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EL FUTURO DE GAVIRIA

Por: Felipe Cuello Castro

En su afán de seguir la tendencia global el gobierno de César Gaviria con el lema de “Bienvenidos al futuro” implementó un modelo de libre mercado en una Colombia sin identidad económica y debilitada por los conflictos con la guerrilla y el narcotráfico, prometiendo una integración con Venezuela y México para fortalecer la nación, y parecernos cada vez más a los gigantes que dirigen la economía mundial.

Un gobierno descrito como alguna vez lo planteó el político y candidato presidencial, Álvaro Gómez Hurtado en su ideario como “un gigante torpe, lento e incapaz de llegar a todo su territorio”, que se caracteriza por su constante abandono y toma de decisiones erróneas, es incapaz de llegar a los sectores más vulnerables y empobrecidos del país.

En la actualidad contamos con un total de quince tratados de libre comercio, y frente a la pandemia del COVID-19 nos enfrentamos a un futuro incierto en donde varios productos de primera necesidad van a escasear, debido a que reemplazamos nuestras propias empresas por unas “mejores” pero extranjeras  De manera que sacrificamos la economía nacional por un beneficio insignificante y un interés particular, lo cual permite evidenciar un claro contraste de capacidades adquisitivas dentro de la república, lo cual genera una hiriente desigualdad. Esto se refleja en un estudio del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) en el diario “El Tiempo” “En la actualidad, con todo y la precariedad del empleo rural, entre el 27 y el 30 de abril (2020), según el más reciente informe semanal Sipsa, del DANE, a los mercados de las capitales del país entraron 66.468 toneladas de alimentos”.

El libre mercado de Gaviria, potenciado por los gobiernos siguientes, colocó al colombiano en una deplorable posición para emprender, incrementando la competencia extranjera y devaluando la moneda, haciendo que sectores enteros de la economía colapsaran estrepitosamente, como lo fue el mercado del algodón en el departamento del Cesar, que como plantea Miguel Barrios en el medio “El Heraldo”: “Invadidas por la maleza y en el olvido están las instalaciones donde funcionaba la Corporación Algodonera del Litoral, Coral, una de las empresas más importantes en la época de oro en Codazzi, que llegó a ser el primer productor de la mota blanca en Colombia. Entre 1960 y 1984 la Federación Nacional de Algodoneros tuvo en Codazzi su mayor auge, a raíz de la bonanza de la mota blanca que para la época ostentaba este municipio del Cesar.”, refiriéndose a lo que quedó de una de las desmotadoras del lugar. Ante ese panorama, el campesino colombiano carente de alternativas para asegurar su supervivencia, se encuentra obligado a recurrir a cultivos ilícitos proporcionados por los grupos al margen de la ley para poder vivir dignamente. Esta situación le ha causado problemas gobierno, que debe incrementar su esfuerzo en la lucha contra el narcotráfico y las guerrillas. Nuestros gobernantes erróneamente han intentado solucionar el problema fumigando las tierras campesinas con glifosato, químico con propiedades cancerígenas que es capaz acabar con casi todo tipo de cultivos ¿Cómo se puede condenar al campesino cuando a este le toca competir con empresas multinacionales? Si lo que espera el gobierno colombiano es un escenario del estilo David y Goliath, el estado debe de seguir esperando.  Desde el punto de vista del ciudadano de capacidad adquisitiva alta, el libre mercado ha sido un éxito total, ya que ha permitido que se consigan una innumerable cantidad de productos extranjeros en ocasiones mejores a los locales, además que ha facilitado las oportunidades de inversión en el exterior. Es posible evidenciar un claro contraste de perspectivas y situaciones económicas dentro de la nación, no obstante, el gobierno debería de proporcionar el beneficio para la población general, mas no para una específica.

