publicidad

publicidad

Ámate y sé feliz

Por: Alberto Linero

Conocernos, aceptarnos y amarnos es la base segura para realizarnos integralmente. Necesitamos prácticas espirituales que nos hagan viajar a nuestro interior, que nos develen que somos amados y que eso es lo que nos define mucho más allá de lo que hacemos, de lo que los otros piensan de nosotros, de lo que tenemos.

La pregunta central de la espiritualidad es ¿quién soy? Porque a Dios –y en general a los demás– solo se les puede mirar desde el prisma del concepto que tenemos de nosotros mismos. Salir del corazón en búsqueda de Dios siempre es una consecuencia de lo que hemos encontrado de nosotros mismos. La pregunta por quién soy es la que jalona la vida toda y a la que vamos respondiendo desde los matices existenciales que el desarrollo de nuestro proyecto de vida nos va permitiendo.

Cuando estoy en lo secreto de mi cuarto me gusta entenderme como un ser amado; amado por mí, por los que me lo han demostrado auténticamente en la vida y por Dios. Solo cuando me entiendo desde el amor puedo luchar contra las fuentes de las peores distorsiones en la manera de relacionarme conmigo mismo: El auto-rechazo y la compulsión.

Henri Nouwen dice del autorechazo: “La mayor trampa de la vida no es el éxito, la popularidad o el poder, sino el autorrechazo, porque uno duda acerca de quién es verdaderamente. El éxito, la popularidad y el poder pueden ciertamente suponer una gran tentación, pero su condición seductora procede del hecho de que forman parte de la tentación de autorrechazo, que es mucho mayor. Cuando terminamos creyendo a las voces que nos dicen que carecemos de amor y que es imposible amarnos, entonces el éxito, la popularidad y el poder se perciben fácilmente como soluciones atractivas”. Quien no se acepta tal cual es no podrá ser feliz, ni podrá sostener relaciones sanas con los demás, ni mucho menos una buena experiencia espiritual. La discriminación, la violencia, el desprecio por el otro, comúnmente es una consecuencia del autorrechazo.

Con respecto a la compulsión, es decir, a esa sensación de bienestar que se requiere para ser feliz, podemos afirmar que cuando no nos amamos creemos que la satisfacción interior viene de afuera y eso nos hará buscarla compulsivamente en libros, retiros, redes, relaciones de pareja, viajes, etc. Henri Nouwen deja claro que esa compulsión nos agota, pero no logra el resultado final que se busca, aunque nos entretenga por momentos. “En la medida en que esperes ese misterioso momento, seguirás confuso, siempre ansioso e inquieto, siempre anhelante y airado, nunca plenamente satisfecho”. Podríamos mantenernos ocupados y en marcha, pero extenuados e insatisfechos.

Conocernos, aceptarnos y amarnos es la base segura para realizarnos integralmente. Necesitamos prácticas espirituales que nos hagan viajar a nuestro interior, que nos develen que somos amados y que eso es lo que nos define mucho más allá de lo que hacemos, de lo que los otros piensan de nosotros, de lo que tenemos. Somos amados, por eso podemos tener un propósito en la vida y construirla con sentido. Quien se ama no tiene miedo a la diferencia, al éxito del otro, ni siquiera a sus insultos y ataques porque entiende que eso no lo define realmente. Cuando el tejido social se rompe cada vez más y pareciera que el odio es el único motor posible de nuestras acciones, vale la pena encontrar espacios y momentos espirituales que nos lleven a reconciliarnos con nosotros mismos, a sentirnos amados y a descubrir que el otro, por muy diferente que parezca, no es más que otro amado. En las madrugadas, cuando balbuceo algunos salmos y trato de ahondar en mi relación con Dios, doy gracias porque soy un amado y me dispongo a amar en libertad. Tomado de ElHeraldo.com

 

publicidad

publicidad