercado público de Valledupar, Martha Corzo, reconoce que la venta informal afecta de manera importante a los comerciantes internos, sobre todo a los de la plazoleta de verduras, que venden los mismos productos que se ofrecen en las carretillas; «los comerciantes de la parte interna deben pagar impuestos y administración, mientras que las ventas ambulantes no tienen ningún compromiso de pago, eso es una competencia desleal», afirma.

Frente a la versión de que muchos vendedores ambulantes quieren entrar al mercado y pagar impuestos a cambio de un espacio fijo, Corzo asegura que nunca lo han solicitado.
«Primero tendrían que pedirlo, para ver si hay espacio y poder organizarlos, jamás se han acercado a la administración a solicitar esa clase de permiso», también rechaza la idea de que los informales ganen poco; «ellos generan ingresos e incluso más que los que están aquí adentro, porque no tienen que pagar administración ni impuestos», comentó.
Para la gerente, el impacto va más allá de lo económico; «las entradas están invadidas por ellos, toda la parte externa está invadida, el mercado no tiene presentación», señala.
«Para nosotros sería espectacular que logren quitar esas carretillas de allí», sin embargo, aclara que esa tarea no le corresponde a la administración del mercado, sino a las autoridades encargadas del espacio público.
Según Corzo, la administración ha hecho gestiones ante el alcalde y hoy existe una promesa que es construir zonas de parqueo sobre la carrera 12.
«Con esa construcción eliminamos los dos problemas, la falta de parqueadero, que nos afecta bastante, y las ventas ambulantes, que tendrían que retirarse de ese espacio», explicó que por ahora la solución está en manos de la Secretaría de Gobierno y de una promesa que está vigente.


