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¿Atrapados y sin salida?

Por: Francisco Cuello Duarte

El paro nacional que actualmente se encuentra en estado agónico, produjo graves consecuencia económicas, sociales y políticas. Sobre las primeras, y en palabras del gobierno nacional, las pérdidas a la economía superan los 11.9 billones de pesos, equivalente a una reforma tributaria, con un incremento de la pobreza y el desempleo de grandes proporciones y con daños materiales a la infraestructura y bienes públicos. En sólo Bogotá, un millón de personas salieron de la clase media a la baja, hacia el Sisben, por efectos de la pandemia y del paro nacional.

Fenalco, por ejemplo, calcula que las pérdidas en el comercio superan los 3.8 billones de pesos. Se cerraron 40.000 negocios y se perdieron 300.000 empleos directos, mientras que las pérdidas en el sector agropecuario alcanzan los 3.6 billones de pesos, particularmente en lechería, porcicultura, ganadería, café y frutales, dando como resultado un incremento del 15% en los precios de los alimentos básicos.

En la parte social los jóvenes fueron manipulados y engañados a través de las redes sociales con lo que se conoce como Fake News, pues su problema principal, que es el desempleo, no tiene solución a corto plazo, siendo que es el mayor problema en el mundo aún en los países desarrollados. Esas mesas de trabajo a nivel regional con alcaldes y gobernadores no tienen ningún efecto positivo, es puro diálogo y tinto, pues los entes territoriales no tienen presupuesto para crear empleos, con una camisa de fuerza legal que es la Ley 617 de 2000, que no permite incrementar los gastos de funcionamiento.

Es de advertir, como dice Andrés Oppenheimer en su libro ¡Sálvese quien pueda!, que “hasta los propios responsables de la revolución tecnológica- figuras como el fundador de Microsolft, Bill Gates, y el fundador de Facebook, Mark Zucherberg- están admitiendo por primera vez que el desempleo causado por la tecnología, el así llamado desempleo tecnológico, podría convertirse en el gran conflicto mundial del siglo XXI.

El problema es estructural, producto de la crisis del capitalismo salvaje e inhumano que nos azota desde el siglo pasado, con un libre mercado sin control, especulación con terrorismo financiero y con una concentración de la riqueza que desestabiliza cualquier democracia, como nos enseña el profesor Thomas Piketty, donde el rico es cada día más rico, mientras que el pobre seguirá en la olla.

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