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¡Colombia necesita un Estadista!

Si en una campaña electoral se enfrentaran Jesucristo contra Maluma, seguramente que este pueblo votaría por el artista, argumentando que Jesús no baila reggaetón. Recordemos que hace más de 2000 años Jesucristo fue condenado y crucificado en el monte Gólgota mientras que el bandido de Barrabás fue absuelto en un juicio político, cuando Pilatos le pidió al pueblo que escogieran quién debía morir. El pueblo votó por el bandido.

2000 años después las cosas no han cambiado mucho, en una “democracia defectuosa” como la llama el profesor Lawrence Duoglas, de la Universidad de Yale, donde se puede esperar cualquier cosa. Votar es fácil, pero saber elegir es muy difícil, pues se trata de escoger al mejor de los candidatos, dentro de esta guerra mediática y el bombardeo de mensajes e información torcida de las redes sociales. En una democracia imperfecta como la nuestra, entre más ignorante sea el pueblo, más irracional y emocional es el voto. Ya lo dijo Bolívar, en el Congreso de Angostura: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

Saber elegir es un acto complejo en un país tan difícil como Colombia, con características especiales en su economía, su estructura social y política, y con unas variables que inciden en toda la organización del Estado, como es el narcotráfico, la violencia y la corrupción a todos los niveles. Hoy tenemos unos 500.000 niños menores de 5 años que se acuestan sin comer y 16 millones de colombianos que reciben dos comidas diarias, un equivalente al 54% de su población.

Ni populismo de izquierda, ni tampoco de derecha. El país requiere de seriedad política para enfrentar sus graves problemas de hambre, corrupción, inseguridad, violencia, reclutamiento de menores, desplazamiento forzado, narcotráfico, desempleo y una justicia lenta.

Se nos avecina una época de incertidumbre económica que nos puede llevar a peligrosas protestas sociales, como sucedió con la Primavera Árabe. Necesitamos un presidente con un liderazgo estratégico y con la capacidad de dirigir inteligentemente sin traumatismo. No podemos equivocarnos, pues no hay revocatoria del mandato para presidente de la República. Sólo nos toca llorar, llorar y llorar, como dice la ranchera de Vicente Fernández para expulsar el sufrimiento, pues como señala García Márquez en su cuento “Sólo vine a hablar por teléfono” de su novela “Doce cuentos peregrinos”: “no hay mejor remedio que las lágrimas”.

 

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