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La reforma política. Lo bueno y lo feo

Por: Francisco Cuello Duarte

Nada bueno. Todo feo. Son maromas en la política tradicional colombiana. Se trata de uno de los proyectos bandera del actual gobierno que busca “acabar con el clientelismo y la corrupción electoral”, cuando en verdad sus efectos afianzan aún más este censurable comportamiento de nuestra clase política. Por ejemplo, se permite la puerta giratoria para que los congresistas sean ministros, la aprobación de las listas cerradas y la posibilidad de cambiar de partido político sin ser sancionado, lo que se conoce como transfuguismo, así como la financiación del 100% de las campañas electorales, en un país tan pobre, pero extremadamente politiquero.

A lo anterior, hay que sumarle la diarrea de gastos de funcionamiento del presupuesto nacional para financiar centenares de consulta interna de los partidos para las elecciones territoriales de 2023, gastos innecesarios, muchas veces para complacer caprichos personales de personajes perfumados que no tienen respaldo popular, como sucedió en el Partido Liberal, en el 2017, entre los candidatos presidenciales Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo, cuya consulta tuvo un costo de 40.000 millones de pesos.

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Se prevé que esta cifra aumentará para el próximo año en las consultas internas de los partidos para la escogencia de candidatos, gasto billonario e innecesario que no contribuye al fortalecimiento de la democracia. Pero, hagamos mentalmente este ejercicio: una reunión de diez candidatos, donde todos quieren ser alcalde en un municipio de sexta categoría con un presupuesto de hambre. Reuniones van, reuniones vienen. Que yo, que tú. Pasan los días y meses en ese diálogo de sordos. ¿Quién los pone de acuerdo?

Ahora bien, en cuanto a las listas cerradas, esto va en contra de los partidos minoritarios y generará más corrupción en la dictadura del bolígrafo y el otorgamiento de los avales.

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En esta reforma se dejó por fuera el nepotismo político, la limitación de los períodos de un congresista que actualmente es vitalicio y hereditario, el conflicto de intereses y el régimen de inhabilidades para quienes aspiran a cargos de elección popular.

Sin embargo, se les abrió las puertas a los jóvenes que llegarán al Congreso de la República a legislar sobre lo que no saben y a aprobar normas confusas, pues muchos de ellos vienen aturdidos emocionalmente por la música metálica, el reguetón y el zumbido de las redes sociales. ¡Nos llevó el Putin!

 

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