publicidad

publicidad

¡EL PIROPO, UNA COSTUMBRE CUASI EXTINGUIDA!

Por: CÉSAR AUGUSTO CELEDÓN

Esta remota costumbre objetivamente cuasi extinguida refleja de una u otra forma el alma de las costumbres de los pueblos, ya que en su esencia misma permite circunstancias y expresiones de diferentes análisis y gusto por quienes lo cultivan y literalmente lo expresan, por cuanto su mensaje tiende con marcada regularidad a engalanar y elogiar seductoramente a la mujer y convertirla en el epicentro de su universo literario. Las manifestaciones ingeniosamente creativas que se expresan son fragmentos del poema y el lirismo cadencioso y obsequioso que llevamos dentro o en ocasiones revela el poeta que jamás se imaginó serlo y que solo sale a flote cuando una bella y exuberante dama con la fiereza de su caminar de rítmico tango gardeliano, nos transporta a otras latitudes y universos, al contemplar con arrobamiento principesco una cimbreante cadera y una sedosa y negra cabellera que se desborda sensualmente por el grácil y escultórico cuerpo como una larga y silenciosa sombra penumbra, como si experimentáramos dolores parturiente, pero que tanto ansiamos, y que tanto alabaron y cantaron nuestros elogiosos juglares provincianos, cuando un regio cortejo de embrujadores y bailadores ojos y una atrevida y sensual falda, en un juego maravilloso de irrefrenables pasiones los asediaban y entonces como por encanto salía a relucir mágicamente una andanada de primorosas y palaciegas frases con dejo auténticamente pueblerino, como este: “cabello de verde palma, me está matando tu amor, tengo en mi pecho un dolor que me está partiendo el alma”.

El piropo también constituye un análisis psicológico y no precisamente en la tabla logarítmica de los afectos, sino como una prueba, “un casting”, para ver cómo reaccionaba aquella dama de alta alcurnia, que después de recibir aquellas lisonjeras y balsámicas frases, bellamente ornamentadas como si fueran una refinada y esculpida esmeralda; un piropo puede llegar a ser la consumación de un amor, que en ciertas circunstancias se consideró de inútil aprovechamiento en la universidad de la vida, es decir una cuestionada utopía por la diferencia de clases sociales; el piropo es un requiebro ingeniosamente creativo de un singular galán, empecinadamente extrovertido y elocuente de versos andantes que manifiesta su inocultable admiración y devoción por una mujer bonita, improvisadamente le susurra, “si la belleza fuera pecado tu no tendrías perdón de Dios”.

Lamentablemente tenemos que admitir en un rasgar de vestiduras, su decadencia y su malograda y raquítica riqueza idiomática, para llegar a caer en nuestros deshumanizados y tecnocráticos tiempos en una oprobiosa y elocuente minusvalía mental, esa falta de estímulo se debe en gran parte a la ausencia de afincados sentimientos, pues a la mujer en lugar de dignificarla, la vemos y más especialmente en la actualidad como una mercancía. En el piropo sus fieles hacedores, es decir sus “nobles arquitectos”, manejaban la gramática y la aun venerada elocuencia para hacer frases altisonantes o plagiar un verso de un exquisito bardo, “si tu boquita fuera terrón de azúcar me la pasaría chupa que chupa”. El piropo tiene sus polifuncionales manifestaciones, los hay eminentemente románticos, dulzones, ingeniosos, sensibles y trovadorescos, pero también los hay resignamente grotescos e indecentes, “sí no lo vendes, tápalo”; el piropo considerado de los años 50 donde el inspirado repentista lleno de una desbordante imaginación de poeta piedracelista, solía decir viéndote andar hasta las palmeras se doblegan. El recatado piropeador bogotano con su acostumbrado y fino humor altiplánico y su espíritu galante y caballeresco se multiplicaba en frases alambicadas contagiadas de una asombrosa picaresca urbanística, “con ese andar, mitigas mis penas”, “no debes salir de noche, porque esos divinos ojos encandilan”. No podía faltar el auténtico piropeador con tintes declamatoriamente macondiano, es decir característico de nuestras regiones caribeñas, “uuuy mamacita si, así como andas y cocinas yo me como hasta el cocayo”. El piropeador se constituye en el alma romántica, para el desarrollo sostenible de los pueblos, pues en él existe la trinidad existencial de la vida; el hombre, la mujer y el universo.

publicidad

publicidad