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LA CORRUPCIÓN NO HA CUMPLIDO CON EL AISLAMIENTO

Por: LINA MENDOZA PORTILLO

¡Increíble la corrupción en plena pandemia! Escuché decir. Y me dije: ¿increíble? No lo creo, obedece a nuestra naturaleza, no sería muy colombiano de nuestros dirigentes si no robaran en plena crisis. Y es que comprendo totalmente a las personas que aún se asombran, hay quienes no pierden la esperanza de tener políticos honestos y como ahora mismo, el discurso de la esperanza es el que más está vendiendo, más inocentes se asombran de lo que ocurre. Pero yo, que soy experta en dar discursos desalentadores, porque hay que decirlo ¡se me da de lujo! Les diré: la corrupción no ha cumplido con la cuarentena, no se ha aislado y no piensa hacerlo, ni siquiera en modalidad de teletrabajo.

Y le tengo más miedo a la corrupción que al coronavirus, tanto que me atrevería a decir que, si aislamos a los corruptos, esto del virus es pan comido. Pero no, aquí lo único que no se va a casa es la corrupción, repasemos: Ariel Palacios, Gobernador del privilegiado departamento del Chocó, apartado de su cargo por firmar un contrato por 2.000 millones de pesos, para unas ingeniosas y productivas capacitaciones en torno al coronavirus ¿no le basta con el programa del Presidente? Además, hay que definirle a Palacios la palabra aislamiento, porque parece que no la ha entendido.

También está Luis Alberto Balsero, Alcalde de Calarcá quien firmó un contrato de 396,951.000 pesos “para la compra de mercados” y que el supuesto proveedor nunca firmó. La acción de Balsero me parece realmente alucinante, es decir, para meterse con la comida de cientos de personas en plena crisis, hay que tener agallas. Y de ahí en adelante sale la lista de héroes; el Meta, Vichada, Magdalena y San Andrés. Todos por irregularidades en contratos y sobrecostos en los increíbles mercados, que hasta champagne han de incluir. Otro que merece la pena ser mencionado es Facundo Castillo, Gobernador de Arauca, que inocentemente compró latas de atún a 20.000 pesos, si él me hubiera preguntado qué comprar, le hubiera dicho que un kilo de carne, que está en 18.000 pesos, es más rico y alcanza para toda la familia.

Pero ¡basta!, basta de mencionar casos, vamos a la raíz de este cáncer. Ustedes se preguntarán (como yo) quiénes son los culpables de todos esos robos. La respuesta es sencilla: nosotros. Los que cada cuatro años tenemos la oportunidad de elegir quienes nos gobiernan, pero debido a la falta de memoria de largo plazo la seguimos embarrando, por eso nos dicen la patria boba. Pero no se espanten, también nos dicen que somos el país más feliz del mundo y este título sí que me enorgullece, porque nos lo merecemos. Es que vean, en Colombia ya hay gente que se muere de hambre, que no tiene una casa digna, ni un trabajo decente, un sistema de salud que deja morir a la gente en las puertas de los hospitales y aun así, cuando hay partidos de la selección Colombia todos sonreímos, bebemos y cantamos con orgullo el mejor segundo himno del mundo, que en su décima estrofa dice: “El gran clamor no acalla: Si el sol alumbra a todos, Justicia es libertad” pero como solo cantamos hasta la segunda estrofa, nadie comprende más de lo necesario.

El profesor español, Antonio Argandoña dijo: “los ciudadanos son esquizofrénicos y tiene una doble moral” es decir, si la corrupción no me afecta, tampoco me interesa. Criticamos a los altos funcionarios públicos, pero cuando hay que pagar impuestos hacemos de todo por evadirlos o si nos visita la funcionaria del Dane, escondemos “todo lo de valor” para que vean lo pobres y mal que estamos. El escritor italiano Carlo Brioschi dijo: “al lado del robo de los grandes siempre hay una corrupción inconsciente, de la que acabamos siendo todos responsables si aceptamos las reglas de un sistema ilegal, porque la micro corrupción siempre ha ido de la mano de la macroscópica”. Y estoy de acuerdo con Brioschi, un país gobernado por altos funcionarios públicos corruptos, no es más que el reflejo macroeconómico de los comportamientos individuales de su población.

Sin embargo, no nos debería sorprender nada que esté relacionado a acciones corruptas, este año ganamos un premio, según la ONG Transparencia Internacional, somos oficialmente el país más corrupto del mundo. Y no fue con trampa, este título lo ganamos con el sudor de la frente, porque a pesar de estar atravesando una de las crisis más difíciles por tratarse de muertes, la corrupción se ha mantenido al pie, no ha descansado, no ha ido a casa, ¡no ha cumplido con el aislamiento!

 

 

 

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