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LLEGARON LOS TIEMPOS DE PANDEMIAS

Muchos en su intelecto han escrito sus puntos de vista acerca de esta pandemia que nos azota, yo en mi atrevimiento y sin ser un versado en la materia, también quiero dejar claro mi opinión al respecto de este espinoso tema, lo primero que debo decir es que nada sucede por casualidad, que nuestras fuerzas siempre estarán limitadas a la voluntad de nuestro Dios, y que lo que está sucediendo es producto de nuestras acciones, las cuales dan señales de nuestro fin.

Y no es que yo quisiera asustarlos, no; pero como entender entonces que esta plaga, llamada por los científicos como covid-19, tenga sometida y atribulada a toda la humanidad, poniendo en jaque a las más altas potencias mundiales, esas que se jactaban de ser intocables he indestructibles, hoy que el contagio y la crueldad de este pequeño animalito nos pone a prueba, la desesperación mundial es total, a tal punto que hasta los más irreverentes gobernantes los tiene contra la pared, y han dicho públicamente; Hemos perdido la batalla, solo Dios nos podrá ayudar. 

Considero entonces que Dios nos está pidiendo cuentas, y esas cuentas solo las debe pagar el hombre, por eso los animales hoy pueden estar tranquilos, la cuestión no es con ellos, ni con la naturaleza, Dios ha dicho en su palabra; Que el futuro del hombre ya es historia para él, por lo tanto, si queremos ver nuestro futuro debemos corregir nuestro presente, debemos corregir el rumbo de las cosas, que lo material no puede estar por encima de lo espiritual, que la economía se puede recuperar la vida no, que hay que acabar con las fronteras y que debemos amarnos y no matarnos unos a otros.

Sabemos que los gobiernos se preocupan más por su economía que por los seres humanos, sé además que los dos son necesarios, pero deben ir de la mano, siempre buscando el refuerzo de los más débiles y no concentrándose en algunos para el fortalecimiento de la guerra, día por día vemos como el Dios de la tierra es el petróleo, dejando en un lado el sector agrario y alimentario, provocando de alguna manera que nuestra próxima pandemia sea de hambre, o de no miren como estamos en estos momentos, con estaciones de gasolinas llenas de combustibles y con supermercados escasos de alimentos, por eso hoy entiendo a muchos que no respeta la cuarentena, esos que prefieren que los mate el coronavirus a que sus familias mueran de hambre.

Pero dentro de los desastres siempre habrá alguna buena noticia, si bien es cierto que la existencia del hombre en este momento está sometida al control de este microscópico animalito, también es cierto que gracias a su aparición, se ha prosperado y fortalecido el ecosistema; La flora respira mejor, la fauna recupera su libertad, los océanos se ven más cristalinos, el cielo más despejado, mientras el hombre muere por oxigeno la tierra se está oxigenando, o sea que no solo son tiempos de castigo sino también de absolución.

Hace algunos años me hicieron creer que el cuco solo asustaba a los niños, pero ahora en este momento me doy cuenta que tiene asustado todos, a grandes y chicos, a fuertes y valientes, a humildes y prepotentes, la vanidad ya no interesa, los perfumes ya no ventean, las mujeres no se colorean, los hombres no compran autos nuevos ni ropa de moda, los salones de bellezas están cerrados, las iglesias desocupadas, las calles están solas, y los parques desolados, el cuco está al asecho y tiene todo cambiado, los niños no tienen miedo y los adultos asustados.

Tampoco es que yo me alegre de lo que está pasando NO, lo que pasa es que todavía no concibo como el hombre en su petulancia y prepotencia, ha abusado de su albedrío, se ha olvidado de Dios y hace honor a su primacía, pero hoy que ese ponzoñoso virus, nos tiene en jaque, se han acabado los aplausos en las tarimas y los estadios, hoy esas mismas manos son utilizadas para imploran bendición, las grandes potencias mundiales no saben qué hacer con su poderoso  arsenal de guerra, por el contrario sus dirigentes no tienen otra cosa que hacer sino desarmar su corazón y pedirle al todo poderoso que los saque de esta situación. Ojalá que esta sociedad mediática entienda que hay cosas más valiosas que él poder y la fama, que esta generación entienda que los héroes no solo son los artistas, políticos o deportistas, que también existen héroes salvavidas como nuestros médicos, esos que solo reciben en un año lo que otros se ganan en una hora.

El hombre se ha apartado de su razón de ser y se ha encaminado, al cultivo del dinero y el poder, atropellando en su camino al más débil, desahuciando la integridad de muchos, ahora que ve cerca su exterminio, trata de buscar ayuda espiritual, ahora si entiende que  el único que puede mitigar el nefasto impacto de nuestras acciones, es Dios, por lo tanto debemos poner de nuestra parte y corregir lo antes posible nuestras malas conductas, porque creo que ya el tiempo y la paciencia que nos ha tenido nuestro Dios, se está agotando, solo un viraje hacia la paz terrenal y al amor celestial, nos alargaría un poco nuestra inminente hecatombe.

Los que logremos sobrevivir de esta pandemia, debemos tener bien claro que la vulnerabilidad del hombre ante la muerte es inminente, que nuestra estadía aquí en la tierra no depende de nuestro poderío, sino de nuestra obediencia a lo bueno, hoy que sentimos que la muerte nos persigue detrás de la puerta, andamos todos preocupados, porque sabemos que de nada nos sirve, nuestro estatus económico, nuestra ideología política, ni religiosa, que de nada sirve cargar a Dios en el perfil del celular, porque el solo mira el estado del corazón.

Yo como muchos también pensaba que la muerte solo me alcanzaría después de mis ochenta años, por eso andaba tranquilo haciendo cuentas alegres, pero hoy que apareció el popular covid-19, considero que mis días no dependen de mi apreciación, ni de mi posición, que hoy más que nunca veo mis días contados, con esto no quiero inspirar compasión, solo quiero prepararme, para la voluntad de Dios y no para los deseos insensatos del hombre, porque sé también que dentro de su arrogancia y prepotencia el hombre, pudo crear en un laboratorio este maléfico y destructivo virus, pero su maquiavélica necedad la tendrá que pagar muy cara.

Dios deja que el hombre actúe, y el solo se limita a corregirnos, es por eso estamos viviendo días de confusión y dolor, días donde el norte se ha perdido, la improvisación es común, la confusión es total, el colapso hospitalario es normal, las victimas incalculables, los muertos incontables, los llantos lamentables, sentimos voces de lo lejos, pero quien puede socorrer si todos nos estamos ahogando.

En este tema de la pandemia puede haber muchas lecturas, pero yo sigo insistiendo que Dios, nos está mandando un mensaje a través de plagas desconocidas, por lo tanto, si de nada nos han servido las lágrimas que nos ha dejado el presente virus, muchos menos nos podrá servir el apocalíptico crujir de dientes en el futuro, por mi parte no sé si me toque en esta o en la otra, pero de cualquier manera me iré agradecido con Dios, porque en este alargado y maravilloso tiempo pude conocer a mucha gente, regocijarme de muchos amigos además de amar a mi familia.

Creo que esta lección nos debe servir al hombre para entender, que aquí todos estamos de paso, que nada nos pertenece, que todo se queda, que lo material es efímero, que los entierros nunca llevan trasteos, que ya no se puede acompañar a nuestros muertos a su última morada, solo nos queda decir; Padre nuestro que estas en los cielos, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amen

Atentamente; Su servidor y amigo, Walfran Rinaldy Romano.

 

 

 

 

 

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