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El viacrucis de los pacientes con cáncer en Valledupar

Los últimos dos años de vida para Orlando de Jesús Plata y José Nieves de La Hoz se han convertido en un calvario. Ambos son usuarios de la EPS Salud Vida, y presentan problemas prostáticos, enfermedad que los ha llevado a recorrer un tortuoso camino por los servicios que les brinda la entidad prestadora de salud.

Don Jesús y don José llegaron juntos a La Calle, ambos llenos de papeles y con una preocupación que les agobiaba, minutos antes habían estado en Salud Vida, donde ambos pelean por diferentes procesos, uno para que no lo trasladen a Bogotá a cumplir con una cita médica, y el otro que le rembolsen los viáticos que tuvo que gastar su hija cinco meses atrás para llevarlo a un encuentro con un médico en la fría capital para que el profesional solo lo viera y ni la tensión le tomara.

La historia de estos adultos mayores

Jesús Plata desde hace dos años inició un tratamiento por su enfermedad, comenzó siendo atendido por una uróloga, después pasó con el urólogo oncólogo para ser tratado, el cual cada tres meses le receta una ampolla; sin embargo, en su última cita este le manifestó que se la quitaría y lo enviaría la radioterapia, esto con el propósito de darle fin al estreñimiento que se le viene presentando por esto, pero hoy tiene una pelea con la EPS porque esta quiere enviarlo a Bogotá para el procedimiento.

Hablarle de viaje a don Jesús es recordarle lo tortuoso que es para él el estar varias horas en un vehículo por su problema de orina poquito y lo hace de manera repetitiva, en una de sus citas fuera de la ciudad le fue mal porque terminó enfermo.

“Cuando fui a Medellín a que me hicieran una resonancia prostática me enfermé, me tapé, aparte me autorizaron pasajes por tierra a una ciudad tan lejos, ahora quieren que yo me vaya a Bogotá, a mí no me gusta viajar porque cuando voy, por ejemplo, a Barranquilla orino en el camino cerca de 50 veces, usted se imagina para la capital… allá me muero”, dijo Jesús Plata.

El tour por una cita

Justificándose en que en la capital cesarense no se cuentan con algunos servicios para atender los pacientes con cáncer, las EPS de la ciudad claramente juegan con la salud de sus usuarios, quienes sin importar el nivel o avance de su enfermedad, por lo general deben trasladarse a otras ciudades para ser atendidos, sin embargo en muchos casos termina siendo más grande la cura que la enfermedad, así lo relata el señor José, quien primero tuvo que hacer uso de una tutela para que le fueran autorizados a él y a su acompañante los  pasajes en avión y segundo, atravesó una de las situaciones más indignantes de su vida.

Antes de ser enviado a Bogotá el pasado 02 de febrero, el paciente tuvo que trasladarse a Medellín para recibir una resonancia prostática, por la que tuvo que pelear por más de cuatro meses, toda vez que este procedimiento pese a que fue diligenciado por un médico como parte de su tratamiento, la EPS no se dignaba a autorizarlo.

Dos meses después don José tuvo que hacer un nuevo viaje, en esta oportunidad para Barranquilla, a cinco horas de la capital cesarense, y pese a lo cercano, este paciente afirma que no quiere viajar más, que sus energías no dan para ese trote… sin embargo, en su EPS la solución está en el traslado de ciudad, sin contar kilómetros de distancia.

Sin ninguna otra opción don José y su hija Jaqueline Nieves, viajaron en diciembre a Bogotá, ciudad que los esperaba por una cita médica y donde Salud Vida les aseguraba comida y hospedaje, así lo manifestaba la autorización de los viáticos, sin embargo, lo que parecía sería un viaje de dos días por el bienestar del paciente, se terminó convirtiendo en una mala experiencia. Esa que don José con angustia y con tristeza en sus ojos, al recordarla, menciona no quisiera volver a vivir.

“Cuando llegamos al sitio que está más allá del 20 de Julio, a mi papá y a mí nos entró una depresión al ver el lugar donde la EPS nos había enviado. En el hostal que ellos tienen y donde reciben a todos los pacientes de diferentes ciudades del país, reciben a seis personas por habitación, quienes presentan distintas enfermedades y no se conocen las unas con las otras”, relató Jaqueline Nieves, hija de José.

Con nostalgia, al recordar ese momento, que además de incomodó le removió sus emociones al ver a decenas de pacientes con diferentes enfermedades, quienes no tenían otra opción que estar en este lugar donde las condiciones no estaban dadas para su atención. “Yo hubiese querido tener una solución para estas personas, había una niña de trasplante de médula que tenía 15 días ahí, en una cama en la que prácticamente estaba en las tablas”, dijo Jaqueline.

El conocer el panorama solo fue el abrebocas a lo que le esperaba, posterior a ello vino el plato fuerte, con el que Jaqueline terminó de confirmar que tenía que sacar a su padre de ese lugar… “cuando pedimos la cena, las personas nos dicen que no tenían conocimiento de que nosotros íbamos para allá, aun cuando desde las 8 de la mañana se les había avisado; su respuesta fue decirnos “vamos a ver que les preparamos” y que sorpresa cuando sirvieron un caldo al que se le veían dos papas, un pocillo de agua panela y un plato de crispetas”, dijo la mujer.

Pero el disgusto y las sorpresas no terminaban ahí, todo se puso peor cuando las personas a cargo les manifestaron que echarían llave al lugar y que abrirían nuevamente a las siete de la mañana del día siguiente. “Yo no conozco Bogotá, pero enseguida salí con mi papá de ese lugar”, relató Nieves.

Al final, todo lo hecho no valió la pena, según cuenta el paciente, fue mayor el tiempo en el avión de Valledupar a Bogotá que la atención brindada en una cita médica que se puede describir como un fiasco. “El médico solamente se sentó en el computador, ni siquiera me tocó, no me cogió ni la tensión, me hicieron ir a esa ciudad para nada, llevaba una autorización de Gamagrafía Osea y no me la hicieron porque eso lo autorizaban en la regional, hoy 20 días después no me han practicado este examen. Con esa altura lo único que pudo fue haberme dado un paro cardiaco”, afirmó Nieves de La Hoz.

¿Atienden estos casos en Valledupar?

La semana anterior, La Calle mostró los avances tecnológicos con los que cuenta la Unidad Oncológica de Cesar, Odont Jomar, sin embargo, las EPS no tratan a sus pacientes en esta pese a que así se ahorrarían los procesos en los estrados judiciales para autorizar viáticos y demás. En comunicación con la gerente, Dellys Vega, a quien se le expuso estos casos, esta manifestó que, “una vez diagnosticado el paciente y haciéndole los controles por su cáncer prostático, se le ordena el control con Gammagrafía, con una resonancia magnética y todos los controles que estimen, pero la valoración por radioterapia se ofrece acá en nuestra Unidad de Oncología. Estamos en condiciones de ofrecerles la valoración y posteriormente de acuerdo a cómo lo determine el especialista la técnica de radioterapia para el manejo del tumor que presente el paciente, en este caso de próstata”, afirmó.


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