publicidad

publicidad

Un colegio de $55 mil millones y los vecinos poniendo las paredes, ¡así quién no construye!

El Consorcio Pedagogía Cesarense tiene una obra de más de $55.630 millones en el centro de la discusión y cerca de 45 familias de Manantial preguntándose quién va a responder por sus paredes. Lo insólito es que las viviendas no aparecieron por arte de magia después de que llegaron las máquinas.

En Manantial parece que alguien encontró una fórmula arquitectónica novedosa para construir un colegio y dejar que las paredes de los patios de los vecinos hagan parte del cerramiento. Una solución conveniente para el proyecto, según denuncia la comunidad, pero menos para quienes ahora miran con preocupación el límite entre sus casas y la Institución Educativa Técnico José Eugenio Martínez.

¿Cómo se diseña y ejecuta una obra de semejante tamaño sin resolver satisfactoriamente la separación con las viviendas vecinas? Los habitantes de Manantial no llegaron ayer, las casas no aparecieron después de fundir el concreto y el barrio no era un elemento sorpresa en los planos.

La urbanización tiene 185 viviendas y, según Yoli Guerra Balcázar, presidenta de la Junta de Acción Comunal, son 44 las casas de una misma calle que hacen parte del cerramiento del colegio. La líder sostiene que las paredes de los patios quedaron como límite de la institución y pide que el colegio tenga su propio muro, sin que las familias deban poner sus viviendas al servicio de una obra pública.

Guerra aseguró que varios vecinos preguntaron al ingeniero encargado cómo se resolvería el cerramiento. Según su relato, la respuesta estuvo relacionada con la falta de presupuesto. “Él nos manifestaba que no había encerramiento de parte de la construcción que estaban haciendo porque no tenían este recurso”, contó.

La alternativa planteada, según la dirigente, fue no aceptar la edificación hasta que se construyera el cerramiento pendiente. “Lo que nosotros podíamos hacer como urbanización y como colindarios del colegio era no aceptar la edificación hasta que ellos hicieran su encerramiento. Cosa que hasta el día de hoy no ha sucedido”, manifestó.

La dirigente también explicó que, de acuerdo con lo que le habría indicado el profesional, el cerramiento no estaba contemplado en los gastos previstos para la construcción. “Claro, que no está contemplado en los gastos que ya ellos pasaron para el colegio, porque ellos se basaron en que ya la pared de la urbanización estaba”, relató.

Si las viviendas ya existían y el entorno era conocido, ¿por qué, según la comunidad, no se contemplaron los recursos para resolver el cerramiento de manera independiente?

La documentación arquitectónica reconoce que el terreno colinda con viviendas de dos pisos. Además, los residentes aseguran que en ese sector existía una edificación desde hacía cerca de tres décadas. Las casas estaban a la vista y formaban parte del entorno del lote.

El proyecto contó con estudios, diseños, memorias y planos. La memoria arquitectónica incluye detalles de cerramiento exterior, como cerramiento tubular, muro de concreto y viga de confinamiento. Esto no demuestra que estuviera previsto un muro independiente en el costado reclamado ni que los elementos se ejecutaran conforme a los diseños, pero sí plantea una pregunta: ¿quién verificó que la solución construida protegiera también a los vecinos?

Y hablemos de plata. De acuerdo con el acto administrativo de adjudicación de la Licitación Pública No. LOP-SIN-0003-2024, el contrato para construir la institución fue adjudicado al Consorcio Pedagogía Cesarense por $55.630.432.461,89. El presupuesto oficial era de $56.612.430.189,01, incluido AIU, una diferencia de $981.997.727,12 frente al valor adjudicado.

Además, el presupuesto oficial incluye obras complementarias exteriores: una viga de cimentación en concreto para cerramiento y malla contra impactos por $6.236.892; un muro pantalla en concreto a la vista de 3.500 PSI por $202.826.707; y columnas en concreto para cerramiento exterior por $3.624.129. Estas partidas suman $212.687.728.

Las cifras no prueban que esos recursos estuvieran destinados específicamente al lindero de las viviendas ni que se hayan gastado mal. Sin embargo, el consorcio debe explicar qué cerramiento se contrató, dónde se construyó y por qué, según la comunidad, las paredes particulares terminaron cumpliendo esa función.

El reclamo tampoco se limita al muro. Guerra afirmó que durante la obra se tomaron fotografías del estado de las viviendas, antes y después de los trabajos. Según la dirigente, algunos residentes reportaron grietas y afectaciones en los techos que atribuyen a las vibraciones de la construcción, y les dijeron que serían revisadas y reparadas.

