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A LA PARRILLA

Por: Iván Cancino

Nos hemos cansado de advertir desde esta columna y otros escenarios de opinión y académicos que la solución a la criminalidad no será jamás crear delitos, aumentar penas, eliminar los mal llamados beneficios de redención carcelaria, sino que por el contrario la solución está en medidas ajenas al derecho penal de carácter social, incluso policivo, políticas de empleo, de educación, de deporte, cultura y así solo usar el derecho penal de manera efectiva y garantista.

Sin embargo, también existen medidas no penales que tampoco resuelven el problema y que, por el contrario, causan otros más graves. Una de estas es la prohibición del parrillero, que en la última semana causa tantas protestas en Bogotá.

Ciudades como Cali tiene esta medida hace más de 20 años sin ningún resultado positivo en la disminución o prevención del crimen, lo que ha sucedido en la capital del Valle del Cauca, y en otros municipios, es que cada uno de los delincuentes compra su moto, que dicho sea de paso la entregan con la cédula, y pueden delinquir más fácil y de forma más violenta, tal y como se ha visto en diversos medios de comunicación: hordas de motos conducidas por delincuentes amedrentando y delinquiendo a diestra y siniestra.

Barranquilla trató este tema y hoy no aplica, en cambio se han tomado medidas para proteger la vida de los motociclistas, no para sancionarlos o estigmatizarlos, como las que tiene el Decreto 0239 del 29 de octubre de 2021 expedido por el distrito de Barranquilla, que busca poner orden y proteger a quienes usaran este medio de transporte.

En conclusión, aplaudimos que se busquen medidas ajenas al derecho penal para combatir y prevenir la delincuencia, pero hay que ser conscientes de que en medidas administrativas sancionatorias también las hay las que afectan mucho y solucionan poco.

Esto no lo digo yo, lo dice el Centro de Estudios Sobre Seguridad y Drogas – CISED, que en los resultados del informe sobre “ha servido la medida de restricción del parrillero hombre en 25 ciudades capitales” arroja un contundente NO.

Sigamos buscando soluciones ajenas al derecho penal, pero eficaces y contundentes, educativas, de fondo no de forma, por ejemplo, ¿qué causa un incremento en la delincuencia?, ¿el desempleo?, ¿falta de oportunidades?, ¿educación?, ¿migración?, ¿todos estos problemas unidos?

Si las motos son una fuente de trabajo, ¿cómo ponerles restricciones a quienes trabajan con ellas? Seamos serios, este tema de parrilleros debe ir más allá de la seguridad, el ladrón correo igual a pie, raponea en el transporte público, se monta en carros para escapar, el que quiere delinquir lo seguirá haciendo con o sin compañero, con o sin moto.

¿Será que los ladrones participaron en las marchas en Bogotá? ¿Será que aprovecharon para robar a otros motociclistas? Quizá deberíamos hacer una encuesta con los participantes para saber a ciencia cierta si son ellos los delincuentes o los llevaban en la parrilla.

 

 

 

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