En el año 2019 el Banco de la República publicó un artículo titulado “Por qué Colombia no exporta más” en el que se plantean varios puntos importantes a la hora de hablar del libre mercado nacional, como lo es el planteamiento que la apertura económica que se inició en 1991, fracasó al poco tiempo de anunciarse. Debido entre muchas razones a la explosión de medidas no arancelarias, es decir, la eliminación de aranceles de importación, fue reemplazada por certificados expedidos por entidades gubernamentales. Esto ralentizó un proceso que a primeras instancias no debería de existir, además que le complicó las cosas al empresario local. Otro punto importante que el Banco de la República planteó es que por no cumplir los requisitos fitosanitarios (entiéndase como requisitos relacionados a la prevención y curación de las enfermedades de las plantas o relacionadas con estas) somos incapaces de exportar lo necesario para considerar los tratados de libre comercio como mutualistas. Implicando que Colombia se está viendo azotada por una competencia extranjera sin capacidad de responder, complicando la situación a la microeconomía local, imposibilitando el emprendimiento. Adentrándonos en el tema de los tratados de libre comercio (TLC). Inicialmente, se debía de revisar que tratados de libre comercio beneficiarían a la economía colombiana por encima de la extranjera, revisando en donde es fuerte nuestro país y donde es capaz de competir.

Lamentablemente, existe solo un mercado donde somos insuperables y dos mercados donde somos competentes a nivel global, el primero es el de las esmeraldas y los segundos, el café y las flores. Debido a que estos productos no son de materia vital no podemos participar en todos los mercados del mundo, y debido a su naturaleza económica, sólo podemos apuntar a ciertos mercados como lo es Europa, Estados Unidos y parte de Asia y Oceanía, sin embargo, un TLC con las potencias del mundo destruiría al productor y al pequeño empresario colombiano, cosa que sucedió posterior a la apertura cuando las siguientes empresas se declararon en insolvencia frente a la cámara de comercio de Bogotá: “Almacenes Tampico, Autoseul, Constructora San Diego-Croydon S.A., Confecciones Mónaco, Fábrica Slaconia, Desarrollo Industrial y Agrícola-Inversiones Molino Tolima, Industria de Grasas de la Costa-Industrias Puracé, Manufacturas Valher, Pastas El Dorado, Quintex-Royal Motors, Textiles Nylos S.A., Pronta S.A., Joreplat, Cooservir, Avancemos, Cofirroyal, Coodesnal, Renacer, Cooporvenir, Coop Pacifico, Corandina, Coopexbanca, Cajacoop, Coofinanza, Creacoop, Credifenalco, Cootratabaco, Coacredito, Colahorro, …”, datos que proporcionó la Superintendencia de Sociedades a finales de la década de los noventa. En palabras del doctor Gómez Hurtado se podría decir que Colombia perdió su soberanía por segunda vez, ya que no préstamo atención a la presencia extranjera en nuestro país, condenándolos a padecer los males del colonialismo y perdiendo nuestra libertad de acción.

Es necesario reducir la desigualdad nacional y lograr cierta homogeneidad en la capacidad adquisitiva en la población, si cambiamos el fallido sistema de libre mercado que nos retrotrajo a la edad media, en vez de proyectarnos al futuro, por un modelo proteccionista, aprovechando la actual situación de crisis (COVID-19) como una excusa para cerrar los tratados de libre comercio que destruyen los sectores económicos donde somos fuertes, la agronomía principalmente.  Si reactivamos la economía seremos capaces de revertir las consecuencias especialmente en la microeconomía local de la apresurada y poco adecuada apertura económica que como el diario el “El Tiempo” publicó en su momento en un informe, “según datos de la Vicepresidencia de Gestión Cívica y Social de la Cámara de Comercio, en 1995 se cerraron 1.098, las cuales sumaban un capital de 23.343 millones de pesos. Las compañías creadas fueron 10.138 empresas, con un capital (en pesos de 1990) de 186.644 millones. En 1996 se liquidaron 2.587, por 32.333 millones de pesos y el año pasado salieron de los registros de la Cámara de Comercio 1970 compañías). Con una buena política económica podemos disparar el valor de los alimentos y los productos nacionales mientras se obstaculiza a la competencia extranjera con altos aranceles en nuestros sectores insignia, brindándole a los trabajadores y empresarios colombianos una oportunidad de una vida digna, un mínimum vital ideal donde el estado no da de comer pero da las oportunidades para que cada hombre sea un rey con un propio banquete “Dale un pez a un hombre y comerá hoy, dale una caña y enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”, es necesario ganarle la batalla a la desigualdad.

 

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