“Que sí, que vamos a ir el día de hoy, no han vuelto”, relató sobre una de las respuestas recibidas después de reportar los daños. Agregó que el ingeniero les habría indicado que contaban con tres meses para atender las situaciones pendientes, pero los vecinos seguían esperando una nueva visita.

“Entonces uno queda con esta misma situación. Así como yo, están varios vecinos, que el techo se nos bajó por las vibraciones, que se nos agrietaron algunas paredes, de ejemplo, de los baños”, afirmó Guerra. Estas afectaciones fueron denunciadas por los residentes y su causa y alcance deben establecerse mediante una verificación técnica.

La presidenta también aseguró que el ingeniero había quedado en convocar una reunión y conversar con la comunidad para buscar una salida al problema del cerramiento. Sin embargo, según su testimonio, el compromiso no se cumplió. “Él quedó a reunirnos, quedó a hablar con nosotros, pero hasta el día de hoy no ha pasado nada. Eso quedó ahí en palabras”, sostuvo.

La comunidad reclama respuestas concretas sobre dos asuntos: la construcción de un cerramiento independiente y la revisión de los daños reportados. Los registros fotográficos, informes de obra, actas de entrega y evaluaciones técnicas pueden ayudar a establecer qué se informó y qué compromisos siguen pendientes.

También está el caso del ingeniero encargado, Duber Durán, a quien Guerra aseguró haber manifestado las preocupaciones de los residentes. Según ella, la respuesta fue que la obra estaba terminada y entregada. Cuando SEMANARIO LA CALLE intentó comunicarse con el profesional para conocer su versión, no obtuvo respuesta al cierre de esta nota.

Que una obra esté terminada no significa que las preguntas también deban darse por terminadas. El Consorcio Pedagogía Cesarense tiene derecho a exponer su versión y presentar los documentos que respalden su actuación, pero debe aclarar qué solución se contempló para ese lindero y qué ocurrió con los compromisos que, según los vecinos, quedaron pendientes.

Por ahora, en Manantial queda una paradoja de concreto: un colegio nuevo, un contrato adjudicado por más de $55.630 millones y 44 familias que siguen esperando respuestas sobre el cerramiento y las afectaciones que reportaron durante la obra.

Al final, el colegio puede estrenar salones, corredores y fachada. Pero si las paredes de los vecinos terminaron cumpliendo la función de cerramiento, la pregunta es quién dará las explicaciones, presentará los soportes técnicos y, si corresponde, ofrecerá una solución. En Manantial las casas ya estaban construidas. Lo que todavía falta construir es una respuesta convincente.

 

Opines:

 

MARTA CERA

“Yo necesito mi privacidad. Cuando vi esas ventanas para acá, ¿y la privacidad de nosotros dónde está? […] Se estaba bañando un muchacho allá en su patio, un vecino, y salieron de allá: ‘Míralo, míralo, cómo está, mírale el cuerpo’. ¿Usted cree que eso? No, eso no es justo”.

 

FERNANDO LÓPEZ

“El encerramiento del colegio lo tiene gracias a las paredes de nuestra urbanización, de nuestros hogares. […] Nos dijeron que estaban empañotando para embellecer ese sector, pero que iban a construir el encerramiento. […] La obra está casi en un 90 y tanto por ciento y no se ha realizado el encerramiento de este sector”.

 

NUBIA DUARTE

“Desde antes de construir la torre del colegio se habló de las paredes, que construyeran ellos sus propias paredes, pero aún así no hicieron caso omiso. […] El ingeniero manifestó que ya la obra se había terminado. Entonces nosotros estamos en peligro aquí. A algunas casas se les ha agrietado las paredes”.

 

MARÍA SIERRA

“Nos preocupa qué va a pasar cuando los estudiantes ingresen acá a la institución, porque ellos no han levantado como tal una pared que debe tener el colegio. […] Estamos ahí plantados en que ellos deben levantar la pared, que es lo normal”.

MARÍA ANGÉLICA MESA

“La casa sufrió estructuralmente por el tema de las maquinarias pesadas. […] El día que noté las grietas, vinieron y revisaron, y dijeron que cuando finalizara la obra era que iban a arreglar. Finalizó y así quedaron las cosas. Nadie vino aquí, ni me preguntaron ni nada”.

publicidad

publicidad