publicidad

publicidad

EL GOBERNAR SIN MERMELADA, EL PRINCIPAL RETO DE IVÁN DUQUE.

Por: Camilo Wilches Daza

En momentos en que la gobernabilidad de las democracias en varios países latinoamericanos está siendo cuestionada, y que coloca en tela de juicio la legitimidad de muchos gobiernos de la región, se hace necesario realizar un pequeño análisis muy respetuoso de lo que significa para Colombia el fortalecimiento de las instituciones y la interrelación que debe existir entre gobernantes y gobernados.

El sociólogo argentino Antonio Camou definió la gobernabilidad como “un estado de equilibrio dinámico entre el nivel de las demandas sociales y la capacidad del sistema político (estado/gobierno) para responderlas de manera legítima y eficaz”. Lo que sería “una serie de acuerdos básicos entre las elites dirigentes”. Esbozado desde un punto de vista más criollo podríamos decir que se trata entonces de concertar, generar confianza, armonizar y fortalecer las políticas públicas del estado con las comunidades, encaminadas a solucionar los problemas más apremiantes de una nación y de esta manera generar la estabilidad política necesaria que le permita al gobierno sacar adelante sus programas de una manera efectiva y transparente. La gobernabilidad y la legitimidad son dos ingredientes que deben ir entrelazados haciendo valer la voluntad de un pueblo expresado en las urnas para evitar que la semilla del autoritarismo florezca y de esa manera impedir volver a esas épocas dictatoriales del siglo pasado. De esta manera la democracia aparece como el espacio natural y amplio para dirimir las controversias, ideas, programas y propuestas políticas dentro del respeto y la tolerancia civilizada entre los pueblos. Es esta la que nos permite elegir y ser elegidos dentro de un estado social de derechos. Pero lamentablemente en nuestro país las malas prácticas políticas se han enquistado dentro del estado y sus gobernantes, muchos de los cuales han utilizado estrategias no muy católicas que digamos para mantenerse en el poder (véase Samper y el proceso ocho mil) y que en el gobierno de Santos se bautizó como “la mermelada”. Históricamente los gobiernos para logar gobernabilidad y legitimar su poder han recurrido a ella por su sabor agradable y amañador. Si no pregúntenle a los congresistas a los que les asignaban las diversas entidades del estado para que recuperaran la millonaria inversión que hicieron en sus campañas políticas. Las ilusiones y esperanzas de muchos trabajadores y sus familias quedaron sepultadas con la quiebra de Foncolpuertos, Telecom, la caja Agraria, Caprecom, el Seguro Social, Cajanal y muchas otras.  Con todas estas canecas de mermeladas a los congresistas no les importaba si las propuestas de los gobiernos eran buenas o eran malas, simplemente las aprobaban y punto.

Hoy tenemos al presidente Iván Duque que desde su campaña advirtió que durante su gobierno no repartiría mermelada y por eso nombró un gabinete más técnico que político y en el cual hoy los mismos congresistas de su partido dicen no sentirse representados y seguramente tienen razón porque la política se hace con los políticos, pero él lo prometió y por eso el pueblo lo eligió. Le achacan la derrota del Centro Democrático en las elecciones regionales porque no les puso a disposiciones las entidades del estado para hacer campaña política cosa que también prometió. Hoy los congresistas y los partidos lo cuestionan por todo y por nada y hasta los entiendo. En alguna ocasión le pregunté a un amigo cuanto le había costado la campaña para la Cámara de Representantes y me dijo que tres mil millones y que había senadores que podían gastar diez o quince mil. Lógicamente el desespero apremia ya que seguramente en 15 meses muchos no han podido recuperar ni el 10% de la inversión y estarán pensando cómo le harán para las próximas. Un gobierno eficiente sin gobernabilidad y sin legitimidad

ciudadana está condenado al fracaso y eso lo saben sus contradictores y hasta amigos políticos quienes utilizaran todas las armas para sentarlo y doblegarlo hasta que destape un carro tanque de mermelada. Esa es nuestra triste realidad adornada por incendiadores y agitadores profesionales con capacidad para manipular las masas a su antojo. Parece firme señor presidente y fortalezca el dialogo social directo con las comunidades como única herramienta para poder lograr una gobernabilidad de arraigo popular y no de elites porque las necesidades no son de izquierda, de centro ni de derecha…son del pueblo en su conjunto.

 

publicidad

publicidad