EL PROGRAMA DE GOBIERNO

Por: Francisco Cuello Duarte

 Es un requisito previo que exige la ley para poder inscribirse como candidato a la Gobernación o una Alcaldía, pues así lo estableció la Constitución Política al tratar el voto programático, ya que lo se pretende es que el elector vote por un programa de gobierno y no por otra cosa (tamal, camiseta, ron, música o un billetico).

En nuestra cultura latinoamericana y subdesarrollada, el voto es emocional, no racional, pues si así fuese no tendríamos los gobernantes que tenemos. La gente se deja llevar por el espectáculo del circo, sin analizar la hoja de vida del candidato, sus antecedentes y propuesta. Por eso, en la mayoría de los municipios del país, el pueblo se equivoca cada 4 años: votan por un candidato y sale un alcalde o gobernador muy distinto.

El programa de gobierno es una herramienta que se diseña de acuerdo con las necesidades básicas que tiene la comunidad en una zona geográfica determinada. Por eso, para ser más preciso, se recomienda realizar una encuesta para saber con exactitud cuál es el problema más apremiante y los otros, que también aquejan a la población.

Con base en esta información, el candidato proyecta su programa y enfoca su mensaje para conquistar el voto, aplicando una estrategia de comunicación con los argumentos y elementos del marketing moderno tendiente a persuadir al elector.

El mensaje puede ser un buen jingle, con la música que le gusta a esa comunidad. Pero también puede ser el discurso cuando el candidato tiene la capacidad de tener ese poder de llegarle a la gente como orador. O un video, como se está haciendo en el mundo moderno de la política.

Al respecto, en nuestro libro Marketing político en la era digital (Editorial Gustavo Ibáñez, mayo de 2019), señalamos lo que sobre el tema dijo Mazzoleni: “No cabe duda de que la comunicación política cumple una función esencial en el ágora contemporánea. Hoy, como se explicará más adelante, la política difícilmente puede prescindir de los medios, sobre todo la televisión. Líderes, partidos, gobiernos, relaciones internacionales y políticas se mueven y contrastan en el nuevo espacio mediatizado, espacio que contribuye a definir su identidad – visibilidad pública y su peso en el juego del poder. La video- política se ha convertido en el rostro más conocido y también más popular de la política”.


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