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La cultura Vallenata sobrevive al COVID-19

Más de 50 años de historia, cultura y folclor rodean a la fiesta más grande que tiene el vallenato, el Festival que un día pensó la ‘Cacica’ y el maestro Escalona hoy se ha reinventado y adaptado al panorama que vive el mundo entero: la virtualidad. Herramienta que para estos tiempos se ha convertido en el mejor canal de comunicación para todos los contextos, teniendo en cuenta la situación que atraviesa la humanidad por presencia del coronavirus, desde hace más de 13 meses.

Pese a esto, hay un ‘sin sabor’ en el pueblo, en quienes aman el vallenato, en quienes lo viven y por supuesto lo gozan. Este el segundo año consecutivo sin esta gran fiesta que mueve en una semana un flujo económico superior a los 170 mil millones de pesos y que reúne más de 60 mil personas del mundo entero, lo que permite catalogar al Festival como uno de los eventos culturales más grandes del país.

El contexto actual ha reprimido el sabor vallenato que tienen impregnado los hijos de esta tierra, lo que además los lleva a creer que cuando todo esto pase, Valledupar vivirá el mejor festival de toda la historia.

Valledupar, sinónimo de cultura

Más allá de lo que es una gran fiesta vallenata y uno de los eventos más esperados del año, el Festival es cultura, es idiosincrasia, es leyenda. ¿Qué hacer para que esto no se pierda? “Esta es la máxima expresión cultural que nosotros tenemos, y el no realizarse ha generado unas afectaciones económicas, culturales, y nos ha llevado a replantear muchas cosas. La virtualidad es supremamente clave porque había mucha gente que veía más, porque si nos vamos a los espectáculos en la plaza, la feria o el parque, podríamos decir que habían alrededor de 15 mil espectadores, mientras que virtualmente se puede triplicar la cifra y la gente aprende mucho más porque está más tranquila, está en su casa y puede adsorber más, en temas de los concursos por ejemplo”, dijo el vicepresidente de la Fundación, Efraín ‘Mono’ Quintero.

Efraín ‘Mono’ Quintero

Quien además dijo que por supuesto el anhelo de volver a los escenarios, de vestir de folclor las calles de la ciudad y de vivir todo lo que se origina a partir de esto, está latente; sin embargo, no será una tarea fácil, “hay la añoranza de volver a ese espacio pero va a ser un proceso largo, muy difícil, por ejemplo en materia de trabajo porque la mayoría de nuestros músicos la están pasando mal porque lo único que sabían hacer era eso, no tenían otra alternativa, pero tendrán que reinventarse y no vivir solamente de la música sino también emprender culturalmente para poder sobrevivir”, dijo Efraín Quintero.

Asimismo, se conoció que los conversatorios alrededor de la cultura se han intensificado, pero pese a esto los que comandan el barco de la cultura de la ciudad se sienten sin rumbo, “seguimos navegando sin rumbo sin una especie de brújula que nos indique que tipo de alternativas podemos dar”, afirmó el vicepresidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.

Por su parte, Tomas Darío Gutiérrez, historiador y miembro fundador del Festival de la Leyenda Vallenata, se refirió a este tiempo como algo crucial, pero que no es ajeno a otros momentos que ya ha atravesado el mundo, manifestando que el Festival maneja un flujo turístico impresionante que termina siendo contraproducente para esta época, “es uno de los eventos turísticos más grandes, teniendo en cuenta que nuestra ciudad es unos 550 mil habitantes y que entran casi 50 mil al evento. El país reclama el festival para sentirlo, pero este año como el anterior no lo podremos hacer presencialmente”, dijo.

Agregó además que dentro de las cosas que más se pierden culturalmente hablando, están el contacto directo con esta fiesta, la transmisión de conocimiento, gozar de las diversas culturas del país, pero es necesario. “Hacer el festival hasta donde podamos hacerlo virtualmente como lo está ejecutando de manera muy acertada para no perder continuidad, y no lamentarnos, porque hacer cualquier tipo de fiesta ahora es contraproducente, porque no sabemos hasta dónde va a llegar, pero no va a ser el exterminio de la humanidad”, dijo el historiador vallenato.

“Mientras tanto hay entidades que se dedican a hacer lo que tienen que hacer por la defensa de nuestra cultura, pero la Fundación del Festival hace eso, hoy vemos cómo se ha multiplicado la cantidad de intérpretes de la música vallenata, centenares y la calidad cada día es superior; cada año vemos como se inscriben hasta 500 acordeoneros y no solo hombres porque las mujeres también se están imponiendo”, agregó Tomás Darío Gutiérrez.

Las piloneras mojadas

Como es habitual o quizás coincidencia, cada año el día de las piloneras como fecha de apertura oficial del Festival Vallenato, el cielo se abre para acompañar este evento, lo que muchos llaman las ‘Piloneras Mojadas’, hecho climático que en este 2021 se presentó como recordando que el pasado jueves 28 de abril los acordeoneros se abrirían para anunciar esta gran fiesta.

Tomás Darío Gutiérrez

Tomás Darío Gutiérrez explica un poco sobre este concepto que tienen los vallenatos, “nos perdimos de las piloneras mojadas que son tradicionales, resulta que en abril en los años buenos siempre llueve, cuando termina abril y no ha llovido es un verano cruel; es algo natural, entonces que se mojen las piloneras un 27 o 28 de abril no es sorpresa ya para nadie… y hasta los disfrutamos en nuestro folclor musical”, contó.

El impacto económico que deja

Por último y no menos importante aparece el factor económico, el Festival mueve en una semana más de 150 mil millones de pesos, cifra que no se compara con lo que percibe el municipio en un semestre, a lo que se le suma la generación de empleo formal e informal que permite determinar que esta fiesta termina siendo una mina cultural y monetaria cada año.

José Luis Urón

“Sin el Festival Vallenato seguir pensando que nuestros microempresarios y la economía naranja van a ser una alternativa de reconversión laboral en el territorio con el retiro del sector minero, es pensar el algo que no existe. Aquí hay que hacerle un llamado al gobierno nacional, departamental y municipal para que se diseñe un plan de choque que les permita a estos microempresarios que hoy están aguantando física hambre, a que determinen una estrategia para salvar esos puestos de trabajo y lograr incentivar a que mantengan las expectativas empresariales y comerciales”, aseguró el presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Valledupar, José Luis Urón.

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