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EL COCOTAZO DE LA BUENA SUERTE

Por: ANDRÉS PADILLA

De escolta maltratado pasó a activista político y candidato del Concejo de Bogotá con altas probabilidades de ganar.

Todos recordamos el cocotazo, o el coscorrón a lo bogotano, que le dio Germán Vargas Lleras, ex-vicepresidente de la nación, a su escolta Ariel Ahumada, quien era uno de los principales en el esquema de seguridad; la historia se remonta a finales del 21 diciembre de 2016, cuando en un evento del gobierno donde se entregaban viviendas gratis, al acercarse una turba de ancianas a Vargas Lleras le tumban la prótesis del dedo amputado por un atentado con explosivo C-4 en el año 2002. Vargas Lleras ofuscado, en una acción de abuso de poder, golpea en la cabeza a Ariel Ahumada al tiempo que recoge su dedo dentro del barro de un día lluvioso, este episodio se hizo viral en todo el país, causando molestias en la opinión pública. Vargas Lleras era el candidato más poderoso del ‘santismo’ para la presidencia del 2018, y seguro presidente hasta este incidente que le costó el deterioro de su imagen y popularidad nacional.

En un país criado con la referencia televisiva de El Chavo” y Chespirito, donde Don Ramón siempre le daba cocotazos al Chavo y nosotros nos reíamos, donde Doña Florinda le daba cachetadas a Don Ramón y nosotros nos reíamos, donde El Botija le daba bofetadas al Chompiras y también nos moríamos de la risa,  pasó lo lógico en la escena de Vargas Lleras y Ariel, nos indignamos pero al mismo tiempo nos caímos a carcajadas al ver las imágenes en los noticieros que las repetían insistentemente, la escena de abuso de autoridad y abuso de funciones públicas nos generaba sentimientos trocados.

Después del cocotazo, Ariel Ahumada vivió los días más nefastos de su vida, burlas, bullying mediático y físico, depresión, aislamiento social al punto que le tocó frecuentar al psicólogo de carácter urgente.

Pero lo que era un hecho traumático se convirtió en la oportunidad de su vida, al igual que la “patadita de la buena suerte” de Jorge Barón, el cocotazo de Vargas lo hizo un hombre negativamente famoso, pero famoso al fin, sus años de anonimato se acabaron. Como dicen los especialistas en marketing “que hablen bien o mal, lo importante es que hablen”, y los chismes negativos corren más rápido todo basado en la frase del poeta y dramaturgo Irlandés Oscar Wilde que dice: “hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”.  (en ingles: “The only thing worse than being talked about is not being talked about”).

Bajo esta premisa, la cuestión es “que hablen de ti, aunque sea mal”, y es que como todos sabemos venden más las malas noticias que las buenas, y sobre todo si son morbosas o escandalosas, esta manera de vender la utilizan mucho los artistas sobre todo los cantantes, dicha tendencia ya se está usando en el folclor vallenato, se inventan peleas, infidelidades, accidentes y un sinnúmero de escándalos antes de sacar un nuevo producto musical.

Ariel Ahumada aprovechó el famoso cocotazo para iniciar una lucha política desde el Concejo de Bogotá con las banderas en contra del “abuso de poder”, usando como plataforma política el Grupo Significativo de Ciudadanos “Activistas”, cuyo dirigente es el joven exviceministro del Interior Luis Ernesto Gómez, que al lado de varias organizaciones sociales y artísticas, ambicionan el primer cargo de la capital del país, presentando una lista al concejo que busca la convergencia de sectores ciudadanos y de centro izquierda en la ciudad.

Ariel Ahumada es el vivo reflejo de la persona madura emocionalmente, que convierte las situaciones adversas en opciones positivas de vida, es el modelo de persona que en lugar de ir odiando y envenenando a otros, entendió que entre más piedras encuentre en el camino o más piedras le tiren sus detractores, mayor material de construcción gratis tendrá para edificar y cimentar un gran castillo llamado vida exitosa.

Si hay “pataditas de la buena suerte” ¿por qué no?, “cocotazos de la fortuna”, aunque yo prefiero creer en la predestinación divina, en la justicia de un ser superior que da a cada quien lo que se merece de acuerdo a lo que ha sembrado; en el caso de Vargas Lleras sembró intolerancia y el pueblo le pagó con intolerancia en las urnas, dándole la victoria a nuestro actual presidente Duque, en el caso de Ariel Ahumada sembró perdón y reconciliación y espera un apoyo masivo de la ciudadanía el 27 de octubre en las elecciones regionales.


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